Crónica: Bullet For My Valentine, Trivium y Orbit Culture en Madrid.

Está claro que 2005 fue buen año para los metaleros y los emos: los galeses Bullet For My Valentine sacaban su debut The Poison, y los americanos Trivium su segundo disco Ascendancy. Dos grandes obras de la cultura alternativa de la época que, quién nos iba a decir, fue hace ya dos décadas.

Decenas de discos vendidos, giras en recintos que no han parado de crecer y 20 años después, una gira de celebración: The Poisoned Ascendancy Tour. Gracias a Bring the Noise y Route Resurrection, estas dos bandas referentes del metalcore han celebrado este hito acompañados por los suecos Orbit Culture en el Palacio Vistalegre de Madrid el pasado 27 de febrero. Así fue. 

Orbit Culture

La noche empezó puntual con la actuación de los suecos Orbit Culture. Breve, pero intensa. Guturales de lo más profundo de las entrañas de Niklas Karlsson se combinaban con sus cantos limpios (de un ligero aire a James Hetfield), ambos parte de perfectas combinaciones de prodigio, velocidad y riffs agridulces. 

Se despidieron dando las gracias a la audiencia por ir a ver a su “pequeña banda de Suecia”, palabras humildes para un grupo que lleva en activo desde 2013 con seis álbumes de estudio fuera.

Está claro que su alcance no tiene nada que ver con el de las dos bandas protagonistas, pero su experiencia y recorrido en el mundo del death metal melódico no dejan nada que desear, y su trabajo tampoco. Brutal, limpio, de un sonido poderoso que se te mete dentro y no te suelta, como pudimos comprobar el pasado jueves con canciones como Vultures of North o North Star of Nija. 

Trivium

Un segundo guiño a Metallica dio paso al segundo set de la noche; Hit the Lights precedía a la grabación de The End of Everything, con la que los de Florida se dieron al escenario para interpretar Ascendency (2005) en su totalidad y en perfecto orden. Por lo que comenzaron con Rain, una de las dos canciones que Matt Heafy escribió con tan solo 18 años sobre su lucha consigo mismo y sus, en ocasiones oscuros, pensamientos. El cantante y front-man de la banda nos regaló algunas reflexiones sobre su relación con la salud mental, afirmando que esos pensamientos en ocasiones vuelven, pero que está aprendiendo a gestionarlos de otra manera y que por ello, este tour está siendo el más disfrutado para él.  

Los americanos dieron un espectáculo redondo y completo, uno que cualquier verdadero fan de la banda pagaría mil veces por ver; interpretaron de principio a fin uno de sus álbumes más queridos, con su característica y rompedora presencia sobre el escenario de la mano del carismático Matt, interactuando con la audiencia y cerrando el set con la siempre coreada In Waves.

Todo ello con impecables rendiciones de cada una de las canciones, destacando la fiel interpretación de Departure con guitarra acústica y eléctrica rítmica ambas tocadas por el mismo Heafy. Aunque a mí nunca dejará de sorprenderme Paolo Gregoletto, que con su bajo y sin púa no pierde ni una vez el groove que hacen de la música de Trivium una tan compleja melódicamente (y con tanto mérito en la rítmica). 

Bullet For My Valentine

El último asalto de la noche nos lo brindaron los británicos de Bullet For My Valentine, ya leyendas entre los emos y recordados como tal en un breve vídeo que les daba la bienvenida al altísimo escenario del Vistalegre.

Con pequeñas lágrimas en los ojos por aquellos años de gloria, el público recibía a los cuatro de Gales, que aunque estén algo cambiados y ya no se parezcan tanto a los chavales con piercings en las cejas y de pelo lacio, largo y negro, siguen causando estragos en la escena. Hace años que se coronaron como los reyes del cotarro (con mucho mérito porque en ese entonces acababan de empezar) y desde entonces han compartido el trono con pocos. Aunque sus últimos trabajos no hayan sido igual de celebrados, sus primeras joyitas no se pueden comparar con nada. 

Signo de eso es poder tocar Tears Don’t Fall la tercera porque para cerrar ya había otras que podían dar el callo. Algunos lo llamarán soberbia, también puede llamarse poder. Además, esta la empezaron con una delicada intro en acústico que le dio un toque diferente a este clásico entre clásicos, aunque antes y después otros temas en esa misma línea inundaron el auditorio.

Cries in Vain, 4 Words (to Choke Upon) o Hand of Blood fueron algunas de las elegidas, la mayoría de su glorioso y querido pasado (buena elección para esta gira) y que siguen un patrón determinado y triunfador: pegadizos estribillos, pausas para un poco de guitar shredding, versos potentes y en general piezas largas que te rascan un poco el corazoncito evocando la inocencia de una adolescencia oscura. 

Aunque no tocaron Your Betrayal, no todo fueron malas noticias: Matthew Tuck, Michael Paget, Jamie Mathias y Jason Bowld han dicho que volverán, posiblemente el año que viene, para presentar su próximo trabajo. Así que parece que estos 20 años han sido solo el principio, porque los de Gales siguen queriendo dar guerra, y lo harán en 2026.