Evanescence vuelve a Barcelona veinte años después

Evanescence llegó al Olímpic Arena de Badalona de la mano de Doctor Music, como parte de su gira mundial, en la primera de sus dos fechas en España. Sobre el escenario Amy Lee recordó que habían pasado 20 años desde la última vez que tocaron en Barcelona. La noche contó además con Nova Twins y Poppy como teloneras.

Era mi primer concierto en este recinto y llegué con muchas expectativas. Poco después de las 19:00, Nova Twins comenzó su show. Las sigo desde hace tiempo y guardaba muy buen recuerdo de su presentación del año pasado en Apolo 2, así que tenía curiosidad por ver cómo trasladarían su directo a un escenario mucho más grande.

Lo primero que noté fue la poca cantidad de gente que había a esa hora. Una pena para un grupo que defiende tan bien sus shows y que, en mi opinión, merecía tener un público mucho más numeroso desde el principio.

El sonido tampoco terminó de acompañarlas. Las voces se escuchaban demasiado atrás y algunas de las distorsiones no terminaban de entenderse bien, algo especialmente importante en una propuesta como la suya. Aun así, Amy Love y Georgia South lo dieron todo sobre el escenario y mantuvieron intacta esa esencia que las caracteriza. Para mí, fue uno de los mejores shows de la noche, incluso con las dificultades técnicas que pudieron tener.

El setlist fue bastante corto, con solo seis canciones. Abrieron con Antagonist, seguida de Choose Your Fighter, una de mis favoritas. También pudimos escuchar Hummingbird, y finalmente cerraron con Glory.  Lo que más me gusta de Nova Twins es la autenticidad de su propuesta. Hay algo artesanal y análogo en como construyen su sonido. Verlas en vivo es toda una experiencia, y quizá por eso me dio un poco de pena que el sonido y la poca cantidad de público no terminaran de hacerles justicia esta vez.

Sobre las 20:00 llegó el turno de Poppy. También tenía ganas de verla, sobre todo porque la última vez que la había visto fue junto a BABYMETAL en el Poble Espanyol, y en aquella ocasión el show no terminó de convencerme: se sintió algo plano. Esta vez quería comprobar cómo funcionaría en un escenario diferente.

El setlist comenzó con Have You Had Enough? y debo admitir que, cuando terminó, pensé «Wow». Fue una entrada potente, acompañada de muchas luces rojas y un sonido que prácticamente te golpeaba. Se escuchaba mucho más contundente que Nova Twins, aunque eso fue más por la mezcla en directo que por la calidad del show. En Poppy se notaba un mayor cuidado a nivel técnico.

Su presencia sobre el escenario es enigmática. No es una artista que exprese demasiado de manera evidente, pero tiene un magnetismo extraño, especialmente por su expresión corporal y sus movimientos, que por momentos recuerdan al ballet. Esa forma de moverse, encaja muy bien con el personaje que ha construido alrededor de su música.

Después llegó The Cost of Giving Up, una de las canciones que más esperaba. Para entonces ya había llegado mucha más gente al recinto y se notaba que una parte importante del público había venido específicamente a verla: muchos cantaban junto a ella. Luego fue el turno de Scary Mask, una canción con una estructura curiosa, y fue ahí cuando me fijé en otro detalle, todos los integrantes de la banda llevaban la máscara que ya se ha convertido en un elemento reconocible de sus shows.

También hubo espacio para crystallized, que personalmente me gusta mucho y que cambió la vibra del recinto. Su lado mucho más pop puede percibirse “Incongruente” dentro de un público más inclinado hacia el metal, y es este contraste el que hace que la canción destaque dentro del set. Otra de las más esperadas era V.A.N, junto a Bad Omens. Siempre es emocionante escucharla en directo y, para muchos, es un imprescindibles dentro de un show de Poppy.

