Jueves 10 de julio, primera jornada de Mad Cool 2025, muchas luces y alguna pequeña sombra.
Textos y fotos: Víctor Moreno y Pedro Hernández.
Un año más acudimos a nuestra cita estival favorita, el Mad Cool madrileño que ya es universal. El cartel de 2025 contaba con unos cuantos pesos pesados como Muse, Weezer, Alanis Morrisette, Iggy Pop o los aclamados Nine Inch Nails, pero también nos trajo muchas agradables sorpresas y algún descubrimiento en los escenarios «cantera» (un término que nos gusta utilizar ya que muchos de esos grupos ocuparán los escenarios grandes en unos años).
Para esta edición 2025 contamos con un equipo de reporteros de lujo: Por un lado se une al equipo Mad Cool Victor Moreno, reconocido fotógrafo curtido en mil batallas y debutante en este festival, por otro Pedro Hernández habitual del festival desde sus inicios.
Son las 17h del jueves 10 de julio y esperamos nuestras acreditaciones, un proceso rápido y bien organizado que nos permite acceder a la carpa de prensa tras un periplo por el festival a unos agradables 40 grados. Por suerte hay espacios con aire acondicionado por el camino. Los patrocinadores nos obsequian con cremas solares, algún refrigerio, zonas de sombra, pistas de baile… ¡Bien!

Cargamos botellines de agua y empezamos la primera jornada.
MOTHER MOTHER
Víctor Moreno
Mi experiencia con el Mad Cool ha sido un vaivén de sensaciones, buenas y menos buenas, pero siempre desde la barrera y sin acreditación ni labor fotográfica. Esta edición 2025 la he vivido desde dentro, desde el foso, gracias a Rock Culture.
Gran parte de mi experiencia se ha centrado en los escenarios llamados pequeños, todos esos que no son los dos principales, pero que ocultan verdaderas joyas a plena luz del día y, tengo que reconocer, que me ha reconciliado bastante con los organizadores de Mad Cool y me ha dado un poco de fe en que el rock sigue vivo, aunque con visiones nuevas y diferentes.

A pesar de lo dicho, mi primera jornada en el recinto del festival madrileño arrancó en el escenario principal para cubrir a Mother Mother. La banda canadiense se encargo de dar el pistoletazo de salida al festival y lo hizo con sorprendente endereza y potencia, a pesar de ser las 18.00 y estar bajo un sol (y calor) de justicia. Reconozco que era totalmente ajeno a su música y que lo poco que sabia es que se trata de un combo que lleva remando desde hace años y que, como en muchas, ha convertido hacerse un hueco en lo más alto a través de redes sociales como TikTok y sus malditos temas ‘virales’.

Sea como sea, la propuesta del quinteto resulto ser interesante y provocó los primeros saltos y coreos entre los muchos espectadores que se acercaron valientemente al escenario Region of Madrid en busca de las primeras emociones o para coger sitio para los siguientes y esperados conciertos como son Gracie Adams y Muse. Mother Mother, por su parte, lo dio todo sobre el escenario y su repertorio, cantado a tres voces, con Ryan Guldemond como voz principal y las teclistas Molly Guldemond (es la hermana) y Jasmin Parkin como coristas de excepción, fue especialmente resultón.
Hay que destacar como especialmente relevantes y animados cortes como Verbatim, Arms Tonite o la muy viralizable/viralizada Hayloft II, que consta de una guitarra y un bajo machacante y un estribillo especialmente adictivo y fácil de recordar, que fue coreado por todos los presentes.
LEON BRIDGES
Pedro Hernández
Emprendo camino desde la carpa de prensa al Escenario Orange (por los teléfonos, no confundir con la marca de amplificadores de igual nombre), solo diré una cosa: Hace demasiado calor y soy de Murcia…
Leon Bridges es de Georgia, donde también pega «El Lorenzo» con fuerza. Ataviado con un gorro que esconde hasta sus ojos, comienza un concierto con tanta clase que resulta casi inoportuno en ese escenario a esa hora. Vale que por relevancia merece estar en uno de los escenarios top pero aquello era como ir a la playa con traje de corbata… Por poder se puede, pero no apetece. Pienso que este mismo concierto, en una carpa con aire acondicionado y un Mint Julep fresquito hubiese ganado mucho.

