Discos leprous malina

Published on septiembre 20th, 2017 | by Hvrf

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Reseña: Leprous – Malina. “Quizá Malina sea, junto a Coal, el mejor disco de los noruegos”

Tenía muchas ganas de este disco. Tenía ganas de que saliera, de poder empaparme de él como lo he hecho con el resto de la discografía de Leprous y, a su vez, tenía un miedo inevitable a idealizarlo y que no me gustase tanto como podría esperar. Ese miedo desapareció por completo tras la primera escucha. Si bien necesité otra más para terminar de enamorarme del disco en su totalidad, desde las primeras notas supe que nos encontrábamos (junto a Coal) ante el disco más redondo y perfecto de los noruegos. Si bien todos los discos de esta banda me resultan fascinantes, Coal marcó un antes y un después en mi forma de ver la música. Su evolución a The Congregation causó algunos malestares (sobre todo por la pérdida del que yo nombro “factor petardo” que se refleja perfectamente en el estribillo de Forced Entry) pero, en mi opinión, el grupo ha seguido una progresión lógica teniendo en cuenta el cambio de batería y la búsqueda de un sonido que no perdiera su factor orgánico pero que satisfaciese este nuevo giro a una composición más matemática.

El disco abre con Bonneville. Si bien es una canción muy alejada compositivamente del resto del disco, cumple a la perfección su objetivo de dejarnos con los dientes largos para escuchar el resto. Se presenta lenta, con un juego entre bajo y batería que llama poderosamente la atención, retrasando el golpe una semicorchea más allá del beat, lo que crea una atmósfera y tensión logradísimas mientras la voz de Einar Solberg amplía esa sensación de caída constante en la que nos veremos sumergidos durante poco más de 5 minutos. La explosión final te consigue llenar y destrozar el alma. Comienzo de 10. Stuck y From The Flame se nos presentan como los cortes más poppies del plástico. Estructuras muy parecidas y previsibles ejecutadas de forma magistral y con una elegancia únicamente vista en los noruegos, unos estribillos muy pegadizos que se adhieren a la cabeza como un chicle con melodías muy bonitas y que entran de manera muy fácil y pura al oído. Quizá canciones poco representativas para el nuevo enfoque del grupo pero para nada sobrantes.



 

Entramos, quizá, en la parte más representativa de estos evolucionados Leprous. Captive es el 4º corte de este Malina. Con unos riffs bastante más fáciles al oído y unos cambios con los que no puedes evitar menear la melena, me parece uno de los cortes más flojos (flojo por decir algo, me sigue pareciendo una canción genial, simplemente inferior a muchas del disco) pero, aún así, redondos y pegadizos dentro de esta vertiente matemática en la que nos sumergimos. Illuminate se presenta como uno de los cortes más sencillos en cuanto a complejidad compositiva, en tanto a que es la repetición de un riff con unas pocas variaciones del ritmo, pero con una maestría armónica digna de muy muy poquitos grupos. Ya nos contaba recientemente Baard Kolstad (batería) que esta canción nace de un groove que había creado él mismo al que Einar sólo tuvo que añadir su magia para crear un corte tan sencillo (en aspectos anteriormente mencionados) como bello y lleno.

Leashes, a la que cariñosamente llamo ‘Mb Indifferentia 2’ (por ser muy parecida a la canción de ‘Bilateral’) es de esas canciones que en un día triste/lluvioso/tonto te pueden sacar una lagrimilla muy fácilmente. Si bien volvemos a estructuras simples, cosa que este grupo ha demostrado dominar, esta canción en concreto te transporta a distintas fases que culminan en una última repetición de estribillo con los coros movidos una corchea hacia adelante. Este detalle llamó particularmente mi atención, me pareció darle muchísimo sentido a una canción que, a simple vista, puede pasar desapercibida pero guarda una gran carga emocional dentro. Con Mirage se pone serio el asunto. Tras un principio en el que se puede cantar ‘Du Hast’ y que desemboca en el riff más pesado y genial de toda la trayectoria del grupo, nos damos de bruces con una canción mucho más compleja que sus predecesoras, factor que mezclan de forma genial con un estribillo bastante pegadizo y que, en opinión personal, quizá se les haya quedado un poquito atrás (espero mucho más de una canción que ofrece un principio y desarrollo tan complejos). Tras habernos roto el cuello por segunda vez con el break del principio y tras la repetición del estribillo, pasamos a una outro que recuerda a The Congregation en cuanto a ser un recurso bastante utilizado en ese disco. Lo veíamos en temas como The Flood, Moon o Slave. En mi opinión, tienen una visión y facilidad para este apartado en concreto que no he visto en ningún otro grupo. La contundencia y pesadez mezcladas con ese sonido tan maravilloso y esas melodías geniales no tienen parangón.

