El tan esperado concierto de Black Flag en Madrid no defraudó. Los temas de la banda Hermosa Beach siguen siendo tan afilados como siempre y Gregg Ginn (único miembro original de la formación) y Mike Vallely (el cantante más longevo del grupo) ofrecen una actuación sobresaliente. Sin embargo, hay que reconocer que esta fue una noche rara, de contrastes, una noche de comparaciones, de críticas y de situaciones llamativas (ahora os cuento) y otras un tanto irónicas.
Vayamos por partes. El arranque de la velada estuvo a cargo de Último Rekurso y Nitropollo. Tras ellos, le llegó el turno a Total Chaos. La banda de hardcore punk hizo lo que mejor sabe hacer, subir el volumen lo más alto posible, tocar y cantar rápido e intentar cambiar el mundo mediante discursos revolucionarios enunciados desde un escenario convertido en púlpito. El único problema: los oídos que reciben estos alegatos son oídos convencidos, que llevan años tratando de cambiar las cosas, aunque ahora curran 8 horas cada día y dejan su abrigo en el ropero, mientras pagan cervezas a seis euros cada una.
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A pesar de todo, Total Chaos dejó momentos gloriosos con temas como Riot City (con el que cerraron la noche), Street Punx, Police Rat, Running With The Youth o Punk No Die.
Entre las situaciones llamativas hay que destacar la más rara a la que me he enfrentado en los últimos años: que la banda principal (Black Flag, en este caso) te acredite al bolo, pero te impida llevar tu cámara para inmortalizar el evento. Todo muy punk y un poco raro. La banda se niega a que haya cámaras profesionales, pero permite la grabación de vídeos y la realización de fotos con smartphones. Conclusión, sólo quedaba hacer fotos con el móvil… y el resultado no podía ser peor. Lo más claro que saqué de esta noche con Black Flag, es que tengo que cambiar de smartphone, porque el mío tiene una cámara nefasta. Todo muy punk, ¿o no?
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Pero volvamos al cuarteto californiano, verdadero protagonista de la noche. Pues bien, tras sonar el primer y el siempre muy acertado Can’t Decide empezó el cuchicheo entre el público. «Esto no es Black Flag, es una banda tributo» y «Con Henry Rollins sonaba mejor» fueron los discursos más repetidos e insistentes. Pues bien. Yo no entro a comentar si Black Flag es o sigue siendo, Black Flag (¿o no?), nunca les vi entre el 76 y el 86. Tampoco disfruté de Black Flag con Henry Rollins de frontman. Pero lo que sí sé es que vi un muy buen concierto, en el que tuvieron presencia temas esenciales de mi adolescencias como Black Coffee, Six Pack, Slip It In o Gimmie Gimmie Gimmie, el grupo sonó mejor que nunca y el cantante formó parte integrante de una banda compacta.
Para cerrar el debate diré Vallely puede tener menos glamour que Rollins, pero es igual de efectivo. Además, no olvidemos que Rollins no es el único, ni el primer cantante de Black Flag, banda por la que han pasaron igualmente Keith Morris, Ron Reyes y Dez Cadena. Ver a Black Flag en directo y corear sus estribillos una vez en la vida es toda una experiencia. Punto y final.