Coming Home sale a escena al poco de comenzar el concierto y suena maravillosa, pese a que pide ser escuchada en un club de R&B, a 40 grados con el sol de lado se indigesta un poco. El groove de la banda es maravilloso pero el cuerpo pide caña o siesta. Texas Sun suena oportuna, esto no se lo podemos negar. Con River soñamos con bañarnos en un Rio pero a estas alturas, si veo un charco, me tiro de cabeza.

La banda es un 10 rotundo. Musicazos de casta. Esta gente lleva el blues en las venas y han sabido «modernizarlo» sin renunciar a su esencia. El baterista es de esos que te hielan la sangre, que le ves que parece que no llega, pero llega, vaya que si llega. Como escribió Tolkien «un mago nunca llega pronto ni tarde, llega cuando se lo propone» y este tipo tiene mucho de mago. Tanto que el resto del concierto sólo tuve ojos para él.

Buen concierto, buen sonido, mala hora, escenario equivocado. Si vuelven por Madrid a una sala iré sin dudarlo.
ROYEL OTIS
Víctor Moreno
Tras tomar un rápido refrigerio en la carpa de prensa y respirar un poco de aire fresco, tocaba volver a la carga con el dúo Royel Otis, muy esperado entre el público que llenó la pista del Escenario Ouigo por primera vez en los tres días de festival. La verdad es que la expectación resultó cubierta y los australianos dejaron un grandísimo sabor de boca entre los asistentes.

Aunque muchos los describen como la banda de las versiones, teniendo en cuenta que gran parte de fama se la han ganado gracias a las efectivas covers de Murder in the Dancefloor (de Sophie Ellis-Bextor) y Linger (de The Cranberries), los chicos de Sydney demostraron que son algo más que eso y soltaron grandes descargas rock/pop/indie en forma de temas como Moody, I Wanna Dance with You o las muy interesantes Kool Aid y Foam. El plato fuerte llegó con Oysters in my Pocket, temazo por excelencia que se convirtió en el primer tema cantado a pleno pulmón por todo el público y que parece haberse convertido ya en una suerte de himno generacional.

Pocas pegas que ponerle al concierto, por no decir ninguna.
Los australianos aguantaron estoicamente ante el sol de justicia que cae sobre el tercer escenario de Mad Cool e hicieron lo que saben hacer: hacer bailar y cantar a los asistentes. Mi único pero es la hora escogida. Estoy convencido de que si su concierto se hubiera desarrollado unas horas más tarde habría roto aún más, pero esto es sólo una opinión.
CIRCA WAVES
Víctor Moreno
Sin tiempo para respirar, nos fuimos al Escenario 6 Mahou Reserva, una de las dos fabulosas carpas instaladas en el recinto de Mad Cool que acogía el concierto de Circa Waves. Los mal llamados ‘Strokes’ británicos sufrieron el mismo problema que Royal Otis, una programación demasiado temprana, pero dejaron claro que se les debe tomar más en cuenta al colapsar la entrada de la carpa y formando grandes colas delante de la misma al cubrirse el corto aforo y no dejarles acceder por razones de seguridad.