New Way Out puso el punto final a un concierto que, en términos generales, se sintió preciso y muy cuidado a nivel técnico. Sin embargo, a nivel personal, me faltó algo de conexión. Poppy mantiene una distancia marcada durante el show y quizá esa falta de interacción sea precisamente parte de su personaje, pero esta vez volvió a dejarme con la sensación de que había algo que no terminaba de llegar del todo. Aun así, fue una actuación mucho más sólida que la que había visto anteriormente.

Finalmente llegó la hora de Evanescence. No sabía muy bien qué esperar; tenia una sensación de surrealismo en saber que iba a verlos en vivo, porque recordaba la cantidad de veces que vi el vídeo de My Immortal en televisión. Amy Lee fue una figura que parecía estar muy lejos, casi inalcanzable. Para muchos de nosotros, ella fue una de las puertas de entrada al rock y al metal. Verla frente a mí era algo que durante mucho tiempo sentí como lejano.

Sanctuary abrió el concierto, la canción que da nombre a su último álbum. Los visuales eran espectaculares, con una estética industrial, habian cables colgando del techo y de lejos daban la sensación de que el escenario era mucho más grande. El set se compuso de 21 canciones, entre ellas Afterlife, de mis preferidas de esta nueva etapa, y Going Under, que fue un flashback a aquellas tardes de jugar Guitar Hero.

Después llegó Lithium, y fue increíble cómo de la nada apareció Amy cantando con el piano sobre la tarima, uno de los momentos que me hicieron pensar en la magia de la producción. Su voz en directo es impresionante, tiene un rango vocal enorme, lo que más me llamó la atención es lo natural que suena. No necesita usar constantemente voces de fondo para llenar el escenario, lo hace ella sola. Mientras cantaba Lithium, vivimos un momento muy bonito, las linternas de los móviles comenzaron a prenderse alrededor del lugar y la nostalgia salió a flote.

Las llamas se tomaron el escenario con Calm Down. La calidad de la producción fue impecable, todo estaba en su sitio cuando tenía que estar, de la nada veías a Amy bajando de una plataforma o junto al piano. Con esta canción fue emocionante el manejo del fuego y la sincronización con la que ella se movía y las llamas aparecían. Los demás integrantes también tuvieron su espacio, y todos aportaron para entregarnos un show muy compacto y de esa magnitud.

Call Me When You’re Sober fue otro de los clásicos que escuchamos, poco después llegó el turno de Bring Me to Life, que tenía muchas ganas de escuchar en vivo. Se siente una satisfacción enorme al disfrutar de una canción que marcó parte de tu infancia. Eso sí, eché de menos la parte de rap.

No podía faltar End of You con Poppy (en la versión de estudio también está Courtney, de Spiritbox, pero esta vez solo la escuchamos con Poppy). Y al final sonó My Immortal. Como dato curioso, el vídeo se grabó en Barcelona y, después de 23 años, Amy volvió al mismo lugar a hacerse fotos, lo que le suma más nostalgia y romanticismo al escucharla precisamente aquí, en la ciudad donde se grabó aquel vídeo que tantos años atrás veíamos en televisión.

La cercanía de Amy fue algo que se sintió a lo largo de la noche, hubo una conexión muy fuerte entre ella, la banda y el público, daba esa sensación extraña de querer acercarte y abrazarla. Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de los conciertos: miles de personas que no se conocen entre sí pueden terminar compartiendo la misma emoción. 

También fue bonito escucharla hablar sobre la salud mental, sobre sentirse solo o diferente y cómo la música puede ayudarnos a sobrellevar esos momentos. Ahí entendí todavía más por qué sus canciones han acompañado a tantas personas durante tantos años. Cuando terminó el concierto me quede una sensación de nostalgia. 

Amy Lee demostró qué es la reina del género, el nivel de voz que tiene es de otro mundo. Me fui muy feliz de haber podido verla finalmente, después de tantos años escuchando sus canciones y viendo sus videoclips. 

Una noche que pudimos vivir y contar desde dentro, de la mano de Doctor Music.