Crónica y fotos: La Sinfonía del Paradÿsso de Sôber en Murcia

El Teatro Circo de Murcia se vistió de gala para acoger a la banda madrileña Sôber y La Sinfonía del Paradysso (2018), revisión en clave sinfónica de su disco más vendido: Paradÿsso (2002).

El Teatro Circo de Murcia se vistió de gala para acoger a la banda madrileña Sôber y La Sinfonía del Paradysso (2018), revisión en clave sinfónica de su disco más vendido: Paradÿsso (2002).

El sábado 19 de enero, el Teatro Circo de Murcia se vistió de gala para acoger uno de los eventos de rock nacional más esperados de este año. La banda madrileña Sôber, tras el lanzamiento de su último trabajo titulado La Sinfonía del Paradysso (2018), revisión en clave sinfónica de su disco más vendido: Paradÿsso (2002), venían a demostrar el buen maridaje que han logrado entre una orquesta sinfónica y una banda de rock.

Aunque en el disco y en el concierto de presentación del álbum en Madrid hace ya casi un año fue la Orquesta de Cámara de Siero (O.C.A.S.) la encargada de la parte sinfónica, parece ser que por motivos logísticos son otras orquestas las que les acompañan en las diferentes fechas de la gira. Si tanto en el Festival Rock Fest 2018 como en el concierto de diciembre en la Sala Barts de Barcelona fue la Barcelona Rock Orchestra la elegida, en esta ocasión vinieron acompañados por los más de 40 músicos que conforman la Orquesta de la Universidad de Granada.

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Se había colgado el cartel de “no hay entradas” desde la semana anterior, al igual que ocurrió en Madrid y Barcelona, correspondiendo a las expectativas que generan en esta tierra en la que siempre han triunfado y a la que tan agradecidos se muestran siempre que tienen ocasión.

Minutos antes del comienzo casi todos los asistentes, con una edad media de treintaylargos, ocupaban con expectación sus asientos en el patio de butacas, mientras que el personal del Teatro Circo se afanaba en que todo estuviese en orden en la ceremonia previa al recital, algo típico del recinto y tan diferente de las salas de conciertos y festivales que estamos habituados a pisar. En el semicírculo del escenario, estaba lista la disposición que iba a ocupar la orquesta y la banda, y en el ambiente la peculiar neblina que forma el humo del recinto, habitual las veces que hemos asistido a algún concierto en el Teatro Circo.

Con apenas unos minutos de retraso, comenzó a sonar una intro de piano, mientras una profunda y masculina voz en off entona la letra del tema Paradysso. En tono evocador con algunas carcajadas sarcásticas dicha voz nos intenta introducir en un clima épico y de expectación mientras los miembros de la orquesta ocupan sus puestos en el amplio escenario. Finalmente hacen aparición los cuatro miembros de Sôber que tras el aplauso del público dan comienzo al concierto con Animal, un tema en el que ya se deja ver una sonoridad diferente a la que estamos acostumbrados quienes seguimos a la banda desde siempre. De fondo, una pantalla donde se proyectaban distintas imágenes y el logo de la banda que, bien fuese por temas técnicos o por el humo, o quizá por ambos, no acabó de verse del todo nítida en todo el concierto, restando quizás impacto visual.

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Como no había escuchado el disco, me sentí al principio un poco descolocado, pues donde normalmente había cortes secos en el ritmo y riffs de guitarra, con la orquesta encontramos todo un envoltorio sonoro que acoge a los temas y se entrelaza con los instrumentos del rock confiriendo majestuosidad a los temas de principio a fin. En este sentido me gustó, conforme fueron avanzando en el setlist, que los arreglos han sabido adaptarse a la sobriedad del estilo de Sôber, no pretendiendo destacar demasiado salvo en partes puntuales, lo que me parece un total acierto, ya que no son una banda de Power Metal o cualquier estilo más afín a cierta pomposidad musical.

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Así fue desarrollándose el concierto en sus primeros temas, con un público embelesado con el espectáculo y mucha armonía en el escenario. En el setlist, para hacer un concierto de una duración mínimamente decente, se incluyeron temas de otros discos además de Paradÿsso, algunos de ellos también incluidos en La Sinfonía del Paradÿsso, como es el caso de Naúfrago, además de otros éxitos como Blancanieve y El Viaje, todos ellos temas a los que le viene como anillo al dedo la orquesta pues ya de por sí son muy emotivos.

