Siempre que alguien me pregunta si tengo planes, sea el día que sea, la respuesta casi seguro será: ir a un concierto. Podría decirse que roza la obsesión, pero es que me flipa vivir la música en directo. Este año he ido a menos que en 2022 y, aún así, cuando cuento que entre festivales, estadios y salas he asistido a 48 shows en directo, la gente me mira extraño. Me siento realmente agradecida de haber podido disfrutar de todos los artistas que he visto este año, de la gran oferta musical que hay en mi ciudad y de haber tenido la oportunidad de incluso viajar fuera. La cosa ha estado muy reñida, ya sea por la música, el espectáculo o todo en conjunto y esto ha permitido que en 2023 haya podido vivir momentos verdaderamente mágicos. Os hago un breve repaso por las fechas más importantes del año:

5. Epik High (09/02/2023)

Este año tuve la oportunidad de ver en Copenhague a una de las bandas más míticas y a quienes se les podría considerar unos de los padres del rap coreano: Epik High. Su paso por Europa no es nada nuevo, pero el número de ciudades siempre es limitada así que verlos en directo es mucho más complicado si no resides en la zona centro, de ahí que tuve que viajar allá donde quedaban entradas. En una sala bastante pequeña para lo que habitúan, la energía del trío coreano –que lleva 20 años en la escena musical– era envidiable y la cercanía y complicidad con el público hizo del concierto una especie de quedada multitudinaria en la que hubo intercambio de regalos, fotos con el público y momentos bastante graciosos. En cuanto a la música, al ser parte de la gira de grandes éxitos, tocaron temas que apenas tenían unas semanas como On My Way y Strawberry; y otros más antiguos como Fly (un verdadero sueño vivir esta en directo, pues fue la primera canción coreana que escuché en mi vida allá por 2010), One y Don’t Hate Me, con las que el público se desató coreando las letras y saltando a pie de escenario.

4. Viva Belgrado (14/04/2023)

La primera vez que vi a Viva Belgrado en concierto me había puesto mala y entre la iluminación estroboscópica (irónico que sea fotosensible y me flipen los directos y los shows de luces), los gritos desgarrados de Cándido y los pogos que inevitablemente te arrastran en la pista y zarandean de un lado a otro aunque tú intentes salir: el concierto fue pesadillezco en muchos sentidos. Me moría de ganas de volver a verlos bien y dio la casualidad que anunciaron un concierto en Madrid el 14 de abril, ¡el día de mi cumpleaños! Lo diré: le eché mucha cara y contacté con ellos por Instagram para pedirles que tocaran Osario como regalo de cumple aunque no esperaba que pasara realmente, sabía que era una canción que ya no tocaban. Cuando llegó el final del concierto y empezaron a sonar las primeras notas de la canción no me lo podía creer. Con o sin aquel tema, fue un bolazo desde el minuto uno, con momentazos increíbles como Cándido dejándose la garganta en Ravenala, sin micrófono y acompañado por un tímido instrumental.

3. Damien Rice (30/07/2023)

Le regalé a mi madre una entrada para Damien Rice en Noches del Botánico porque me apetecía mucho ir con ella a un concierto y verla flipar tanto como yo. Lo que no sabía es que el verdadero regalo me lo hice a mí misma porque no era consciente de lo importante que iba a ser para mí aquel directo bajo la luna llena de agosto. Y es que absolutamente todo fue perfecto: la voz de Damien, su guitarra, el chelo de Francesca Barreto que perdió una cuerda a medio setlist, el tímido foco que iluminaba el austero escenario, la luna completamente redonda mirándonos desde arriba en aquella noche de verano donde el calor, por primera vez en semanas, nos dio un pequeño respiro. El setlist fue impecable y exquisitamente desgarrador (aunque él admitió que realmente no llevaba uno preparado), como toda la discografía del irlandés, quien se sentó al borde del escenario a charlar con el público como si nos conociésemos de toda la vida. Aceptó peticiones de canciones que tocó con cariño y gran mimo y orquestó un coro entre todos los asistentes que fue, indudablemente, el momento más mágico de la noche. Lloré con Older Chests. Nos pidió que nos levantásemos de nuestros asientos y que nos acercásemos al borde del escenario para acompañarle mientras tomaba vino y vomitaba los versos de Cheers Darling. Fue un agridulce adiós al verano.

2. Parkway Drive – Resurrection Fest 2023 (01/07/2023)

Para mí, el Resurrection Fest fue la primera vez de muchas cosas. Viajé de Madrid a Viveiro en aquel infernal bus –viaje que se me hizo eterno– y me planté en un piso compartido con una chica que acababa de conocer unas semanas antes a través de Twitter. Iba a la aventura, sin expectativas. La gran mayoría de conciertos fueron increíbles (Slipknot, Ghost, Architects) pero el que más me marcó fue el de Parkway Drive. La puesta en escena fue una locura: las luces, el fuego que se comía el escenario, los cambios de vestuario. Pero la música, la música fue otra cosa. El setlist ya desde la primera canción hizo enloquecer a un público totalmente entregado, que estuvo surfeando en el pit como si estuvieran cazando olas en Australia. Aunque fue un show que llevaban haciendo en numerosos festivales, vivirlo en primera persona no tiene nada que ver con verlo en YouTube y es que no solo los momentos más emotivos como Darker Still –con sus violines, luces bajas y un Winston derrotado– te ponían los pelos de punta, sino que incluso canciones más hardcore como The Greatest Fear o Shadowboxing conseguían atraparte en su epicidad. Era la última noche del festival y había que cerrar por todo lo alto, pero ellos no contaban con el aliado que tuvieron y es que que estuviera lloviendo toda la noche hizo de aquel concierto algo aún más especial porque el manto fino de agua se veía brillar con las luces y el fuego y, fue, simplemente, precioso. 

1. Sleep Token (05/12/2023)

Me cuesta poner en palabras lo que ha sido ver a Sleep Token. Después del tremendo chasco que me llevé cuando cancelaron su visita al Resurrection Fest 2023, me propuse ir a alguna fecha europea ya que volver a España parecía prácticamente imposible. Elegí Múnich en diciembre, sin imaginarme lo que eso podría suponer y contra todo pronóstico we made it. Incluso con los problemas técnicos que hicieron que pararan en dos ocasiones porque un altavoz metía ruido y las pistas pregrabadas no entraban cuando tenían que hacerlo, sonaron excepcionalmente bien. Podría decir que mejor que en estudio. Vessel demostró que puede hacer lo que le da la gana con la voz, añadiendo filigranas ad-lib a los versos y encarándose con agudos que resultarían imposibles para muchos otros cantantes; todo ello mientras no paraba quieto sobre un escenario iluminado con muchísimo cuidado y esmero. La batería, la guitarra y el bajo también impecables, con un sonido tan contundente que era difícil creer que estuvieran tocando en directo. El coro –tres chicas enmascaradas que se llaman Espera– fue la guinda de la tarta, ese extra que no sabías que necesitabas hasta que escuchas las armonías de sus voces contrastando con la voz de Vessel. Además, el show de luces fue, probablemente, de los mejores que he visto nunca: con unos leds colgando por encima del escenario que, por ejemplo, en Rain simulaban la caída de gotas de lluvia. Todo ello junto con el misticismo que les envuelve (por sus identidades desconocidas y el vestuario meticulosamente escogido para no desvelar nada) hicieron de aquella noche algo inolvidable.