El Drogas y la retórica de seguir viciados a esto.

Ir a un bolo de El Drogas es como quedar con ese colega que viene a tu ciudad de vez en cuando. Antes de sentarte en la barra del bar ya sabéis las batallitas que vais a recordar. El tiempo pasa volando, tu colega se larga y tu te quedas pensando, ojala todo fuera asi de fácil en la vida.

Me pasan el setlist, más de 30 temas, ese que levanta alguna ampollita, el que empaña alguna pupila, la que acaricia alguna cicatriz interna casi cerrada y recuerda eso y aquello que pasó aquella vez en aquel lugar. Básicamente las cosas hermosas que suceden mientras escuchas a Barricada y a El Drogas. No hay otra forma de llenar dos noches seguidas La Riviera en pleno San Isidro madrileño.

Tras un negro telón que parecía esconderlos aparece una sombra facilmente reconocible con un megáfono, La Tarde. Salen como si nada pero con todo y con Problemas abren mi cajón de recuerdos que hacen que te sientes en el suelo con las piernas cruzadas a prestarles la atención que merecen.

Afronta Enrique Villareal cada actuación como un acto de convencimiento. La absoluta solidez de esa banda que lo acompañaba es seguridad y una suerte para todos los que gira tras gira, año tras año, acompañamos a los navarros en esta interminable aventura.

Tras Esto es una noche nos saluda y cae ese primer a gusto. Hemos arrancado bien, ahora toca lo más denso nos dice, se cuelga la acústica para Collar abandonado, y ese camino de regreso a casa. Ojalá para Cordones de mimbre la sala hubiera estado en silencio para no haber perdido detalle.

 

No se olvidó del pueblo saharaui con Puede ser, Flako y Txus escondidos en esas luces blancas se acercaban en los solos, a Nahia casi ni le veíamos, si se le escuchaba bien si.. A muerte con la educación pública fue la presentación de Los maestros.

Queramos o no, son los himnos de Barricada los que nos levantan y nos liberan, Deja que esto no acabe nunca fue el principio de mi afonïa del resto del finde semana, nos cuenta que paseando por Gran Vía se daba cuenta de lo que había cambiado y que menos mal que tuvimos los 80. Cantando una estrofa del Hoy no me puedo levantar, cae la broma de que en los conciertos de Mecano el gesto con los mecheros era hacia arriba mientras que en los suyos estaban hacia abajo.

Escucho La hora de carnaval y pienso que no fueron suficientes veces las que vimos a la banda. 24d casi la recita, Asï es comprobar que hemos vivido demasiadas cosas como para fingir entusiasmo. Campo Amargo, todavía queda algo de nosotros en ella, la mala hostia.

Con dos bastones nos cuela Tentando a la suerte, con dos cojones un Barrio Conflictivo de flipar. Se cuelga otra vez la acústica para dedicar Sin Lampara a la sanidad pública.

Frío ya me deja casi sin voz y pensando que aún quedaba rato para acabar. La gentil hostia final arrancaba con la mítica Todos mirando. Aprovecha la exagerada Okupación para recordar el genocidio. El Drogas se queja de que antes parecía que tenía tres pulmones y ahora…a mi parecer, no está como entonces, pero la evolución es como para que siga en los escenarios. El clásico de Txarrena no podía faltar, Azulejo Frío sirve para presentar a la banda, buena gente.

Desaparecen antes de volver a matarnos con el resto de himnos que no suenan en la entregada sala no, se abren para nosotros revirtiendo nuestras moderadas a ese pasado, imaginad las que quedaban, pues justo esas tres y tal cual se gozaron como merecen y sabemos,

En la despedida era como que El Drogas no se quería marchar, quería seguir compartiendo eso, disfrutando de nosotros.

Que la memoria siga viva, que esos «a gusto» sigan rebotando en el techo de cualquier sala, que su intensa calma nunca se desvanezca y que siga siendo nuestro testigo y nuestro juez musical.

El respeto no se mendiga, se gana, El Drogas lo tiene