leprous malina

Llegamos a Malina, canción homónima del disco y, por lo que he podido ir viendo, más criticada del mismo. Siendo más bien tranquila en su práctica totalidad, lo que más me llama la atención de este corte es la increíble incursión de la batería para, posteriormente, sumarse los instrumentos de una forma un tanto particular. Parece como si la canción quisiese despegar pero ella misma se lo impidiese. La sensación de ir acelerando y frenando con el juego de semicorcheas, tresillos y corcheas me parece de una originalidad y dificultad admirables. El posterior desarrollo, quedándose en un estado como de reposo intranquilo que va subiendo y no termina de explotar, culmina con una canción a la que podría poner un 10 y quedarme más ancho que largo. Y si no la catalogo como maravilla es porque seguramente aún no la haya escuchado lo suficiente. Coma es el 9º corte del plástico. Con un principio que no puede sino ponerte en alerta por riffacos (spoiler: no defrauda), nos encontramos con una canción quizá más parecida a ‘Stuck’ o ‘From The Flame’ en cuanto a estructura y duración (ninguna de éstas llegan a los 4 minutos) pero más compleja musicalmente. Uno de los mejores y más memorables cortes del disco, sin lugar a dudas.

The Weight of Disaster es la penúltima canción de este Malina. Abre con un riff bastante hard rockero (destaca por lo poco acostumbrados que estamos de ver a los noruegos en este tipo de trajes) que pasa por un adorado y pesado bending (recurso que podemos apreciar a lo largo del disco y que ejecutan de una forma bastante característica) para desembocar en un estribillo desgarrador, precioso y potente a la vez. Complejidad en la estructura y una vuelta al riff hard rockero que rompe en un break en el que la batería vuelve a destacar y brillar con luz propia, terminando finalmente en el estribillo. Una canción que se presupone más redondita (por empezar y terminar con el mismo riff) de lo que es en realidad, quizá uno de los cortes más “raros” de los nórdicos. Y llegamos finalmente a The Last Millestone. Hablaría mil años de lo maravillosa que me parece esta canción; de lo maravillosa que me parece la idea de haber terminado así un disco de estas características; de lo maravillosa que es la voz de Einar; de lo maravillosos que son los acordes y los instrumentos de cuerda… En definitiva: de lo maravilloso que es todo lo que envuelve a este corte. Un final de 10, ni siquiera de 10, de 79, para un disco del que procedo a hacer un último y pequeño análisis:

Quizá Malina sea, como he dicho al principio de esta reseña, el mejor disco (o, al menos, el más redondo) de los noruegos junto a Coal. Si bien ambos son muy distintos, la pretensión de ese sonido orgánico que siempre andan buscando es muy distinta y la forma de componer aún lo es más. En ellos hemos observado una progresión notoria, no tanto en la composición, sino a la hora de estructurar y poner en escena ideas de forma natural y lógica. Quizá es eso lo que falta en Tall Poppy Syndrome o Bilateral y lo que echado en falta en The Congregation. Los dos primeros discos son una declaración de intenciones gigante, en la que pudimos ver el inmensísimo potencial y futuro del que están sabiendo sacar provecho Leprous ahora. Quizá The Congregation se me quede atrás por no considerarlo tan fluido, por tener unos temas increíbles pero no estar bien encajados en su contexto, quizá fallen las canciones o falle la posición en que están distribuidas, pero no me llena tanto como los dos trabajos anteriormente citados. Podemos ver constantes referencias al ya mencionadísimo Coal en cuanto a la pesadez de los bendings y ciertos riffs y a Bilateral en cuanto a la forma de desarrollar ciertas partes, por no hablar de lo Bilateral que es Leashes en sí. También nos comentaba Baard, respecto al sonido, que todos los instrumentos fueron trabajados mientras se grababan en mezcla para que el sonido no cambiase de forma drástica. Han sido debidamente tratados para conseguir un mejor/más evolucionado sonido orgánico; las baterías se hicieron en una sala con mucha reverb, las guitarras están menos distorsionadas y las teclas están basadas en sonidos de Hammond y pianos Rhodes. Einar no hace sino evolucionar disco tras disco de una forma bastante notoria. Mención especial al cuidado con el que se han tratado las voces y cómo son capaces de llegarte a lo más profunda de la oscura, oscurísima alma de quienes disfrutamos de los noruegos. Por último, como batería y consiguiente adorador de la parte rítmica de la música destacar, además del innegable talento de Baard Kolstad a la batería y el bien que le está haciendo a este grupo, la variedad técnica y los momentos de tensión (muy visibles en tracks como Bonneville, Mirage o Coma) creados a partir de juegos de semicorcheas, una forma de bailar sobre el beat que consigue enamorarme y engancharme al disco cuanto más lo escucho. Menos de un mes hace de su salida y ya he quemado la totalidad de sus canciones, sólo queda esperar que nos visiten a finales de este año y poder comprobar el potencial de este Malina en directo. Las ganas como el disco antes de su salida: inaguantables.

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