Los de Liverpool dejaron patente que lo tienen todo para dar el próximo gran salto adelante y convertirse en tu futura banda de indie rock de referencia: guitarras adictivas, una voz melódica y omnipresente y unas composiciones que se te meten en el cuerpo y provocan todo lo bueno que provoca la música electrónica, sin la parte mala, si ustedes me entienden.
Nunca había podido ver a Circa Waves en directo, pero lo que se intuía a través de las canciones escuchadas en Spotify como una de las bandas que descubrir en este Mad Cool 2025, se terminó confirmando como uno de los grupos más interesantes de la primera jornada. El cuarteto de Liverpool ha sabido recuperar todo lo bueno del indie rock británico y mezclarlo en una coctelera para crear un sonido propio. En su corta pero intensa carrera ya han producido seis interesantes discos, pero uno de sus primeros sencillos T-Shirt Weather, estrenado allá por 2015, y con el que cerraron el set de Mad Cool sonó igual de fresco que como si hubiera salido ayer. Circa Waves tiene que reventar definitivamente y, visto lo visto, es muy posible que suceda pronto.
GRACIE ADAMS
Pedro Hernández
Pasadas las 20h, iba a pisar por primera vez el escenario principal de Mad Cool en este 2025. La sensación de Deja Vu es importante, estaba tal cual lo dejé en 2024.
Reconozco que no soy fan de esta chica, y creedme que nada tiene que ver con el hecho de que su padre haya destrozado la saga de Star Wars, es simplemente que me parece una cantautora como cualquier otra de las que podemos encontrar en cualquier pub irlandés. No digo que no tenga talento, no lo pongo en duda. Es simplemente que yo no le veo ese valor diferencial que la encumbra a ocupar un lugar top en el cartel de Mad Cool.

Debo de estar equivocado, no cabe duda, porque sus seguidores son legión y, desde el foso, la vista se pierde sin ver el final del público. Las primeras filas repletas de adolescentes que parecían venir de muy lejos. Comienza el concierto y gritos y lágrimas y desmayos en las primeras filas. En 2025 sigue siendo muy duro ser fan.

Aquí me pasa un poco como con Leon Bridges, que el concierto pide sala, intimidad, poca luz y tal vez una Guinness pero a ver donde encuentras una sala para meter a cerca de cincuenta mil personas…
I Love You I’m Sorry enloquece al público, la escuchamos desde la lejanía mientras salimos a toda prisa porque al manager de la banda le ha parecido buena idea cambiar las normas y echar a los fotógrafos antes de lo acordado… Hacia a mitad del concierto, mientras sonaba Mess It Up falló una etapa de potencia en el escenario (esto es lo de las sombras que decíamos al comiendo del articulo) y tuvo que continuar en acústico paseando por el foso.

Reconozco que esto fue algo brillante, supo sacar petróleo de una crisis y los fans pudieron disfrutar (al menos los que estaban cerca) de algo único: Escuchar a su artista favorita sin trampa ni cartón, sonando con su guitarra acústica a pleno pulmón, y no lo hizo nada mal la verdad. En lo personal me recordaba a Ella Baila Sola pero en inglés, que todo parece sonar mejor en Inglés, por lo que sea… Hasta los «acordes de monja».
Bien por Gracie. Supo sobreponerse y en lo general fue un buen concierto.
BRIGHT EYES
Víctor Moreno
Una vez más, corriendo (parece que hicimos una maratón, pero no), nos fuimos a ver y fotografiar al siguiente artista en la lista que actuaba en el soleadísimo escenario 3, Bright Eyes. Una vez más, la oportunidad era única, teniendo en cuenta que los estadounidenses llevaban más de 10 años sin pisar tierras españolas. Aunque la expectativa era alta, tengo que reconocer que la banda liderada por Conor Oberst, me dejó algo frío y decepcionado.

Con esto no quiero decir que no ofrecieran una actuación sobresaliente, pero ni su selección de temas me convenció ni su manea de conectar con el público. De hecho, esto último primó por su ausencia.

