Hoy Canciones sobre Historia cierra el año con un post dedicado a uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos y su influencia en las vanguardias.
El tiempo de las revoluciones.
El siglo XIX supuso un largo proceso de desarrollo e industrialización, de importantes cambios sociales, surgiendo palabras como proletariado y movimientos como el socialismo, el anarquismo, etc.
La búsqueda constante de la innovación y el progreso sumió al mundo en una vorágine de inventos y procesos que llegarían a traer la máquina de vapor, la electricidad y el automóvil, entre otros muchos.
La fotografía y el arte, el fin de una era.
Uno de los inventos más revolucionarios en el mundo del arte fue la fotografía.
Tradicionalmente el arte trataba de representar de forma fidedigna la realidad prestando atención al detalle. Al surgir un invento que fuera capaz de representar de forma mecánica esta realidad, los artistas encontraron un proceso de liberación creativa; ya no era necesario pintar la realidad como se ve, si no que se podía reinterpretar desde un punto de vista subjetivo.
Así fueron experimentando con el uso de color distorsionando y saturando, para luego ir rompiendo barreras académicas como la perspectiva, la figuración, la proporción, etc.

Finales del siglo XIX y el siglo XX fueron tiempos revolucionarios para el arte, tiempos de vanguardia.
Edward Munch y la angustia hecha arte.
Uno de los artistas clave de este periodo de vanguardia fue el noruego Edward Munch. Nacido en 1863 fue un pintor y grabador que quiso representar en sus obras la disección del alma humana. Tuvo una vida atormentada por la muerte de su madre y hermana de tuberculosis, el ingreso en un psiquiátrico de su otra hermana diagnosticada de trastorno bipolar, entre otros acontecimientos.
En sus cuadros vemos representados rostros melancólicos, angustia, desesperación, tristeza o soledad como pueden ser Atardecer de 1888 que se conserva en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid o El Grito, pintado en 1893, y que se ha convertido en un icono de la historia del arte.
El Grito de Munch, mucho más que un cuadro.
Aunque hablamos de El Grito de Munch como una única obra, Edward representó hasta en 4 ocasiones esta imagen llegando a hacer incluso grabados al respecto.
Lo primero que llama la atención es ese cielo de colorido violento, saturado de cálidos colores que contrastan con el pálido rostro del protagonista. Nos encontramos con un hombre con sombrero admirando un paisaje al fondo de la composición, totalmente ajeno a la angustia que parece estar sufriendo nuestro protagonista, quien está gritando con el rostro totalmente desencajado, alejándose completamente del naturalismo para evocar un expresionismo sobrecogedor.

Si bien Munch no fue el primero en destacar el potencial expresivo por encima de las características del retrato como ya vimos en su momento con Los fusilamientos de Goya, en el caso de Munch consigue un efecto mucho más profundo agudizado por el cromatismo de la obra.
Según algunos expertos como Roberto Rosenblum, Munch pudo inspirarse para representar este rostro en una momia peruana que pudo ver en la Exposición Universal de Paris de 1899.
Este grito se expuso por primera vez en 1893 dentro de una serie de 6 cuadros que representaban el amor y su ciclo, terminando con esta obra, la cual causó gran revuelo y posteriormente fue ganando una fama cuando los nazis lo clasificaron como arte degenerado.
Posteriormente, en 1961, la revista Time utilizó el cuadro como portada al hablar de los complejos y la ansiedad, y artistas como Warhol o Mauricio García Vega, le han rendido homenaje convirtiéndolo así en un auténtico ícono.
De hecho, El Grito de Munch sirvió de inspiración para uno de los emoticonos más utilizados en los servicios de mensajería como ícono de grito, miedo o angustia.
El cuadro y sus copias han sido noticia también por sus múltiples robos a lo largo de los años, destacando los de 1994 y 2004.
Topo: Duros y dulces años
No es de extrañar que esta icónica obra haya servido de referencia para alguna banda de rock;
En este caso, la banda de rock Topo reinterpretó este icónico cuadro para la portada de su disco Duros y Dulces Años, publicado en el año 2021.
En esta ocasión, el protagonista aparece con un grito ahogado frente a una caótica ciudad abarrotada de tráfico y gente, luciendo una camiseta con el logo de la banda.

La banda formada en 1978, tras la separación de José Luis Jiménez y Lele Laina de Asfalto, y se convirtió en una banda poco seguida por la industria musical pero con gran calado entre su público.
En este caso, el protagonista aparece luciendo una camiseta de la banda con una agobiante ciudad llena de tráfico al fondo. Este disco supone un continuismo en la trayectoria de esta banda rockera mezclando aromas de blues rock con letras críticas y con ciertos aires de nostalgia.
Con temas como el homónimo Duros y Dulces años o Pequeño y sucio río Topo hicieron un homenaje a su Madrid evocando nostalgia y calidad.







