CRÓNICA LACUNA COIL – COMALIVE – 20 Aniversario Comalies – Sala Fabrique, Milán

Uno de esos acontecimientos con los que sólo puedes soñar, a veces suceden y es en estos casos cuando casi no puedes diferenciar fantasía de realidad. Hace 20 años llegó a mis manos un disco muy especial que cambiaría todos los paradigmas de la música que escuchaba y que escucharía en lo sucesivo. Por aquel entonces, mi fanatismo por el metal se basaba principalmente en grupos que pertenecían a aquella nueva ola denominada como Nü Metal. Acostumbrada a sonidos muy modernos, con letras rapeadas y guitarras agresivas con una gran presencia del bajo, de pronto cayó en mi disc-man aquel Comalies, de una formación de la que nunca había oído hablar: Lacuna Coil. Recuerdo perfectamente la primera vez que reproduje aquel CD. Swamped, la primera canción del larga duración, me cautivó por completo. Era completamente distinto a lo que estaba acostumbrada a escuchar. Contenía trazas de esa nueva oleada de “metal moderno”; pero las melodías, la voz de Cristina Scabbia combinada con la de Andrea Ferro, y aquellas atmósferas oscuras y profundas, otorgaban a todo el conjunto una melancolía y decadencia que me embargaban por completo. Ahí comenzaron mis andanzas y mi pasión por la música oscura. Un álbum que lo cambiaría todo.

Pues bien, un concierto exclusivo en Milán, rememorando aquel Comalies 20 años después, en la misma semana de mi cumpleaños, era un evento que no podía ser ignorado. Así que allí que me planté, el 15 de Octubre en la Sala Fabrique de Milán, acompañada de mis compañeras de fatigas, a poco más de las 19.30 horas de la tarde.

Una sala completamente alejada del centro, nos aguardaba, repleta de fans que iban y venían de un lado para otro. Aquello iba a ser grande, muy grande, un show único y exclusivo, que Lacuna ofrecía en casa, en su casa, ya que se hacía en la ciudad origen de la banda. El aniversario de aquel gran disco en el que ni siquiera habría teloneros. Sólo Lacuna Coil y los fanáticos más entregados en una noche irrepetible. Empezaba a impacientarme cada vez más. Una vez provista de líquidos para permanecer lo suficientemente hidratada para tan épico acontecimiento, nos posicionamos como pudimos en una sala cada vez más abarrotada.

A la hora fijada, muy puntual, la intro comienza y los integrantes de la formación empiezan a aparecer uno por uno en medio de ovaciones del público. El momento había llegado. Los había visto en otras ocasiones en directo, pero aquel espectáculo iba a ser otro cantar.

Temas como Blood, Tears, Dust y Reckless comienzan a caldear el ambiente.

El sonido es atronador, espectacular, la voz de Cristina invade toda la sala. Los guturales de Andrea se extienden por todo el lugar y el sonido de la música nos embarga a los allí presentes. El bajo de Marco “Maki” Coti Zelati suena potentísimo en este nuevo estilo de tocar que la agrupación ha ido desarrollando a lo largo de su carrera, con un sonido de este instrumento mucho más agresivo y casi protagónico si lo comparamos con aquellos primeros trabajos. La guitarra de Diego Cavallotti y la batería atronadora de Richard Meiz dan el toque de gracia y completan a la perfección el combo. Sonaba increíble.

De pronto comienza la intro de Swamped XX, aquel primer tema que había llegado a mis oídos 20 años antes y que lo cambió todo, pero en esta ocasión sonaba con renovadas fuerzas y con un estilo más actualizado acorde con su forma actual de tocar. No pude evitar que una lágrima me asomara cuando empecé a escuchar las primeras notas del tema. La emoción era palpable en el ambiente. Asistentes y banda estaban pletóricos, emocionados y extasiados. Un torrente de recuerdos  se despertaba en mi cabeza mientras todo aquello estaba pasando y casi no podía creer dónde estaba. Aún se me pone la piel de gallina cuando lo rememoro.

Los temas de Comalies XX, como han denominado al redondo que vió la luz este mismo octubre, versionándose a sí mismos, con los temas del Comalies de 2002 pero con el estilo de ahora, sonaban con más fuerza que nunca.

Estoy muy segura de que a más de alguno le hubiera gustado escuchar estas canciones tal y como sonaban en el original, pero como muy bien dijo Cristina durante la presentación, no hay que quedarse anclado en el pasado, por lo que no me desagradó en absoluto aquel “lavado de cara” que han dado al mítico disco para adaptarse a los nuevos tiempos del grupo, en los que los temas suenan más brutales en directo y quizá menos lentos y atmosféricos, pero conservando esa oscuridad inherente en Lacuna Coil.