Quizá Bright Eyes es una de esas bandas que no es capaz de afrontar festivales multitudinarios y es más efectiva en sala pequeña, con sus seguidores, aunque también queda claro que quizá sea la única manera de verles en directo por nuestras tierras. El caso, es que si tuviera que eliminar de mi mente uno de los conciertos de ese día, eliminaría a Bright Eyes, bien, pero sin más.
DEADLETTER
Victor Moreno
Tras la pequeña decepción de Bright Eyes llegó el gran descubrimiento del día, Deadletter. Ya se sabe, una de cal y otra de arena. Reconozco que no iba a asistir al concierto en el escenario 6, pero alguien, no recuerdo quién, me susurró eso de “tiene unas fotos brutales”. Así que sin tener ni idea de lo que me iba a encontrar, cogí la mochila y recorrí el caminito hasta darme de bruces con una de las bandas más llamativas del cartel.

Deadletter es una banda de post punk que mezcla todo lo bueno del estilo y desecha los sobrantes. Se les compara con Yard Act, Squid, Idles, The Fall y hasta con LCD Soundsystem, pero la realidad es que tienen una personalidad única y un sonido profundamente personal, liderado por unas sutiles guitarras, un omnipresente bajo, unas líneas de saxofón que se cuelan y sostienen la melodía y un frontman y cantante que marcará una generación. Zac Lawrence tiene esa voz grave esencial para acompañar este estilo y, sobre todo, una presencia tan intensa como la que tenía Iggy Pop en la época de los Stooges.

¿Mereció la pena ir por las fotos? Sí. ¿Descubre una de mis nuevas bandas a seguir con interés? Sin ninguna duda. Ojalá Deadletter vuelva pronto y les pueda redescubrir en sala (estuvieron el año pasado en el Café Berlín, según he visto).
IGGY POP
Pedro Hernández
Iggy Pop es «casa» en cualquier festival. Es ese lugar seguro. Ese concierto que sabes que no va a decepcionar. Nunca lo hace. Iggy es ese tipo al que le pegas 7 tiros y sigue en pie y baila y sonríe. Es un superviviente, una maldita estrella del rock de los de antes, de los que ya no quedan, y de los que seguramente ya nunca más existirán tras su marcha.

Salió pisando el escenario con la fuerza de un tifón, no tardó ni 3 segundos en arrancarse un chaleco de lentejuelas para lucir esa imagen icónica sin camiseta, esas arrugas maravillosas de Iguana, que digo de Iguana, de Gran jefe Iguana, de Iguana Alfa, de… P*to amo. Y cuando aquello parecía que iba a ser patada al micro y fiesta grande, puff, «gatillazo» de la etapa de sonido como ocurría con Gracie (solo que aquí duele más).

Es posible que las temperaturas extremas a las que estábamos fueran parte del problema. El caso es que, mientras lo intentaban (y conseguían) solucionar, Iggy tiró de tablas y nos regaló un show de poses y complicidad con el público donde estuvo cerca de «regalarnos» el ver al pequeño Iggy que tenía guardado ahí abajo. Por suerte le vino el conocimiento justo a tiempo y quedó en amago… Pensó que mejor hacer algunas poses… El pensador de Rodín, el Discóbolo de Mirón, la salchipapa de… Le faltó arrancarse por Chiquito de la Calzada y decir «jarr… Uno que llega…»
Seguramente otro artista habría cancelado, o se habría escondido durante los problemas técnicos, pero Iggy es de otra pasta y mantuvo el tipo y compensó con creces el tiempo perdido con un set list adpatado donde no faltó de nada y consiguió montar una fiesta de

antología. Fiesta que necesitábamos más que el agua después de los conciertos «chill out»
de Gracie Abramas y Leon Bridges a la hora de la siesta (benditas bebidas energéticas de cafeína).
Iggy está igual que siempre, canta, baila, provoca (porque puede y debe) y es una
maravilla verle. Mi recuerdo de verle en un festival en 1998 sigue vivo y no desentona con lo que veo ahora. Es Brillante. The Passenger es un himno. Lust for Life es religión. Y con I Wanna Be Your Dog salta al público mientras lo tienen que sujetar los miembros de seguridad. Este tipo es incontrolable y da gusto ver lo que es el rock de verdad, sin ataduras, lo que siempre debió ser y nunca debió dejar de ser.

