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Reseña de «IV» de Lucifer (2021)

Lucifer IV

 

Lucifer – IV | ¿Cuestión de caer en tópicos o perspectiva?


Sus inicios se remontan a un lejano 2015 en el que buscaban ese sonido a lo Black Sabbath o Coven. En su último disco que parecen derivar hacia un hard rock más setentero con aromas a Heart o a Fleetwood Mac. Aprovechando que se acercan a la Península el próximo 2022 quisiera dejaros mis impresiones sobre su más reciente lanzamiento hace apenas unos días. La carismática vocalista Johanna Sadonis y el reconocido Nicke Andersson (Entombed, ex-The Hellacopters o Imperial State Electric) nos traen un atemporal retorno a los setenta más oscuros.

No parece darles demasiados quebraderos de cabeza el darle un título a sus respectivos álbumes, además de los guiños a la vieja escuela. Iniciada la pandemia, apenas un año más tarde del III han sacado su nuevo larga duración titulado IV. Al tener a su disposición el estudio de Nicke y debido al Covid tuvieron que dejar atrás las giras decidiendo ponerse a grabar.

El videoclip de Bring Me His Head está lleno de referencias y es todo un homenaje a Carrie la clásica adaptación al cine de la primera novela de Stephen King.

Si algo tienen en común los discos de Lucifer es que siempre acaban abordando temas parecidos; desde la muerte, el amor, el sentimiento de pérdida de algún ser querido, temas que nos afectan directa o indirectamente y los cementerios. El concepto de la banda no es precisamente cerrado pero sí que suele seguir una temática similar.

Archangel Of Death y Wild Hearses se ocupan de abrir un disco prometedor con riffs muy «sabbatheros» como si hubieran recuperado la faceta doom de la primera etapa de la banda. Podemos analizar la portada, ya que está llena de simbolismo y representa a una bruja en una cruz. Simboliza la lucha diaria contra el sexismo, una imagen provocadora para generar impacto a la gente y que les suscite ciertas preguntas a quienes vean esta portada. De hecho, la canción Crucifix (I Burn For You) siendo uno de los momentos que más reveladores del disco donde se nota la mano que tiene para componer Nicke Andersson.

Los teclados dan esa calidez y sonido añejo de las composiciones junto a las pesadas líneas de guitarras en temas como Louise o Cold as Tombstone, precedido por The Funeral Pyre o Nightmare. Johanna conoce demasiado bien sus dotes como vocalista y se defiende muy bien en los estribillos de Mausoleum. Para finalizar, con Orion y Phobos pasamos de la sensación de misterio con punteos de guitarra que recuerdan a los de Ritchie Blackmore en Deep Purple o Rainbow.

Un disco muy disfrutable, resultón y tratado con bastante mimo en el que la química de sus compositores es fundamental cuando los ingredientes son los adecuados. Si hay algo que admiro de este tipo de bandas y artistas es que no se rigen por sonar «moderno y fresco» porque el baremo de hacer lo que realmente te plazca y no adherirte a una opinión generalizada o moda sin plagiar actitudes de según quien parece que cotiza. Sé tú mismo, el mérito real es darse a conocer por aquello que disfrutes y, por supuesto, se te identifique por ello.

¿Es esto una cuestión de actitud? Por supuesto que sí.
Y no menos importante, de buen gusto también.