 

Temas como Layers of Time, Trip the Darkness o Sword of Anger, que no pertenecen al homenajeado álbum hacían también las delicias de los fans. Pues a lo largo de su carrera han sabido reinventarse como banda, desarrollando atmósferas más pesadas y fieras, mucho más agresivas para ejecutarse en directo y regalándonos verdaderos himnos que se nos han quedado tatuados en nuestra memoria. La mejoría técnica de los músicos originales se ha hecho patente a lo largo de estos 20 años desde aquel Comalies. Como decía anteriormente, el sonido del bajo ha evolucionado en una técnica más agresiva y con más protagonismo. Por no hablar de las voces de Cristina y Andrea, en las que se ve una evolución más que evidente. Si la voz de Scabbia era preciosa en aquellos 2000, ahora parece haber mejorado increíblemente, alcanzando agudos y cotas de potencia casi imposibles. Por su parte Andrea Ferro, también ha evolucionado en su técnica puliendo unos guturales de ultratumba mucho más desgarrados y profundos.

Habrá muchos que echen de menos aquellos sonidos más atmosféricos y etéreos, pero en ocasiones, es un regalo ver cómo un grupo consigue abrirse camino a través de los años y evolucionar sin parar de mejorar, mientras conservan su halo de oscuridad y autenticidad de los primeros tiempos. Cosa que queda patente en su lanzamiento anterior Black Anima, del que también interpretaron algunos temas en este épico directo.

Los cortes más candentes de sus trabajos anteriores y los reversionados del Comalies XX se sucedían uno tras otro, mientras la emoción compartida entre público y banda iba “in crescendo”. Cuando de repente Cristina nos insta a todos los presentes a sentarnos en el suelo y dice algo así como » I really would love to come over there and sing a song from there». Los espectadores, desconcertados en los primeros segundos tras aquella extraña petición, nos mirábamos los unos a los otros sin entender muy bien qué estaba pasando. Una vez todos sentados, mientras Cristina se comunicaba con el público, a veces en inglés, a veces en italiano, servidora continuaba preguntándose qué estaba sucediendo ya que desde mi ángulo sentada en el suelo no podía ver nada. De pronto me percato de que Cristina sólo está a unos metros de mí, entre la masa de gente, saludando cordialmente a sus fans.

Uno de mis temas favoritos, The Ghost Woman and the Hunter XX, fue interpretado íntegramente por Cristina entre los asistentes mientras el resto de los músicos permanecían en el escenario tocando. Casi no me lo podía creer de nuevo.

Canciones míticas como Heaven’s a Lie XX, Angel’s Punishment XX, Our Truth o Delirium, se iban sucediendo mientras el respetable disfrutábamos de un sonido que casi parecía mejorar durante el desarrollo del espectáculo.

Llega el momento en el que interpretan el que, sin lugar a dudas, es mi tema favorito de este Comalies, el tema que da título al álbum. Preciosa canción que combina inglés e italiano y que daba el cierre al disco, dejándote siempre con ganas de más. Nunca había visto interpretar este tema en directo, por lo que la emoción que sentí en aquel momento era indescriptible. Además Cristina nos pidió que encendiéramos las linternas de nuestros móviles con lo que el ambiente cambió radicalmente con la iluminación. Sentimientos a flor de piel.

Servidora no paró en todo momento de cantar, saltar, mover la cabeza como una loca, sonreír como una boba y enjugarse las lágrimas mientras daba sorbitos de su botellita de agua para ver si conseguía deshacer aquel nudo en la garganta perenne que estuvo presente casi toda la noche. Parecerá una estupidez y un cliché pero a veces la música te toca la patata a un nivel tan profundo que no puedes evitar que los sentimientos y las sensaciones te embarguen de una forma casi asfixiante. Y es que es muy difícil verme llorar, pero aquel día las emociones me superaron de un modo que casi no sabría describir.

Después del tema Veneficium, hubo un parón en el que los músicos abandonaron el escenario. Una intro se sucedía mientras los allí presentes seguíamos esperando a que el grupo apareciera de nuevo. Al parecer fue un descanso de 10 minutos, pero he de reconocer que se nos hizo eterno.

De nuevo los músicos van entrando poco a poco al escenario, habiendo cambiado de vestuario, ataviados con vestiduras negras, muy similares a las túnicas que usaban en los 2000.

Les llega el turno a temas como Aeon XX, Tight Rope XX y el aclamado Cover de Depeche Mode: Enjoy the Silence, con el que la sala parecía explotar. Finalmente con Nothing Stands in Our Way cerraron la noche y dejaron más que claro que no le temen a nada (“We fear nothing”), ni a los tiempos pasados ni a los venideros, ya que son una banda capaz de adaptarse a los cambios y de sobrevivir renaciendo en nuevos sonidos cual Ave Fénix.

Increíble fin de fiesta para un concierto irrepetible y único donde demostraron que no sólo mantienen sus raíces a pesar de saber reinventarse, sino que tienen fuelle para rato.

Un evento en el que sólo había una palabra para describir el sentimiento generalizado y compartido por todas las personas que allí estuvimos presentes: emoción.