Veinte años después, Alter Bridge siguen siendo casa.

Hay bandas que escuchas en una época concreta y luego están las que se quedan contigo, las que te acompañan sin que te des cuenta, disco tras disco, etapa tras etapa. Alter Bridge es eso para mí, con Fortress ocupando un lugar casi intocable y con la sensación, en sus dos últimos trabajos, de estar moviéndose en terreno conocido. Por eso, enfrentarme a este nuevo álbum era hacerlo con cariño, pero también con cierta inquietud.

Alter Bridge no es un disco que busque un giro radical. Y, sinceramente, tampoco lo necesita. Con más de veinte años de carrera, la banda parece haber llegado a un punto de absoluta comodidad con lo que es. Mark Tremonti lo decía con bastante ironía en una entrevista reciente para Metal Hammer: «Lo importante es la música. No somos una banda que se centre realmente en la imagen… como puedes ver». Y esa filosofía atraviesa todo el disco. Aquí no hay poses, ni fuegos artificiales. Hay canciones.

Myles Kennedy también lo resumía perfectamente en esa misma conversación: «Mantenemos intactas ciertas características distintivas, pero hemos decidido no sorprender demasiado a nuestros fans». Y se nota. Es un disco que se apoya en su identidad, sin forzar nada y sin querer demostrar nada a nadie.

Silent Divide abre el álbum dejando claro el camino (reconocible desde el primer segundo): directa, con ese equilibrio tan suyo entre agresividad y melodía. Es una de esas canciones que no necesitan demasiada explicación. Lo mismo ocurre con Rue The Day, que se va ganando el sitio poco a poco y acaba siendo uno de los grandes momentos del disco.

 

A lo largo del álbum hay temas que encajan como piezas de un puzle que ya sabes montar: Power Down, What Lies Within, Playing Aces. No buscan sorprender, pero funcionan. Se sienten cómodos, seguros y escritos por una banda que sabe exactamente quién es y cómo quiere sonar.

De hecho, Mark comentaba que la idea inicial era hacer un disco más agresivo, con canciones largas y narrativas, al estilo de Blackbird, casi como pequeñas historias. Pero, como él mismo reconocía, puedes planear todo lo que quieras y luego las canciones llegan como quieren. Y eso se percibe en cómo el álbum va encontrando pequeños matices dentro de su propia fórmula. Trust In Me destaca por ese juego vocal en el estribillo, con Tremonti ganando protagonismo y llevándonos inevitablemente a su universo más personal. Y Tested And Able vuelve a confirmar que el tema cantado por Tremonti en cada disco suele ser algo especial. Hay una complicidad preciosa entre voces, un crecimiento muy natural y un solo final que entra justo donde tiene que entrar.

Y entonces llega Hang By A Thread, la balada. Desde el primer acorde es imposible no pensar en Watch Over You. Myles vuelve a ese lugar donde su voz no necesita empujar, sólo contar. Curiosamente, esta canción no estaba en los planes iniciales. Mark no quería baladas para este disco, pero Myles llegó con una demo tan buena que no había forma de dejarla fuera. Es una canción que se siente cercana, vulnerable, de esas que sabes que en directo van a doler un poquito más. Inevitablemente, uno ya se imagina dos taburetes en el escenario y el público conteniendo la respiración.

 

El cierre con Slave To Master es, probablemente, el momento más ambicioso del álbum. Más de nueve minutos que no buscan un impacto inmediato, sino ir construyendo algo grande poco a poco. Es densa, oscura y muy emocional. De esas canciones que te obligan a escuchar hasta el final. Y cuando termina, todo tiene sentido.

Alter Bridge no es un disco pensado para redefinir nada. Tampoco intenta competir con Fortress o Blackbird, y quizá ahí está su mayor acierto. Es un álbum que se siente honesto, hecho desde un lugar de seguridad y madurez. No me ha sorprendido como lo hicieron otros en su día, pero sí me ha recordado por qué sigo aquí.

Dentro de unas semanas los volveré a ver en directo y sé que muchas de estas canciones van a crecer ahí, como siempre pasa con ellos. Barcelona y Madrid volverán a ser testigos de una banda que entiende el escenario como una extensión natural de sus discos, de canciones que ganan cuerpo, emoción y sentido cuando se comparten en una sala. Porque, al final, Alter Bridge es esa banda que nunca deja de estar, la que vuelve una y otra vez. Y cuando una banda consigue eso, ya da un poco igual todo lo demás.

8 de febrero de 2026 – Barcelona, Razzmatazz 1
12 de febrero de 2026 – Madrid, Palacio Vistalegre Entradas disponibles en Madness Live