Crónica | The Cult en las Noches del Botánico
Primer concierto de la banda británica The Cult tras un parón de dos meses en su calendario de giras que los trajo al pistoletazo de salida en un marco realmente especial que es el ciclo de Las Noches del Botánico de Madrid.
Pese a la coincidencia en fechas con otros gigantes de la música en la capital de España (Metallica y el Mad Cool Festival) el recinto presentó un lleno hasta la bandera con un público cuya media de edad no bajaba de las 40 primaveras.
La larga experiencia tras asistir ya a 10 giras diferentes de la banda te crea una incertidumbre sobre lo que te puedes encontrar con respecto al estado de forma de su frontman y vocalista Ian Atsbury. Muchas veces se puede establecer el simil de tirar una moneda al aire y ver lo que sale. Este pasado viernes 12 de Julio salió cara y el biniomio Atsbury /Duffy nos dieron a todos los asistentes un concierto inolvidable lleno de energía y de grandes canciones que forman parte ya de la historia de la música rock.
Tras unos segundos de intro arrancaron el concierto con dos de sus canciones más potentes dentro de su extenso catálogo que son In The Clouds y el hit de Beyond the Good and Evil (un album excelso en mi opinión que por quizás un excesiva producción nunca ha brillado como otros) Rise. Observamos a un Atsbury que salió a matar desde el primer compás con sus eternas peleas y exhibiciones con el pie de micro moviéndose en el escenario con la energía de sus mejores tiempos. Por otro lado la guitarra de Billy Duffy es como un cuchillo afilado que corta el aire a base de esos riffs, melodías y sobriedad que sólo él sabe sacar a su instrumento.
Sonaron los primeros acordes de Wild Flower y el recinto ya se vino abajo con todo el público saltando y coreando brazos y puños en alto todas las partes del estribillo de la canción.

La siguiente parte del show vino con algunas sorpresas como la interpretación en eléctrico de la canción de su album homónimo de 1994 (conocido coloquialmente por los fans como el disco de «La Cabra» por aparecer la cabeza de una en su portada) Star que personalmente sólo se la había visto interpretar hace ya más de quince años en acústico y más de veinte en un show muy accidentado con Metallica en 1993 en Madrid. Siguieron Aphrodisiac Jacket, la vibrante The Witch y el viaje a los tiempos de Love con The Phoenix.
Tras un pequeño impás Atsbury y Duffy se colocaron en el centro del escenario sentados en dos altos taburetes para interpretar otro de sus eternos hits en acústico que fue Edie (Ciao Baby) de su aclamadísimo Sonic Temple. Lo siguiente fue otra de sus canciones más aclamadas, Fire Woman donde el público ya estaba entregadísimo creando esa química con la banda que es a veces tan necesaria para cruzar la línea de lo bueno a lo excelente.
Dos guiños más a su pasado reciente con Lucifer del album Choice of Weapon (para mí su mejor obra desde que volvieron a reunirse tras la segunda separación de 2005) y Mirror de su último trabajo Under the Midnight Sun de 2022. De ahí a las pretéritas Resurrection Joe, la siempre coreadísima Rain y el momento de trance con Spiritwalker.
Un punto y aparte también merece una canción que los hizo brillar como nunca en el ya lejano año 1987 que es Love Removal Machine de Sonic Temple en la que comunión banda/audiencia fue total.
Se retiraron unos minutos del escenario para volver a escena e interpretar la emocionante Brother Wolf, Sister Moon donde la voz de Ian Atsbury sonó casi perfecta y el cierre con el himno She Sells Sanctuary que dejó a todos los presentes con un gesto de felicidad en la cara.

La banda, y sobre todo Ian, estuvo mucho más simpático y cercano con el público de lo habitual sin parar de bailar y lanzar sus clásicas panderetas. Gestos de actitud más radicales y llenos de energía que como contaba al principio sorprenden en un tipo que ya ha cumplido 64 años (tiro al público hasta las zapatillas que llevaba). No podemos tampoco dejar de mencionar la sobriedad y calidad a raudales tras los parches de un John Tempesta que ya lleva tocando con The Cult dieciocho años.
Un diez también al recinto y a la organización por el enclave de estos conciertos en un lugar tan especial como el Jardín Botánico de Madrid.


