Crónica y fotos del concierto de Joe Satriani en Madrid
Crónica: Sergio Rivas
Fotos: Víctor Moreno
Si tengo que escoger como empezar esta crónica de lo vivido anoche en La Riviera, diría que fue una increíble celebración de pasión y amor hacia la guitarra eléctrica y a la música.
Voy a empezar recalcando que había muchas ganas de ver a Joe Satriani, nuestro protagonista de hoy llevaba tres años sin visitar Madrid, y el aforo prácticamente completo que presentaba la sala lo demostró. No había apenas espacio para poder ver el concierto con buena visibilidad, pero eso solo puede ser una gran noticia.
Estamos hablando de un concierto de guitarra instrumental de casi tres horas de duración, y la sensación de ver a todas esas personas coreando los solos emblemáticos de un guitar hero como Satriani, que empezó en la explosión del «shred guitar» ochentero hace ya cuatro décadas te da mucho que pensar. Sobre todo esperanza y la prueba de que la música, el rock, la guitarra y las ganas de emocionarse con un buen concierto nunca mueren.
Satriani tiene ese halo especial que hace que tenga una legión de fanáticos en todo el mundo, es algo que pude comprobar cuando le vi por primera vez en la misma sala La Riviera en el 2004 hace casi 20 años, en un apoteósico concierto en la gira G3 con Steve Vai y Robert Fripp de King Crimson (como dato curioso, Fripp tocó escondido sin aparecer en el escenario)
Pero la misma sensación me la llevé otra vez en La Riviera en el 2010 al igual que en otro G3 en el 2018 en el Wizink Center, esta vez junto a Uli Jon Roth y mi querido John Petrucci. Se trata de un magnetismo, de una sensación de comunión familiar y reunión entre personas para ver a su ídolo como un acto de disfrute y de diversión que en pocos guitarristas he visto, debo de decir.
El concierto como era de esperar comenzó puntual y ya desde la primera canción el sonido era cristalino, puro, limpio e impecable. Podías apreciar todo, cada matiz y detalle sonoro que quisieras, sumado a que la banda era nada más y nada menos que Bryan Beller (The Aristocrats) al bajo, el legendario baterista Kenny Aronoff (John Fogerty) y el genial teclista Raí Thistlethwayte (Thirsty Merc) podéis imaginar el nivel de ejecución y musicalidad que estábamos presenciando.
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La primera fue Nineteen Eighty de su anterior disco Shapeshifting, divertida, rockera y sencilla en estructura pero muy efectiva para comenzar el show, seguida de Sahara perteneciente a su último disco The Elephants Of Mars; en esta canción me enamoró el hecho de que improvisó un solo para comenzar el tema sobre una base de corte ambient, sensible y oscura haciendo melodías con los propios acoples que iba provocando. Sensacional.
Seguía con la canción que da nombre a The Elephants Of Mars, en este corte presentó a su flamante banda. En esta canción percibo a un Satriani que quiere componer pasajes y ambientes tensos, modulaciones armónicas muy interesantes, un discurso musical atractivo que me recordó al rock progresivo que tanto me atrae, sin ser complejo y presuntuoso salvo las escalas y licks rápidos que ejecutó con Bryan Beller en algunos momentos de la canción.
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Damos paso a los clásicos Ice 9 con solo de bajo y duelo de guitarra y teclado incluido, y One Big Rush, en este caso el teclista Raí Thistlethwayte acompañando a la guitarra. Seguimos con Thunder High on The Mountain y Blue Foot Groovy, impecables las dos, para dar paso al clásico de los clásicos de Satriani que es Flying In A Blue Dream emocionando a los asistentes y poniendo a todo el mundo arriba. Debo de decir que aquí me doy cuenta de que, aunque pueda sonar obvio, Satriani calca los mismos solos que compuso cuarenta años atrás con la misma pasión y musicalidad de siempre, y eso para un guitarrista no es una tarea fácil, puede llegar a aburrirte y a tentarte a cambiar el discurso por una improvisación a priori más divertida que ejecutar siempre lo mismo una y otra vez, pero no, el toca desde el alma su propia voz, fiel a sí mismo y a su discurso y eso se le nota.
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Llegaba el turno de Spirits, Ghosts and Outlaws con un solo final sobre un calderón extenso con pasajes compuestos para toda la banda que me llamó mucho la atención, seguida de Faceless con preciosas melodías. Turno para otros dos clásicos como son Crystal Planet con un Kenny Aronoff impresionante y Summer Song, haciendo corear a todos los que estábamos las melodías de la canción, como si se tratase de un concierto de un artista pop donde una canción popular es coreada por el público.
Llegaba un descanso en el cual mucha gente creo que pensó que el concierto había terminado, para dar paso al acto 2 comenzando con un espectacular solo de batería, seguido de Energy y la groovera E 104th St NYC 1973, seguida de otro fenomenal solo esta vez del teclista, que me recordó a un Jordan Rudess electrificado y poseído, donde se nota que el bueno de Rai Thistlethwayte es también guitarrista, parecía más una guitarra que un teclado lo que estaba sonando.
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Se unía la banda al completo de nuevo para tocar uno de mis cortes favoritos de Satriani, Cool #9 con ese ambiente dórico soul tan conseguido. Para la recta final llegaban Ali Farka, Dick Dale, an Alien and Me seguida de Shapeshifting, Teardrops y Luminous Flesh Giants, con un solo de blues al comenzar simple y genial, para volver a hacer corear a todos con If i could fly y con Always with me, Always with you.
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Recta final y apoteosis total con Satch Boogie, Crowd Chant y como no podía ser de otra forma, con Surfing with the Alien para despedir después de casi tres horas de virtuosismo guitarrero que para nada se hicieron largas, a un Satriani impecable, perfecto en ejecución, sin no hacer cantar una sola nota, con una interpretación brillante y un excepcional discurso, sumado a una banda perfectamente empastada y un sonido que será de los mejores que he podido ver en directo, demostrando que el lugar que ocupa nuestro querido Joe es por algo, uno de los más grandes guitarristas de rock que tenemos con nosotros.
Gracias a la música, gracias a la guitarra, gracias Satriani y gracias RockCulture por confiar en mí para escribir esta crónica!
El mundo de la guitarra está más vivo que nunca amigos, ¡que así sea!
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