Sobre las 8 de la tarde y con la actuación de Rage solapada, actuaban Luicidal y LocoMuerte jugaban una partida bien distinta. En una sala mucho más pequeña donde no se acoplaba el sonido ni había solapes ya que parecía estar todo bastante aislado. Empezaron con muy poquitos asistentes, cuatro gatos como se dice y esperando a que den inicio los conciertos. Tenía especial ilusión por Luicidal ya que Suicidal Tendencies fue banda sonora de la adolescencia y apuntaba a que iba a ser un buen concierto. Lo fue, pero por contrariedades que os cuento más abajo la decepción fue palpable.

LocoMuerte | Crossover con un toque moderno para caldear el ambiente

Sobre las 20:30 entran LocoMuerte con una base sonora que bebe del thrash y el hardcore clásico, pero pasada por un filtro mucho más contemporáneo.

Su cantante, de origen mexicano, se convierte rápidamente en el eje del show. Su presencia escénica cercana, desafiante y muy conectada con el público desde el principio y un registro vocal que se alejaba del timbre rasgado clásico. Lo suyo tiraba más hacia un enfoque “moderno”. Gritos más controlados e incluso guiños a registros más cercanos al metal contemporáneo, donde la claridad y la proyección pesan tanto como la crudeza.

Hicieron varios guiños a sus temas y un pequeño homenaje a Ozzy y a Chuck Norris (fallecido en el mismo día de su concierto) y pudimos disfrutar de algunos de sus temas como La Brigada, Sangre, Bandolero o Demonios. En varios momentos, la banda incitó al pogo, buscando esa respuesta física que el género pide casi por naturaleza. El respetable en su mayoría un público más veterano optó por una actitud más contenida, salvo algunos valientes que sí se animaron al movimiento.

Con Barrio y Familia hubo hasta un par de cocodrilos hinchables y gente «surfeando» sobre él. donde el concierto se transformó casi en una escena festiva y surrealista.

El cierre llegó con Los Narcos y La Vida, dos temas que sirvieron para condensar toda la intensidad del set en su tramo final. LocoMuerte firmaron un concierto divertido y apoyado en una propuesta que entiende el género desde el presente pero sin perder de vista sus raíces.

Luicidal | Veteranía, buen hacer y un final amargo

Sobre las 21:50 comienzan a subir los miembros de Luicidal, con Louichi Mayorga y Mike Clark al frente, dejando claro con su presencia el peso histórico que arrastran. La ausencia de Rocky George, que no estaba en esta gira, no pasó desapercibida para el público. Había leyenda viva sobre el escenario pero faltaba una de las piedras angulares y esa ya fue la primera pequeña decepción que para un servidor sus solos son de lo mejorcito del género. El conjunto se reforzaba con la presencia a la voz de Mando Ochoa, conocido por su trabajo en SickSense, que asumía el reto de ponerse al frente de un repertorio con enorme carga histórica. 

La sala estaría más o menos a medias, unas 70 personas, la mayoría veteranos salvo tres o cuatro veinteañeros acompañados. El bajo de Mayorga, reconocible y con personalidad, marcaba el pulso mientras las guitarras de Clark mantenían ese equilibrio entre agresividad y técnica que definió toda una época.

Abrieron con la famosísima y conocida por todos Subliminal y ya comenzó a verse al público animado y alocado a partes iguales. Lejos de sonar como una reliquia, el directo tenía nervio, pegada y sobretodo tablas en el escenario. Possessed to Skate fue uno de los primeros picos claros del set. Trip at the Brain sonó especialmente bien, con la banda muy compacta y un groove que pesaba más que nunca en directo.

Suicidal Maniac devolvió el caos controlado, más agresiva, más directa, sin espacio para respirar. War Inside My Head fue uno de los momentos cumbre del concierto donde los miembros de LocoMuerte subieron al escenario y lo dieron todo.

Join the Army fue uno de esos temas que conectan directamente con la historia del género. I Want More mantuvo la línea ascendente, con la banda sólida pese al desgaste físico que ya empezaba a notarse. Waking the Dead siguió empujando el bloque central del concierto con consistencia pero ya se vino el desastre que comentaba en un principio.

How Will I Laugh Tomorrow no solo fue uno de los puntos más esperados, sino también el más accidentado. Durante el tramo final del tema, Mike Clark, visiblemente tocado, volvió a lanzar su guitarra al suelo por segunda vez, evidenciando que no podía continuar. La lesión de su mano, la frustración y la imposibilidad de seguir al ritmo que exigía el repertorio.

Entre disculpas, con un esfuerzo evidente y dejándonos sin un buen final la banda saludaba y abandonaba el escenario. No fue un final bonito ya que no lo hubo y fue agridulce, pero sí profundamente humano y el público entendió la situación y respondió con respeto salvo algún energúmeno de cuyo espectáculo no quiero acordarme con sus improperios y verborrea absurda que le deja más en evidencia que dar a entender que era fan.

El balance final fue positivo a pesar de la decepción ya que pudimos ver a dos leyendas en acción y difícil de ver por nuestra península. Porque lo que quedó fue la sensación de haber vivido un directo real, sin filtros, donde la historia, la actitud y la entrega pesaron más que el imprevisto. Las bandas profesionales en lo suyo nos hicieron disfrutar a pesar de la brevedad y que el cierre parece condenarnos a algunos a no escuchar Institutionalized o Pledge your Allegiance en directo.