El pasado sábado fue el último concierto dentro de lo que han sido unos meses de celebración del décimo aniversario de Nuevacosta. Para una fecha tan especial, se juntaron con Aloud Music (que cumplen veinte años) y sobre el escenario de la Wurlitzer en Madrid tocaron (lo:muêso), Ànteros y Distant Shores.
Distant Shores fueron los primeros en calentar el escenario frente a un público tímido, que no sabía si acercarse o quedarse en la barra aunque poco a poco fue moviéndose hasta las primeras filas. Aunque la timidez podría haber sido más justificada para la joven banda, ya que era su segundo concierto después de su estreno en el pasado AMFest en octubre del año pasado, si hubo nervios no se sintieron desde el otro lado de las luces y el show que dieron animó a fans y a potenciales. Con un corto pero contundente setlist, dejaron entre ver algunas de las influencias post-hardore y grunge que han configurado su sonido alternativo, recordándome en ocasiones a Paramore o Brutus. Abrieron con dos temas más tranquilos y luego pasaron a otros más movidos, con partes instrumentales donde la batería y bajo se lucían con una energía desbordante. La voz al principio se perdía un poco en el tumulto de la música, quizá buscando su lugar entre el resto de sonidos; conforme fue avanzando la noche, ganó en confianza y potencia, con unas notas sostenidas sobresalientes rompiendo entre estrofas más melancólicas.
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No es una fiesta si no hay regalos y aquella noche el que recibimos nosotros fue la presentación de Montenegro en directo. Ànteros difícilmente dan un mal show y es que la banda ya viene bastante rodada y sabe bien lo que hace. Sin prisa pero sin mucha pausa, tocaron un setlist bastante variado y revisitaron temas más antiguos pero que nunca decepcionan como Espectros, Solo mar, solo tierra o Cenizas. Del nuevo trabajo tocaron Culto al fuego (inevitable sentirse completamente absorbida desde las primeras notas), La hoguera (otro rollo en directo) y Elurra Heriotza (sensible y salvaje casi por igual), con un sonido redondo donde las voces se complementaban a la perfección en sus formas tan antagónicas. Aunque en aquel diminuto escenario de la Wurli era difícil moverse, lo dieron todo y el público con ellos, incluso si no se escuchaba a nadie más vocear las canciones (aunque sí que hubo mucho headbanging). Sentí que Montenegro cobra más sentido y forma en directo, quizá porque la fuerza de su sonido se materializa en sus movimientos y expresiones; y que bajo las tenues luces del escenario se terminaba de formar la imagen mística que me transmiten sus temas. Cerraron con Polaris y Ultravioleta, para no olvidar viejas costumbres, y nos dejaron ser partícipes con ellas de una sensación de catársis aflorando en la oscuridad. Cuando se marcan semejante corto-pero-intenso bolazo, me resulta indiscutible que Ànteros sean referentes actuales en el panorama post-hardcore (aunque al final su música combina tantos elementos y es tan rica en matices que me cuesta ponerle una etiqueta exacta). Porque incluso en la adversidad saben salir a flote.
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(lo:muêso) llevaba demasiado tiempo en standby y las ganas que tenían de subirse al escenario y darlo todo se notaron desde los primeros acordes. Tanto en el instrumental como en sus caras se apreciaba la emoción del directo y la gran pasión por la música que siente el cuarteto catalán; y es que volver después de tanto tiempo solo puede significar dedicación y compromiso. Tocaron de todo un poco en una especie de homenaje a sus greatest hits, pasando por Amarillo Mortimêr (frenética y arrolladora), Combinado Magyar (positiva y revitalizante), Bambi Motorhêad (dando en el clavo con la distorsión y los redobles), DeadSeaHorses (emocionante y desgarradora). A veces dejándose llevar demasiado por lo abrumador que tiene que ser estar ante el expectante público que tanto les había echado de menos, las voces fueron las que más sufrieron en cuanto a calidad ya que en ocasiones se perdían entre las distorsiones y la contundente batería. A pesar de ello, el instrumental denotaba años de experiencia y una maduración exquisita que tambaleaba entre géneros con una soltura envidiable, no dejando que el ritmo de la noche decayera en ningún momento. El público pidió silencio al comenzar la misa, cuando recitaron aquella lectura parrocal de Código Secreto De Las Estatuas Ecuestres: “Mi vida tiene un porqué, tiene una misión. No nacemos para la nada, nacemos para una misión. La vida del hombre no es un capricho sin sentido. Sólo desde Dios la vida tiene sentido. No tenemos vocación. Somos vocación.” Se despidieron con fuerza y entusiasmo dejándonos a todos con ganas de seguir con la fiesta.
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La noche acabó por todo lo alto con la sala aún a reventar, concluyendo el ciclo de celebraciones de un cumpleaños que esperamos volver a poder disfrutar junto a grandes bandas del sello y de la industria. Sin duda, aquella noche se dejó constancia, nuevamente, que la escena post-hardcore española es aún mejor con los años.











