Razkin y su banda se acercaron a Madrid a darnos su mejor versión, la de puro rock and roll.
Llegaba a la sala pensando si quedaría algo de ese veinteañero que quedaba a las 10 en el Black Rose. De ese enamorado de la misma música que yo, que en cualquier camerino cogía la guitarra e improvisaba las más bonitas versiones acústicas de nuestras canciones.
La vida da giros y vueltas y para colocarse hay que romperse, que un instante es capaz de borrar años y que parece que todo ha estado ahí, como siempre.

Salió con su nueva banda a escena y me sentí como esa cenicienta probándose el zapato de cristal. A la batería, Juan Manuel Urriza Razkin, perfecta ejecución durante todo el bolo. A la guitarra Joserra Mitxelena, un lujo en pequeñas grandes dosis sin mariconadas. Al bajo, la sorpresa de la noche, por un problema de salud, David Zarzosa, titular, no pudo viajar y acompañar a Pedro, Raul Serrano, compañero, el capo, apareció al rescate a marcarse un bolazo de órdago sin borrar esa sonrisa de su cara. Raulillo, un placer volver a verte, David te queremos.
Su carisma, intacto, ahora es como un huracán tocando tierra. Los temas, mezcla de su etapa en La Fuga, y de su aventura en solitario. La atmósfera dentro de la sala no se respiraba, se pegaba a la piel por dentro. La proximidad de los espacios pequeños, el setlist a golpe de vista.
La intro nos pone en aviso, la ya conocida como Mata Hari sonaba a rock de bar. Un pañuelo al cuello, ay Pedro, Madrid te tenïa tantas ganas que se pasó con el abrazo de bienvenida, apenas se sintió en tu voz, es tu alma la que canta.

Muy de latir, siempre ha seguido el ritmo de eso que le palpita dentro. Bien o mal, a su manera, Huracán y Ahora yo sonaban, describiendo perfectamente esa madurez de hacer lo que te da la gana. Esto no es algo facilón para oídos no educados musicalmente, es un reserva bien decantado que se queda en el paladar hasta el siguiente trago.
Se escuchaban hasta los silencios provocados entre estrofas y latidos. Ese intento de ser un pasota, guitarra colgada, cobra otro sentido pero no resta romanticismo a su historia. Maldita, es la letra y la melodía que se meten dentro y escuecen retorciéndose.
Para aprender hay que jugársela y pegársela, lo grandioso no es sencillo ni instantáneo, esta nueva etapa así lo demuestra. El raro eres tu, en su mundo, y en el nuestro, la sala, hasta el fondo a saco con Pedro y sus chicos.
Momento del nuevo tema recién lanzado, Acuérdate de mí, en el que Razkin se deja todo lo que tiene dentro como solo sabe hacer, la gozada es general. No lo tiene fácil, empezar de cero es un reto al alcance de muy pocos valientes de corazón y tripas, pero lo logrará, porque de eso trata esto del rock. Si se quiere se está, ojos cerrados, dejémonos llevar.
Para para contarnos la maravillosa desgracia, sus palabras calan hasta imporovisadas, que fue que David Zarzosa no pudiera bajar de Plampona y Raul se dejara liar, se lleva la merecida ovación de la noche.

Echan un brindis para celebrar esa pedazo de agencia de management que tienen, ojalá les vaya tan bien como se merecen. Apunte, qué bonito escuchar frases de cariño desde el público durante todo el bolo, por algo será.
Cuenta la historia, tras una noche de las suyas, a Vallekas le debía una canción, es de las más coreables, El Síndrome, fue fácil hacerla nuestra. En Banderas me fijo en esa pose tan suya de sentir lo que nos cuenta al verle de puntillas. Malabares, siento como aquello se le queda pequeño, tuvo que frenar las ganas de saltar de subirse a la barra. Hostal fue de las más gritadas desde la sala.
Poco estoy hablando de Mitxelena, ese que se pasó el bolo clavando solos como si estuviera en el sofá de casa con clase de gentleman londinense. Llega el momento de recordar sus años en La Fuga, primero En vela, qué recuerdos verlos a los dos juntos, Pedro y Raul uniendo voces en Buscando en la basura, uf.

Se supone que ahora tenemos que hacer eso de irnos del escenario y volver, pero como que pasamos dice el navarro, él es así. Eneko, su road mánager se lleva su momento de gloria y nos presenta a sus chicos con ese cariño natural con el que hace las cosas cuando le salen de dentro de verdad.
Versión de lujo dedicada a quien ya no está con nosotros, Boni, Pídemelo otra vez nos lleva a tantos lados que casi no podemos ni volver. El último sorbo del vaso de líquido ámbar que quedaba por dar, era sinónimo del devenir del concierto. Acabamos con dos temas esperados por esa gente fiel que se nota que le sigue a muerte. El mejor peor, tan Pedro que no necesita más detalles y Sucia Poesía.

Me he reencontrado con un Razkin experimentado, centrado en la müsica, como principal principio y como fin final y me siento orgullosa.
No se puede volver de donde se ha sido y de donde se ha estado. Razkin abraza y desarma y no puedes hacer nada por evitarlo, Hace años ya que me subí a su sueño, quién quiere despertar.







