La emotiva despedida de Rosendo en Madrid

Rosendo: “He recibido mucho cariño y me duele tener que parar, pero nos hacemos viejos. La vida es esto.”

 

Con afirmaciones como ésta nos partía Rosendo el corazón el pasado 20 de Diciembre, cuando nos citaba a todos los madrileños para despedirnos de su carrera sobre los escenarios y de su gira “Mi tiempo, señorías…”. Con las entradas agotadas desde hace meses, consiguió atestar un Palacio de los Deportes (WiZink Center) que estuvo desde el minuto uno entregado a la música de este carabanchelero, madrileño de pro y leyenda viva del Rock en castellano que se retira a un segundo plano a sus 64 años, y después de 45 años de carrera no solo en solitario, sino también a bordo de Ñú, y de los míticos Leño.

Hombre sencillo, tranquilo, sin ansia de reconocimientos y honesto donde los haya, que habiendo rechazado una vuelta de Leño a los escenarios con la que podrían haber ganado muchísimo dinero y también una estatua conmemorativa de él en Carabanchel, se marcha sin armar gran alboroto aún sabiendo que podría seguir y a nadie le molestaría, sino todo lo contrario; pero el cansancio y el pánico a las giras le frena, y prefiere parar a tiempo. Reconoce hacer rock de 3 acordes, ¿y qué?, siempre reivindicativo, con mala leche, con crítica y sin postureo, refugiándose  en ese formato de trío con el que no ha dejado nunca de funcionar.

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Acompañado de sus inseparables músicos Rafa J. Vegas al bajo y Mariano Montero a la batería abrían el concierto sin dilación con Aguanta el tipo y se encendían las pantallas traseras que proyectaban diversas imágenes acompañando las temáticas sociales de las canciones y repasando imágenes icónicas mezcladas con perfectas imágenes del concierto en toda una oda a la realización audiovisual en directo. Al acabar este primer tema Rosendo profería un breve “Buenas noches, Madrid”, que chocaba contra el unánime canto de “Rosendo, Rosendo…” con el que el público ya honraba al músico tras este primer tema. Después de este arranque escuchábamos Por meter entre mis cosas la nariz, Cada día, Muela la Muela, Cosita y El ganador canciones abordadas sin temor y sin pausa con una guitarra Stratocaster rugiente sonando a través de ese mesa boogie, como hace tiempo que ya nos tiene acostumbrados Rosendo. Había buena química, y aunque no suelen tener mucho movimiento en el escenario pudimos ver algún que otro bailecito de Rafa con Rosendo al más puro estilo Status Quo.  Llegados a este punto sonaba la conocidísima versión de No dudaría de Antonio Flores, consiguiendo que el estadio al completo coreara los versos míticos de esta canción.

El espectáculo seguía con canción tras canción y sonaban Cuándo, Cúrame de espanto, No son gigantes, Mala Vida, Y Dale, Soy, Amaina Tempestad y Vergüenza Torera, repasando algunos de los temas más recientes del maestro junto con temas de toda la vida. En ese momento Rosendo decía “Han sido muchos años…” y se me helaba el espinazo cuando escuchaba el inicio del riff de El tren de Leño. Es un tema al que le tengo mucho cariño, uno de esos que descubrí de pequeñito entre la discografía de mi padre, en el primer disco de Leño, y ahí estaba defendiéndolo como el primer día. Todos cantábamos el tema más fuerte que ninguno hasta el momento y las pantallas mostraban las vías interminables del tren, ese tren al que estamos tan ligados los que vivimos en Madrid, presos y libres entre los raíles.

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El tren abría la veda y empezaban a sonar todos los temas más emblemáticos y conocidos tanto de Rosendo como de Leño. Llegaba el turno de Flojos de pantalón y Masculino Singular, y el WiZink Center se caía. Seguía con Pan de Higo, Navegando y Agradecido, tema en el que aprovechaba para hacer eso, agradecer, volverse a despedir, dejando claro que no le gustan las despedidas, y que “quién sabe si nos volveremos a ver”. Durante la canción aparecía en las pantallas una recopilación de todas las portadas de los discos de toda su carrera, y tras ésta sonaban como bises, después de una prolongada ovación, Loco por incordiar, Maneras de Vivir, y finalmente Que desilusión, tras la cual Rosendo nos deseaba unas “Buenas noches” y un “ya no os digo nada más, pasadlo de puta madre”, como un cierre sin final que nos deja a todos soñando por que no sea cierto y no sea la última vez, aunque seguro que será difícil convencer al maestro. Cansado y agobiado por la vida en la ciudad, en la que confesaba sentirse atrapado, ha dejado Madrid y se ha mudado al pueblo burgalés de su mujer en busca de una mayor tranquilidad y sosiego.

Tras esta última fecha en Madrid, Rosendo ha cerrado la gira con dos días consecutivos llenando el Palau Sant Jordi de Barcelona el 22 y 23 de Diciembre.

Gracias por estos 45 años de Rock, Rosendo.

Sergio Ortuño.

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