The Mothercrow + White Coven . El buen gusto en el rock.
Hay noches que llegan sin hacer mucho ruido… y terminan volándote la cabeza. El pasado viernes 13 de junio en la Sala Peter Rock fue exactamente eso: una de esas veladas que te reconcilian con el directo, con la música hecha con el alma y con bandas que merecen escenarios más grandes, pero que se dejan la piel como si ya estuvieran en ellos.
Grupos: The Mothercrow + White Coven Fecha: 13 de Junio de 2025 Recinto: Sala Peter Rock (Valencia)
Abrieron The Mothercrow, y lo hicieron como si vinieran a sacudir los cimientos del local. Llevaba tiempo escuchando hablar de ellos, pero verlos en directo fue otro nivel. Desde el primer tema, Swat It!, el grupo desplegó una mezcla brutal de groove, actitud y presencia escénica. La voz de Karen es simplemente hipnótica: potente, expresiva, con esa mezcla de garra y sensibilidad que te atrapa al instante. Pero es que el grupo al completo va sobrado de calidad. Temas como Mantis, Tumbling Down o Danger Rules sonaron demoledores, con una energía que fue creciendo tema tras tema hasta llegar a ese final con Lizard Queen, que fue un auténtico ritual de rock psicodélico y contundente.





Luego llegó el turno de Wite Coven, y si pensaba que ya no podía ir a más… me equivocaba. Qué pedazo de banda. Con una estética cuidada, una puesta en escena muy bien medida y una actitud entre teatral (se nota que Sara Lapiedra, además de tener una voz increíble es actriz) y demoledora, convirtieron su set en un viaje lleno de sorpresas. Alternaron temas propios como Brown Eyed Lady o Ingolorious Diva con versiones muy bien escogidas como el cierre apoteósico con Highway Star de Deep Purple que fue una locura total porque cuando parecía que ya lo habíamos visto todo, Karen Asensio, la cantante de los Mothercrow se subió al escenario para cantar este temazo junto a Sara Lapiedra. Tienen una mezcla de psicodelia, rock clásico y detalles progresivos que no ves todos los días. Se nota el curro, el talento y, sobre todo, las ganas de hacer algo grande.
Un detalle bonito: entre el público estaban los Desert Vipers, que no se perdieron el bolo y se lo vivieron con la misma intensidad o más que el resto de nosotros. Ese tipo de camaradería entre bandas siempre suma.







En resumen: dos grupazos, dos conciertos redondos, y una sala que se quedó pequeña para lo que allí se vivió. Me fui con una sonrisa y con muchas ganas de volver a verlos. Porque cuando el directo suena así de bien, no quieres que se acabe nunca. Todo un orgullo descubrir que existen bandas nacionales de semejante calibre y con un directo tan potente.


