Ayer, 3 de mayo de 2021, en la sala Moby Dick de Madrid tuvo lugar la presentación del disco The Measure of the Step, de la banda de rock/folk/blues Luback.
Debo comenzar comentando que este es el primer concierto al que asisto desde hace más de un año desde que comenzara la pandemia, así que he acudido con mis esperanzas bastante puestas en este grupo madrileño. Sin presiones, eh. Os cuento:

La apertura de puertas tuvo lugar a las 20h, y tras dejar mis datos siguiendo el protocolo de medidas anti COVID, la sala empezó a llenarse (cada uno en nuestras sillas asignadas) hasta completar el aforo disponible tras haber colgado el cartel de «Sold Out» de entradas hace ya unos días. La sala Moby Dick fue una elección perfecta para acompañar el ambiente de rock sureño, y los instrumentos lucían ya sobre el escenario, destacando la batería adornada con la portada del álbum, una escalera de caracol que recuerda a la espiral de Fibonacci. The Measure of the Step es ya el tercer álbum de Luback, y sus 12 temas fueron publicados el 12 de marzo de este mismo año.
A las 20:30h y con una puntualidad perfecta, Luback entraban al escenario entre los aplausos y gritos de un público impaciente pero increíblemente animado. Imagino que todos estaban en mi situación al tener tantas ganas de un concierto, pero es que realmente había una atmósfera eufórica entre el público que se echaba mucho en falta. ¡Un 10 para los asistentes!

Sin mediar palabra y al segundo de pisar el escenario, empezó la musica con Outcast, para posteriormente inyectar energía al público con los pegadizos y arrolladores singles Heat, Flames and Fire y Black Cat. Todo esto, sin pausa entre una canción y otra, mientras realizaban una demostración de técnica impecable, por si nos quedaban dudas a los más neófitos.
Por fin, se dirigieron al público para saludar y agradecer por primera vez el que hayamos decidido asistir. Y digo por primera vez porque Luback, con una humildad y una cercanía admirables, no pararon de agradecer a todas las personas que habían hecho posible este concierto, «las que han acompañado en este viaje», citando al vocalista Cristian del Corral.
Seguidamente, tocaron Tale of the Glory, Fighting Star y Need, para tras otra intervención de agradecimiento, llamar a la artista Blanca García al escenario y deleitarnos con la emotiva Inner Cry, acompañada de su violoncello y del violín del bajista Manuel Fernández.

Tampoco faltó espacio para canciones rescatadas del pasado, y para que no de cayeran los ánimos, se lanzaron con Pioneers, White Horse y la desgarradora My Ghost. Con esta última canción quiero hacer un énfasis, porque se ha posicionado como mi favorita entre las del grupo (quizás por sus tintes de blues o por ser más oscura) y quiero destacar, considerando el evidente nivelazo de cada integrante del grupo, los excelentes solos de guitarra de Marcus Wilson y el sentimiento puesto en el directo de esta canción. Increíble.

Llegando ya al final, y para contrastar con la oscuridad de My Ghost, la luminosa Light State of Mind, otro temazo que evidencia las raíces más folk del grupo, para seguir con Beware tras una sencilla petición de Cristian a la clase política: «Si gobiernas, que sea para mejorar la vida de la gente».
Pretendieron finalizar con la animada (¿y alcohólica?) Empty Pocket, pero viendo que los asistentes no querían dejar que Luback abandonase el escenario (¡pedían nada más y nada menos que «25 canciones más»!) el grupo nos regaló una cover de Runnin’ Down a Dream, merecido homenaje al enorme Tom Petty.
El concierto de anoche, después de este año sin conciertos, ha superado mis expectativas. Hay ciertos grupos que en directo son aún mejores que en sus álbumes de estudio. Este es uno de ellos, y además, con creces. Así que, de verdad, si podéis verlos, no perdáis la oportunidad porque os van a alegrar el día, la semana, y el mes.
Creo que el secreto de que esta presentación haya sido tan buena es el hecho de que Luback saben crear un ambiente increíble. Íntimo, en cierto modo, pero festivo. De hecho, lo que más me ha encantado ha sido poder sentir las ganas que tenía el grupo (y nosotros) de volver a poder tocar música en directo. Y no bromeo si digo que puede notarse con facilidad que, durante el concierto, los que realmente están disfrutando más que nadie son los integrantes del grupo. Tienen una complicidad entre ellos y un buen rollo palpable y contagioso, y esto es posible cuando una actuación se convierte en una verdadera declaración de amor a la música, aunque ni ellos sepan o quieran etiquetarse en un estilo concreto.
Como dijeron, simplemente hacen música, y eso ya es suficiente. Gracias a vosotros, por permitirnos ser parte de ello.





