Una crónica con bastante detalle, más de lo que podría imaginarme, pero nunca es tarde para comentar sobre la magnífica noche de metal extremo que azotó a todos los que estuvimos presentes en Razzmatazz 1, en Barcelona.
Rotten Sound fueron los encargados de abrir la noche, golpeándonos de lleno en la médula del grindcore de antaño. Dentro del público se notaban los fervientes fanáticos que no perdieron ni un segundo para corear el nombre de la banda o interactuar con los músicos. Lamentablemente, no llegamos a tiempo para las fotos, pero pudimos disfrutar de temas como “Suburban Bliss” y “Renewables”, que encendieron el primer mosh pit de la noche. El cierre fue apoteósico y dejó con ganas de más, pero los tiempos son los tiempos y aún quedaba mucho por delante.
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La expectación por ver a Brujería se sentía en el ambiente, sobre todo en un tour tan especial que conmemoraba la partida de Juan Brujo y Pinche Peach el año pasado. Un homenaje que ha generado bastante controversia entre los seguidores de la agrupación mexicana. Sin entrar en polémicas y desde una opinión totalmente personal, creo que celebrar la obra y vida de estos dos grandes músicos es lo mínimo que los demás integrantes podrían hacer.
Con la característica cabeza de Coco Loco y la ropa de Juan Brujo en el escenario, dieron inicio al ritual con “Brujerizmo”, un clásico entre clásicos a estas alturas. El telón con las caras de los dos cantantes también aportaba una dosis de nostalgia, y Razzmatazz se llenó de clásicos, convirtiéndose en una fiesta a la altura de la ocasión.
Tuve la oportunidad de ver el show en Hellfest con todos reunidos y dando el 100%, con Pinche y Juan Brujo ofreciendo una cátedra de lo que fue abrir paso al metal hispanoamericano a finales de los ochenta, en una época en la que éramos totalmente discriminados por la escena de entonces. Matando Güeros siempre será uno de los pilares de toda una generación y volver a darle vida, rememorando ese legado y enalteciendo el nombre de la banda, es un acto necesario. Un tour emocionante, emotivo para muchos y, sobre todo, imprescindible. ¡Gracias, Brujería, por tanto, y que viva la raza!
Las cartas ya estaban echadas para Carcass. Los maestros del death metal melódico demostraron una vez más por qué son considerados leyendas del género.
La sala se electrizó desde el primer acorde de Buried Dreams, que sirvió como detonante para una descarga de adrenalina que no cesaría hasta el final del concierto. Jeff Walker, con su voz gutural y su presencia escénica inigualable, lideró a la banda en un viaje sonoro que recorrió toda su discografía.
La intensidad de Kelly’s Meat Emporium sacudió los cimientos de la sala, mientras que clásicos como Incarnated Solvent Abuse y No Love Lost transportaron a los asistentes a los orígenes del death metal melódico. Pero Carcass no se quedó en el pasado y nos regaló momentos de pura brutalidad con temas como Surgical Steel y Genital Grinder, demostrando que siguen siendo una fuerza imparable en la escena del metal extremo.
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La conexión entre la banda y el público fue palpable en cada momento. Los asistentes corearon cada letra, formaron enormes mosh pits y se entregaron por completo a la música. Carcass, por su parte, respondió con una energía desbordante, ofreciendo un espectáculo visual y sonoro que quedará grabado en la memoria de todos los presentes.
El momento culminante llegó con Heartwork, un tema que se ha convertido en un himno generacional para los amantes del death metal. La sala entera se transformó en un solo organismo que vibraba al ritmo de la música.



















