Os decía en la crónica del miércoles que el primer día de un festival es como la mañana de Reyes; pues el último día es como el último día de vacaciones: aún estás viviendo el momento, pero ya pesa el cansancio, el final se intuye en el ambiente y cada banda suena con una mezcla de euforia y nostalgia. Sabes que lo mejor ya pasó, pero también que hay que exprimir hasta el último riff antes de volver a la realidad.
La caída de Attila del cartel trastocó un poco los horarios de este domingo e hizo que todo empezara como una hora más tarde. Llegamos a ver a Tolminator Band, una banda creada del festival hermano Tolminator Fest en Eslovenia. Fueron la fiesta absoluta, terminando en un gran pogo gigante mientras sonaba una versión techno del legendario Dragostea Din Tei.

No nos movimos del tercer escenario para poder ser testigos de la bestialidad de Nasty. Los belgas salieron al escenario con la misma energía con la que otros ya pensaban en la ducha y el bus de vuelta. Un caos perfecto, controlado y disfrutón.

Polvo, calor y deathcore. Ese sería el resumen del bolo de Paleface Swiss a su paso por el Rockstadt. Los suizos son siempre sinónimo de devastación, y un gigantesco wall of death fue el ejemplo perfecto. Escuchamos temas de su último trabajo como Love Burns o River of Sorrows, pero también temas más old school como The Gallow.

Cuando ya no tienes nada que demostrar y eres una leyenda de esto, te puedes permitir hacer lo que te dé la gana. Eso hicieron Agnostic Front, liderados por un Stigma en plena forma y un Roger Miret que ya da para lo que da. Ofrecieron un directo a la altura: sin florituras, pero con actitud, que al fin y al cabo es lo que les pedimos a estos mitos. Cantar Gotta Go y Old New York son cosas que tienes que hacer una vez en la vida, y vaya si lo hicimos.

La melancolía se abrió paso entre ruido con Swallow the Sun. Los finlandeses saben lo que tienen que hacer y a su público le encanta. Oscuridad y sobriedad sobre las tablas.

La ruidera y el caos siempre son sinónimos de Dying Fetus. El trío estadounidense fue el culpable de que muchos asistentes salieran con moratones o algo más grave del festival, y es que los moshpits fueron notables y de una violencia bastante extrema.

Static-X, con su estética a lo cyberpunk y su metal industrial, puso en pie a todo el main stage, que ya estaba a rebosar. Puesta en escena, riffs pesados y algo de electrónica. No paramos de saltar a ritmo de Push It y I’m With Stupid, dejando claro que el legado de Static-X no se olvida tan fácilmente.

Hay dos tipos de personas en el mundo: los que afirman eso de “No Cavalera, no Sepultura” y los que simplemente olvidan el pasado y se dedican a disfrutar. Yo me inclino por ser de las segundas y es que vivir anclada en escuchar los tres primeros discos de una banda es tener la mente muy cerrada. Andreas Kisser y los suyos llevan siendo una de las bandas más importante de la escena desde los 80 y eso nada lo va a cambiar. También siguen siendo uno de los grupos que tienen el directo más contundente del mundo. Comenzar con Refuse/Resist es toda una declaración de intenciones, todo el mundo extasiado al ver que esto se acababa y tocaba disfrutar de más de una hora de clásicos y moshpits. Sepultura, leyendas vivas.

Resumir lo que ha sido un festival de cinco días es bastante complejo. Son muchas horas y pasas por muchos estados de ánimo. De la desesperación e impotencia de los primeros días a la fiesta y disfrute absoluto de los restantes. Sabor agridulce de un festival que este año ha pegado un boom histórico que quizás no se esperaban. El año que viene se muda a un recinto más grande, en Ghimbav, muy cerquita de Brașov. Esperemos que no pierda la esencia y caiga en las tentadoras garras de convertirse en un macrofestival.
Nos vemos del 27 al 31 de julio de 2026.
Texto y fotos: Beatriz Blanco



















