La banda australiana repasó casi íntegramente Wolfmother en una noche de rock clásico y pura energía.

El pasado 23 de julio, mientras Valencia se derretía bajo un calor de justicia, cruzar las puertas del Roig Arena y sentir el aire acondicionado fue casi el primer gran triunfo de la noche. El contraste era de lo más curioso: a escasos metros, los Pet Shop Boys congregaban a su legión de fieles entre sintetizadores y himnos electrónicos; aquí, en cambio, la receta era mucho más sencilla: guitarras saturadas, amplificadores al límite y rock de la vieja escuela.

La gira tenía una excusa de peso: celebrar los veinte años de Wolfmother, el álbum con el que Andrew Stockdale y los suyos irrumpieron en la escena internacional reivindicando el hard rock de los setenta para una nueva generación. Y la propuesta fue exactamente lo que cabía esperar de los australiano: un trío clásico, sin pantallas gigantes ni artificios, dispuesto a dejar que las canciones hablaran por sí solas.

Ciclonautas fueron los encargados de abrir la velada, volviendo a demostrar por qué son uno de los tríos más sólidos del stoner nacional. Su sonido, denso y musculoso, calentó motores a la perfección. El mejor detalle llegó después de su actuación: lejos de desaparecer entre bambalinas, Mai Medina y los suyos bajaron a la pista para disfrutar del concierto de Wolfmother mezclados entre el público, como unos aficionados más.

Con los australianos ya sobre el escenario, no hubo tiempo para presentaciones ni discursos. Catorce canciones enlazadas sin un solo respiro, un auténtico puñetazo de rock de principio a fin. El arranque fue demoledor, recurriendo a las 3 primeras canciones de su álbum debut: Dimension abrió la descarga con toda su electricidad, White Unicorn aportó sus cambios de intensidad y Woman terminó de poner al Roig Arena patas arriba. Escuchar este último tema en directo fue un viaje instantáneo a mediados de los 2000; para muchos sigue siendo imposible no asociarlo a aquellas interminables partidas al Guitar Hero II.

Foto: @susopardal

El repertorio estuvo claramente centrado en aquel primer disco, del que sonaron once de sus trece canciones.  La psicodelia de Mind’s Eye, el groove pantanoso de Apple Tree o la contundencia de Colossal, construida sobre riffs que beben directamente de Black Sabbath. No fue un concierto de grandes coros colectivos, pero sí de un público completamente entregado, coreando cada riff y manteniendo la intensidad durante toda la noche.

El tramo final elevó todavía más las revoluciones con New Moon Rising y California Queen, antes de desembocar en el momento más esperado del concierto. Joker & the Thief, probablemente la canción más reconocible de Wolfmother, impulsada también por su presencia en numerosas bandas sonoras, anuncios y videojuegos, desató una inmediata lluvia de móviles en alto nada más comenzar el riff inicial. Stockdale, además, se permitió uno de los pocos gestos de complicidad de la noche al coger el teléfono para grabar al público mientras seguía descargando riffs sin perder el compás.

Foto: @susopardal

Para el bis quedó reservada Love Train, antes de despedirse con una explosiva versión de Rock and Roll, de Led Zeppelin. El Roig Arena respondió coreando el inconfundible «lonely, lonely, lonely…», poniendo el broche a una noche de riffs, volumen y rock. Veinte años después, las canciones de Wolfmother siguen golpeando con la misma fuerza que cuando irrumpieron para recordar al mundo que el hard rock todavía tiene mucho que decir.