Crónica | Barcelona recibe a Hatebreed

Barcelona fue una de las tres ciudades españolas que recibieron a Hatebreed en su European Savagery Tour, el pasado 7 de agosto en la sala Salamandra. Junto a ellos, desde Mataró para el mundo, llegó Bellako, banda que lleva años dejando huella en la escena local. Su trayectoria incluye varios álbumes como Zombieland, Demonios y su más reciente single Nunca Muere, junto a Sagan UMMO, ganándose un lugar firme gracias a su autenticidad.

La apertura de puertas fue a las 20:00 horas, Bellako comenzó su show a las 20:30, prendiendo el ambiente para el plato fuerte de la noche. Sobre las 21:40 hrs Hatebreed salió al escenario, soltando hits uno tras otro: ProvenDestroy Everything y Smash Your Enemies golpeaban como puños en la cara, la adrenalina iba creciendo, y empezamos a ver crowd surfings y stage divings, donde se sentía un ambiente de hermandad y comunidad, muchos compartiendo con colegas, gritando, coreando, y sonriendo, un espacio donde la furia se transformaba .

Jamey Jasta, con su inconfundible voz y carisma, siempre cercano y entusiasmado alimentaba esa conexión invitando a vivir el momento y dejarlo todo en el pit, y aunque la fuerza era brutal, había un respeto tácito entre los participantes.

El repertorio mezcló clásicos indiscutibles con canciones más recientes, Seven EnemiesI Will Be Heard y This is now fueron algunos de los himnos que pusieron a todos a saltar junto a su más reciente sencillo Make the Demons Obey

En el escenario, la formación de Hatebreed presentó un cambio importante debido a la ausencia de Wayne Lozinak, guitarrista original de la banda, quien tuvo que dejar la gira después de ser diagnosticado con un tumor cerebral. Para suplir su lugar, Matt Bachand, quien usualmente toca el bajo, se encargó de la guitarra, mientras que Carl Schwartz, reconocido por ser el vocalista en First Blood, asumió las labores de bajista.

También hubo espacio para compartir un momento más sentimental, la banda sorprendió a Jamey celebrando su cumpleaños número 48. Entre gritos y aplausos, sacaron una torta al escenario y, con toda la sala coreando, le cantaron el cumpleaños feliz. Fue un instante de pausa en la furia, una muestra de la hermandad que se siente en esos espacios, donde no solo se comparte la música, sino también la camaradería y el respeto entre todos los presentes. Jasta, visiblemente emocionado, agradeció el gesto y volvió a conectar con el público para cerrar la noche con toda la intensidad que caracteriza a Hatebreed.