Un Carlos Escobedo siempre amable y agradecido, líder indiscutible desde siempre en cuanto a interacción con el público y simpatía, fue llevando la otra batuta del recital, subiendo la intensidad en temas como Eternidad, primer momento de la noche donde los coros del público ya se incorporaron a la ceremonia musical. También tuvo su agradecimiento y recuerdo hacia el malogrado Alberto Madrid, batería de la banda que falleció en 2006 y que fue pieza fundamental en la historia tanto de Sôber como de Savia, banda paralela que formó junto a Carlos tras el hiato que la banda inició en 2005.

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Fue en la parte central del setlist donde el público, gente del rock como el que escribe habituada a estar de pie, se mantuvo permanentemente fuera de sus asientos, disfrutando de manera más animada como pide el cuerpo en un evento así, con un público muy fan. Si con Hemoglobina vimos esa majestuosidad sonora en todo su esplendor, el momento álgido vino con El Hombre de Hielo (vídeo), precedida antes de una improvisación instrumental que los viejos seguidores de la banda siempre agradecemos, pues destila esa influencia de Tool que la banda tuvo en sus inicios.

A continuación, y nuevamente agradecido a quienes les siguen desde sus comienzos, Carlos recordó precisamente a esos tiempos de la banda antes de descargar el tema con el que tanto un servidor como muchos tantos seguidores conocimos a la banda. Vacío es un tema que siempre ha tenido ese aura oscura que caracterizaba a la banda en sus inicios, con un sonido íntimo y contenido que estalla por momentos con los riffs de guitarra. Con esta revisión lo han convertido en un tema más progresivo y con mayor rango sonoro, con lo que vuelvo a aplaudir el trabajo realizado en los arreglos. Tras ella, vino Paradÿsso, otro tema que pareció haber sido escrito en su día para tener una adaptación sinfónica, y de ahí a un parón para tomar fuerzas tanto público como músicos.

Pasado el breve descanso, la noche se iba a tornar más emotiva aún gracias a la cercanía de un Carlos Escobedo que se bajó a cantar Estrella Polar en medio del patio de butacas. Tras sostener a un niño en brazos durante unos momentos en que su voz fue únicamente acompañada por la orquesta y el calor de unos fans que lo miraban embelesados, volvió al escenario en una explosión sonora de la orquesta y la banda, levantando otro gran momento de aplausos y ovaciones de la noche.

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Con las emociones a flor de piel un nuevo giro de tuerca con uno de los temas más rockeros como es No Perdones fue la antesala perfecta al ambiente de fiesta ya instalado que acogió un Arrepentido hecho para ser cantado, bailado y coreado por el público desde el mismo día en que lo compusieron. Nuevo descanso breve para encarar los bises entre aplausos y caras de satisfacción allá donde mirases, bueno, menos los guitarras Antonio Bernardini y Jorge Escobedo que, aunque por dentro lleven la satisfacción de haber parido semejante éxito, mantienen un rictus de seriedad y concentración en directo que no cambia con el paso de los años.

Para los bises eligieron Mis Cenizas, uno de mis temas favoritos de la banda, que sonó simplemente magnífico y que consiguió erizarme la piel antes de pasar a uno de los temazos de su carrera como es Diez Años (vídeo), precedida de otra intro, esta vez más rockera, y del típico juego de tocar los primeros acordes a modo de improvisación mientras el público les jaleaba. Y para terminar, quizá una elección que a mi modo de ver enfrió el clímax alcanzado, el tema Superbia, que por ser un tema de los considerados algo oscuros y progresivos, a medio tiempo, no me encajó para cerrar un conciertazo, a pesar de la soberbia -valga la redundancia- ejecución por parte de banda y orquesta.

El público lo pasó en grande hasta el final, donde sonó Don’t Stop Believin’ de Journey en clave sinfónica, con la banda lanzando púas, baquetas, saludando y agradeciendo a todos los asistentes, y disfrutando de su éxito hasta la foto final con todos los miembros de la orquesta en pie frente al público.

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En conclusión, tuvimos el placer de presenciar un espectáculo que demuestra la gran capacidad de Sôber para reinventar su propuesta musical y su show mientras no lanzan un nuevo trabajo. Entendiendo que, aunque La Sinfonía del Paradysso lo sea, no es lo mismo, y cualquier banda con una trayectoria dilatada y de cierto éxito sabe lo crucial que es cada lanzamiento de un disco con temas nuevos. De momento la gira acaba de empezar y es lo que se espera de Sôber durante este 2019, esperamos poder verlos en algún gran festival en verano, en horario nocturno, con este mismo show.

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