Iggy te vamos a echar mucho de menos, te retiras porque quieres.
REFUSED
Víctor Moreno
Con tiempo para descansar y tras vivir desde lejos los apagones de sendos escenarios principales al final del set de Gracie Abrams y el inicio de Iggy Pop, nos fuimos a la penúltima actuación del día: Refused. Los suecos son un seguro de vida, una de esas bandas que no fallan sea cual sea la circunstancia en la que les pongas a actuar y lo demostraron una vez más en Mad Cool. En este caso, el problema al que se enfrentaron tenía nombre Muse y la coincidencia de su set con el de la banda liderada por Matt Bellamy provocó que la pista del multitudinario escenario 3 apareciera medio vacía casi entrada la media noche.

Sea como fuere, el cuarteto punk escandinavo que se encuentra embarcado en una suerte de gira de despedida ofreció uno de los mejores conciertos del día, con una intensidad inusitada. Refused revisó el conjunto de su carrera, pero insistió en los temas de su disco más certero y querido: The Shape of Punk to Come. De este último disco sonaron su tema homónimo, New Noise o Liberation Frequency, pero también se unieron las efectivas Elektra, REV001 o Pump the Brakes.

Aunque si merchandising ya lo había desvelado, el cuarteto sueco anunció antes de dejar las tablas del escenario Ouigo que volverían a Madrid y Barcelona a finales de octubre, en los que SÍ serán, sus últimos conciertos en España.
MUSE
Pedro Hernández
Muse entraron en el cartel como suplentes de lujo tras caerse Kings of Leon. Fue algo así como el Señor Lobo de Pulp Fiction: «soluciono problemas y conduzco a toda hostia». Y ya lo creo que sí.
Un ejercito de camiones detrás del escenario principal anticipaban que los británicos iban a montar «un buen sarao», y así fue. Desde el minuto uno, Matt Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard hicieron un «all in» y, sin darnos cuenta, estábamos rodeados de pantallas robotizadas, fuego y todo tipo de efectos visuales marca de la casa.

El setlist fue mas largo que el habitual de Muse para festivales y eso fue porque para Mad Cool trajeron el show completo, cosa que agradece. Hysteria sonaba poderosa, probablemente de sus mejores canciones. El sonido fue perfecto durante todo el show, tanto en primeras filas como en mesa como atrás, y es que Muse es un grupo que pone mucho foco en crear una experiencia excelente en el público.

Si me permitís poner un pero, tengo que citar el exceso de midi en todo el show, sonaba todo tan sumamente bien que por momentos me costaba encajar que era un concierto. Como que no me lo creía del todo… Y no es que le quite merito, son excelentes músicos pero, por ejemplo, Matt hace unos solos de guitarra increíbles sacando sonidos «marcianos» con un equipo que la mayoría de los mortales no puede ni soñar (ni pagar).

Pero claro luego está Tom Morello que hace algo parecido pero con una guitarra de 300 dólares y un Marshall como el que puedes comprar en cualquier tienda… No es que una cosa tenga más mérito que la otra, pero a mi Tom me deja siempre alucinando y Matt, que es increíblemente bueno, siempre pienso que el equipo es parte fundamental del sonido.
El que no deja indiferente es Christopher. Es un «animal» de las 4 cuerdas. Hay que ver todo lo que rellena el tipo para que su colega Matt pueda hacer de las suyas. Seguramente sea de los mejores bajistas de la historia si pensamos en un bajo distorsionado y con efectos. El tipo lleva el peso del concierto sin descanso, es un bulldozer.

