El pasado sábado 5 de abril la Sala Zulu de Aldaia fue testigo de una noche muy bestia, de esas que te hacen sentir que has estado en algo más que un concierto. Dos bandas, dos mundos completamente distintos, y un público entregado que se dejó llevar por cada golpe de batería, cada grito y cada detalle sobre el escenario. Abrieron Salduie, y cerraron Mind Driller. Dos formas de entender el metal, pero con algo en común: las ganas de ofrecer algo único.
Salduie: metal con alma celtíbera
Los zaragozanos Salduie fueron los primeros en pisar el escenario con su propuesta de folk metal bien arraigada en las culturas prerromanas de la península. Y no es solo un concepto, lo llevan a escena con una seriedad y un respeto que se agradece. Su setlist fue un recorrido por toda esa mitología celtíbera que reivindican: DVATIR, Los fuegos de Belenos, El canto de las madres, Numancia o Hidromiel, entre muchos otros.


Hubo momentos muy especiales, como el ritual que realizaron los dos vocalistas en El agua del tejo, que consiguió crear un ambiente casi mágico, o ese brindis colectivo con hidromiel durante Hidromiel, donde el cuerno pasó entre el público como en una ceremonia ancestral. Pequeños gestos que convierten el directo en una experiencia inmersiva, más allá de la música.


Sonaron potentes, bien empastados, con un directo sólido y muy cuidado. Y personalmente, me gustó mucho. Da gusto ver bandas que cuidan tanto su propuesta, que tienen claro lo que quieren contar y cómo quieren hacerlo. Salduie no solo vino a tocar, vino a transportarnos a otra época.


Mind Driller: distorsión, máscaras y espectáculo industrial
Y si Salduie nos conectó con nuestras raíces, Mind Driller nos lanzó de lleno al futuro más distópico. Su propuesta de metal industrial con claras influencias alemanas (incluso incluyen partes de las letras en alemán) es una auténtica apisonadora. Cada canción fue un espectáculo en sí misma, y no solo en lo musical.




Hubo cambios constantes de máscaras, juegos de luces sincronizados con la música, uniformes blancos que reforzaban toda su estética visual… Todo pensado para impactar. Fue un show contundente, oscuro y elegante al mismo tiempo, que iba mucho más allá de lo sonoro. Temas como Game Over, Psycho, Happy Hunting, A.I. o Ich bin anders dejaron claro que esto no va solo de tocar fuerte, va de crear una atmósfera, de dejarte clavado mirando al escenario sin saber qué vendrá después.


Mind Driller no es una banda que se limite a tocar canciones. Lo suyo es una performance completa, donde el sonido y la imagen se mezclan para generar algo muy potente. Distinto, inesperado, impactante.


Una noche para recordar
En resumen, lo del sábado en la Sala Zulu fue una de esas noches en las que sales con una sonrisa y la sensación de haber viajado en el tiempo. Salduie nos llevó al pasado con su metal celtíbero, transportándonos a un mundo prerromano lleno de misticismo y tradición. En cambio, Mind Driller nos lanzó al futuro, sumergiéndonos en un universo industrial distópico, frío y poderoso. Dos bandas, dos viajes en el tiempo completamente diferentes, pero con algo en común: una dedicación absoluta por sus propuestas, no solo musicales, sino también visuales. Es un placer ver que las bandas se esfuerzan tanto en crear experiencias completas, donde cada detalle cuenta para envolver al público en su universo.
Una noche de contrastes, de emociones y de mucho metal, que deja claro que el directo sigue siendo la mejor manera de conectar con las propuestas de estas bandas.







