Hay muchas cosas que se pueden prever cuando se asiste a un festival, pero lamentablemente el clima no es una de ellas. De todos los Rock am Ring que llevamos a cuestas, este ha sido el más complicado de cubrir en términos meteorológicos. Una noche marcada por lluvias intensas y un frío persistente que nos acompañó hasta el cierre del sábado 7. Una vivencia en sí misma.
El día comenzó con fuerza gracias a Still Talk, quienes inauguraron el Orbit Stage. Estos chicos, que vienen teloneando a Rise Against en Alemania, no fueron una sorpresa para quienes ya los conocían. Cada canción era coreada a todo pulmón por un público entregado. Un auténtico descubrimiento para abrir la jornada.
Desde el Mandora Stage, presenciamos uno de los conciertos más esperados –quizás, de mi vida–. Tuvieron que pasar exactamente veinte años para que Kittie regresara con material nuevo. Tras la pérdida de Tish, la banda hizo una pausa definitiva que sellaron con el show de reunión Origins/Evolutions, un DVD que parecía marcar el cierre de un ciclo, sin señales de retorno. Pero Fire reavivó nuestras esperanzas, y ahí estábamos, presenciando uno de los pocos conciertos actuales de las canadienses. A las hermanas Morgan no se les notan los años encima: si bien dejaron atrás los tiempos de adolescentes, el alma de la banda permanece intacta. En el poco tiempo que tuvieron, nos introdujeron en esta nueva era con temas recientes, pero también hubo espacio para la nostalgia: Oracle, Spit y Brackish retumbaron en Nürburgring igual que hace 25 años, cuando debutaron en Rock am Ring.

Tras ese golpe de nostalgia, dimos paso a nuevos nombres para nuestra playlist. Uno de los más esperados a título personal: IMMINENCE. La fusión del metalcore con instrumentos clásicos genera una mezcla irresistible que nos deja rendidos a sus pies. Todo está cuidado al detalle, con una meticulosidad sueca que convierte su espectáculo en una experiencia inmersiva difícil de igualar. Abrieron con Temptation, lo único que sonó del álbum Heaven in Hiding; el resto del set se centró en The Black, el sello discográfico de la banda y hogar de joyas como God Fearing Man. Es una agrupación que definitivamente se luce más en una sala cerrada que en un formato Open Air, pero con el ritmo que llevan, no tardarán en aterrizar por España.

Corrimos hacia el Utopia Stage mientras la lluvia nos alcanzaba lentamente. No fue hasta que Skillet apareció en escena que el chaparrón se desató con toda su fuerza sobre el anillo de coches. La forma más mágica de comenzar un bolo, sin lugar a dudas. No siendo fan confeso de Skillet, debo admitir que me sorprendieron gratamente. La energía que desprenden en directo atrapa incluso al más escéptico. Los últimos premios recibidos por la banda avalan la calidad musical que despliegan. La combinación vocal de John Cooper y Jen Ledger te sumerge en una oleada imparable de movimiento. Música hecha para festivales y para provocar el caos. Nos quedamos con ganas de más; esperamos volver a verles pronto.

Lo de Spiritbox fue una catarsis total. Hemos visto a la banda pasar por todos los escenarios de este festival en apenas unos años, hasta llegar a lo más alto. Es un orgullo ser testigos de su evolución y de la consolidación de una banda con tanto potencial. Repasaron buena parte de su discografía, incluyendo álbumes y EPs, sin dejar a nadie indiferente. Como era la tónica del día, un poco de lluvia acompañó la velada, haciéndola aún más memorable. Desde Fata Morgana hasta Jaded, fue una montaña rusa emocional. La delicadeza de Secret Garden nos cautivó a todos, mientras que Circle With Me desató pogos instantáneos, retransmitidos al mundo entero.

Corrimos para alcanzar a Future Palace, pero a mitad de camino me atrapó la tormenta y tuve que refugiarme en el Orbit Stage hasta que amainara. Solo tres fotógrafos sobrevivimos a esa experiencia extrema. Se tomaron pocas fotos porque el riesgo de dañar el equipo era altísimo. Sin embargo, los fans de la banda alemana no dieron un paso atrás y aguantaron todo el show bajo la lluvia. Lamentablemente, lo viví desde el escenario, tratando de proteger mis cámaras lo mejor posible para poder continuar con el resto del festival.
Heaven Shall Burn desplegó todo su arsenal escénico en el Mandora Stage, pero para nuestra sorpresa, solo interpretaron un tema. Marcus Bischoff se vio obligado a cancelar el concierto debido a un problema grave en el cuello que requirió atención hospitalaria inmediata. Justamente en su tierra natal, y por el respeto que siente hacia su público, hizo el esfuerzo de salir al escenario y dar lo mejor de sí. Pero lamentablemente, a pesar de su determinación, el show fue cancelado. A veces, Rock am Ring nos ofrece sorpresas inesperadas, pero ninguna tan impactante como esta.
La siguiente decisión fue difícil: In Flames o Kontra K. Me incliné por el segundo, ya que el rapero alemán es un imán sobre el escenario. Además, una de las virtudes de este festival es su diversidad cultural y estilística, donde el rap y la electrónica ocupan un lugar cada vez más fuerte. Kontra K, un “gangsta” alemán con letras de fuerte contenido social y personal, se ha ganado su lugar entre los grandes gracias a sus espectáculos extravagantes y su perseverancia. Su ascenso en los rankings y su presencia como uno de los headliners más codiciados de Rock am Ring lo dicen todo.
Cerré mi jornada fotográfica con Rise Against, otro de los infaltables que repiten siempre que pueden en el Ring y el Park. A Tim McIlrath no le pasan los años, al igual que Joe Principe, las dos grandes fuerzas detrás de este punk rock combativo. Con el puño en alto, nos ofrecieron su dosis de lucha social y energía sXe con un show arrollador y la conexión inquebrantable de Tim con el público.

Y ya sabemos: los headliners son los headliners. Slipknot marcó un antes y un después en esta edición del festival. El RaR los ha visto crecer en todas sus etapas, y este concierto, repasando tanto clásicos como temas más recientes, tocó la fibra del público. Lamentablemente, una emergencia familiar obligó a Clown a abandonar el festival a pocas horas del show, pero Corey Taylor no perdió ocasión de recordarlo y rendirle homenaje desde el escenario.
Más de una hora de energía pura y temas emblemáticos: esa es la definición más precisa que podemos dar. Una dosis de nostalgia mezclada con un sonido crudo que da cátedra de lo que significa ser un verdadero cabeza de cartel. Mención especial a nuestro Eloy Casagrande, cuya precisión rítmica nos voló la cabeza en cada golpe. Quizás, la mejor incorporación que ha tenido Slipknot en años.
Metal en su máxima expresión. A pesar de la ausencia de Clown, su presencia se sintió en cada momento. Su escenografía, inigualable. Su teatralidad, insuperable. Una experiencia que traspasa la ficción y se graba para siempre en la memoria.

































