Por su parte Dominic es un seguro de vida, el viejo fiel compañero que sabes que está ahi detrás, haciendo su trabajo de manera constante e impecable y facilitando que la banda suene con una pegada descomunal. Un lujo contar con alguien así en los tambores.

A mitad del show cae por sorpresa Plug In Baby y a Matt se le ve sonreír con los miles de personas que tararean el riff de guitarra que está tocando. Y es que es España con el «lolololó» y el «nananaaaa» nos cantamos lo que sea y, por algún motivo, a los artistas extranjeros les encanta. Estoy seguro de que si Hendrix hubiese tocado en España le cantamos el Purple Haze de principio a fin y acabamos con un «oeee oe oe oeeeeee».

Esta vez no acaban con Knights of Cydonia porque hay bises… bueno hay bises, más fuego, más luces y un castillo de fuegos artificiales. El concierto fue apoteósico, se lo han dejado muy difícil a Weezer, pero los angelinos son perros viejos y seguro que se guardan un as en la manga. Para allá que va mi compañero Víctor Moreno. Yo guardo las cámaras hasta mañana y me dispongo a disfrutar de Weezer con un poco de zumo de cebada bien merecido.
WEEZER
Víctor Moreno
El broche de oro estaba por llegar y no, no era Muse, sino que tenía un nombre diferente: Weezer. El combo estadounidense tenía la dura tarea de cerrar el festival, pero el cuarteto no se amedrentó y soltó todo lo que tenía a través de sus amplificadores. El set de Weezer apostó por la efectividad, por los grandes éxitos de la banda y efectuó lo que denomino un concierto de ‘hit tras hit’ y logró que muchos de los asistentes se quedaran en los pastos de Mad Cool hasta bien entrada la madrugada.

Rivers Cuomo y compañía son otra de esas bandas de las que hay que disfrutar cuando vienen por estas tierras, porque no es especialmente frecuente y ellos, conocedores de esta situación, se mostraron tan efectivos como todos los éxitos que descargaron sobre las tablas del escenario Orange (el escenario 2, para ser exactos).

Cuomo habla poco, en general, pero en esta ocasión se presento con gracieta incluida (soy ‘Rios’) y a los suyos y agradeció a los presentes su resistencia ante el cansancio para disfrutar de su set.

Todo, absolutamente todo lo esperado y deseado, sonó, desde My Name is Jonas hasta Hash Pipe, pasando por In the Garage, Beverly Hills, la insufrible pero adorada Island in the Sun o la eterna y necesaria Undone – The Sweater Song.

Desconozco cuando volveremos a poder disfrutar de Weezer en España, pero lo que me queda claro es que es una banda única, que lo da todo sobre el escenario, y que se merece todo lo que ha conseguido y conseguirá de ahora en adelante. Quizá no tengan el tirón que tienen en Estados Unidos, pero está claro que son unas verdaderas estrellas.
Conclusiones de la primera jornada:
Despedimos así la última jornada de Mad Cool con un importante cansancio, muchas horas muchos escenarios, pero al mismo tiempo con la satisfacción de saber que seguramente tengamos una de las crónicas más completa que haya publicada con grupos de todos los escenarios.
Lamentamos que algunos periódicos (de esos que ocupan hueco y casi nunca publican nada) hayan desperdiciado la oportunidad de contar todo lo bueno de este Mad Cool, centrándose solo en dos problemas técnicos puntuales, haciendo sangre con unos titulares amarillistas. Seguramente no hayan entendido nada de lo que significa montar un festival ni de lo que es el Rock and Roll. Shit Happens
Nosotros nos quedamos con la genialidad de la locura de Iggy, el brutal conciertazo de Muse con un sonido sublime y un espectáculo top o con la maravilla de concierto de Weezer que será uno de los más recordados en la historia de Mad Cool. Un Mad Cool sin aglomeraciones, aprendiendo de lo bueno de años anteriores y mejorando aquellos aspectos necesarios. Así sí.
Toca descansar y recuperarse para mañana.


















































