Como una epifanía, Hamlet hace explotar la inmortalidad del metal en Madrid.
Parece que este concieirto de fin de año en casa se va a convertir en ley. Nos hacen sufrir, la espera es eterna, la recompensa brutal.
Salieron sigilosos, sin querer romper la extraordinaria atmósfera que reinaba en el local. Dos acordes, un grito Antes y después y la retroalimentación sucedió, cuanto más les dábamos desde abajo, más se entregaban desde arriba, o al revés, lo que sea.

La arquitectura de la actuación fue la clásica, lo que no puede faltar, lo nuevo y lo especial para la ocasión. La anilla se suelta de la granada, da igual cuando explote, la adrenalina ya corre por nuestras venas.
Su música cae a plomo, parece que flotan en el escenario. Esa agresividad vocal envuelta en satén, esos gestos de arte expresionista en el mayor de los sentidos. Ni escarmentados ni arrepentidos, aquello iba a ser nuestro Acto de Fé.

Nuestras voces sostienen el techo, Limítate, salvajada de tema. El concierto en si fue un pulso entre la entrega del escenario y las ganas de abajo. Se nos meten dentro, En mi piel, en la de todos.
La batería, como dijo Molly, Paco es dios y dentro de esa sala se creó una fórmula de medida temporal propia, hecha a golpe de baqueta y bombo. Álvaro y Ken dejando el protagonismo a los otros dos que fluyen de la nada para convertir su show en un todo.

Luis se acercaba a su pedalera y distorsiones extrovertidas llenaban el espacio. Mollly iba a ráfagas, de lado a lado del escenario, formando una estela de brío y furia a cada estrofa. Esa voz, como un hilo de sangre dejando rastro por toda la sala palabra a palabra. Se me olvidan los temas, quė más da, todo suena cañón y una vez habíamos entrado, no hay escapatoria.
Hablan entre ellos, la gente empieza a moverse, liada, nos hacen agacharnos, evidentemente, Molly baja con nosotros y boom, enloquecemos. Ya emocionado, nos da las gracias a la familia Hamlet, lo de siempre, somos tan afortunados de teneros, miraba alrededor sintiendo aquello de verdad, esto es Madrid, asentía, mejor me callo la puta boca.

Respirando acordes hasta atragantarnos, estrujando los segundos tal cual Molly hacía con sus gestos y cuerdas vocales, incombustible forever. Otra vez siente la necesidad de expresarnos lo que pasaba dentro de ellos, en No sé decir adiòs, confiesa las cosquillas esas de antes de salir.
Se salen, y nos queman la piel con Egoísmo, Paco iba con todo. Toca presentar a sus chicos y a la crew, desde el respeto y la admiración, llega a Luis y le pide matrimonio, deseé ser la maestra de ceremonias de tal evento.

Palestina libre, grito de rabia necesario, el resto, iba todo en sus letras, en J.F.. Se desvanecen entre las sombras del escenario, quedaba rematárnos. Si me defraudaron en algo, llegaba el final y la cinta americana de la plataforma seguía en su sitio, les faltó reventarla a saltos esta vez.
Entrevista Molly, vocalista de Hamlet: Abogamos porque no se pierda el directo
El encoré es la banda en llamas, la garganta de Molly a reventar en Imaginé, Que voy a hacer e Irracional, la que escribe se enganchó a ellos con Sanatorio de Muñecos, qué decir… las emociones traspasaban nuestras miradas.
La calma tras la tempestad, el silencio intenta cubrir lo acontecido durante más hora y media, imposible, que ingrato el universo negando a esta banda la magnitud de su música. La inmortalidad de Hamlet, hecha directo. Inmortal, gracias por darnos todo esto.







