El grindcore es un género que ha crecido mucho en la escena del metal mundial. Sin embargo, hay una banda en particular que es responsable de esto. Un grupo que ha sabido posicionarse en la visagra entre sónidos del punk y del metal, con una alta cuota de crítica social. Nos referimos a los ingleses de Napalm Death, una institución dentro del metal extremo y del grindcore, quienes desde 1981 llenaron al mundo de notas agresivas con fuertes mensajes de protesta.

Esta vez, y gracias a Madness Live!, Napalm Death nos deleitó con su Campaign For Musical Destruction Tour 2025, acompañado de tres bandas amigas de norteamérica que se mueven entre el grindcore, el sludge, y otros subgéneros “violentos”; Crowbar en el sludge, Full of Hell con su “powerviolence”, y Brat, quienes traen la “bimboviolence” a la sala Apolo, y quienes tuvieron la tarea de encender al público para la destrucción musical y mostrarnos en vivo la violencia musical de su debut reciente Social Grace.

Brat

Comenzando enérgicamente al son de Sandstorm (si, la famosa canción electrónica que nos recuerda décadas anteriores de nuestra existencia) como entrada, van tomando posiciones Dustin Eagan en la batería, Brenner Moate en la guitarra, e Ian Hennessy en el bajo, para luego abrir paso a Liz Selfish, voz de Brat, quienes desde Nueva Orleans desafían los estereotipos comunes para demostrar que el metal se apodera de todo tipo de personas. Así lo dejaron claro al comenzar el show con las demoledoras Ego Death, Ring Out, y Rope Drag, expresando la brutalidad vista en los instrumentos y sobre todo en la voz y movimientos de Liz, quien lamentablemente se cogió una gripe que casi la deja fuera del escenario, pero que aun así lo dejó todo de manera arrasadora, con movimientos particulares y un vozarrón que no esperaríamos si no supiéramos quien es. Con esa misma potencia Brat continúa con Barracuda, el clásico de Heart que tuvo un buen revival hace ya varios años con el juego Guitar Hero.

El desplante de este grupo, sobre todo de Liz y de Brenner, quien la acompañó con segundas voces, fue un gran impulso para encender la brutal y agresiva noche que estaba comenzando, un show dinámico que mantuvo la atención bien puesta, sobre todo cuando luego de la intensidad suena brevemente la voz de Shania Twain, confundiendo a todos para reventar con Let’s Go Girl y Human Offense, y luego de un Britney Time, entre pasos y gestos, los norteamericanos siguen su presentación con Hesitation Wound, Social Grace (que con su agresividad nombra y cierra su disco debut), e Into Mean, antes de acercarse al último tramo de su show, el que estuvo marcado por más extractos de algunos ahora clásicos del pop como Sorry for Party Rocking y Dancing Queen, las que acompañaron a Blood Diamond, Truncheon con movimientos estilo porrista, para luego de Slow Heat coronar la presentación sin bajar la intensidad con Chain Pain, sumando más a su arrasadora potencia con las brutales voces de Brenner, cerrando así y pudiendo Liz ir a descansar, habiendo hecho un espectáculo admirable considerando que aun desfilaba con recuerdos de su parada en el hospital.

Definitivamente recomiendo seguir el progreso de esta tremenda agrupación que recién está comenzando una carrera que esperamos les lleve bien lejos.

Full of Hell

Si bien la presentación de Brat sirvió para arrancar la libración destructiva que tendríamos esa noche, Full of Hell se encargaron de empezar el desquicio real. La locura y agresividad de esta agrupación norteamericana no pasan desapercibidas, pudiendo desde el momento zero confirmarlo directamente con Deluminate de su álbum de 2017 Trumpeting Ecstasy, Asphyxiant Blessing y la delirante Pile of Dead Horses, con las cuales nos patearon el cerebro al comienzo de su show.

Con Dylan Walker al frente en las voces, los originarios de Maryland le han dado un acercamiento diferente al grindcore, incorporando mucho ruido electrónico, que sumado a las devastadoras guitarras de Spencer Hazard (quien sería la mente maestra) vienen brutalizando su sonido desde 2009, y quienes junto a su baterista Dave Bland siguen siendo sus miembros originales. A ellos se sumaron Gabe Solomon como segunda guitarra, y Sam DiGistine en el bajo.

Doors to Mental Agony hacen agonizar a nuestra mente como si recién hubiese recibido una paliza, seguida de Transmuting Chemical Burns (tema de su disco lanzado en 2024, Coagulated Bliss) y Crawling Back to God, mientras vemos un despliegue de powerviolence extremo, brutal y sonoramente caótico, pero de alguna forma cautivante, que mantuvo los oídos bien puestos en Amber, Schizoid Rupture y Burning Apparition, antes de rendir tributo a los grandes del sludge, tocando Oven de Melvins.

La iluminación ayudó mucho a transmitir la perturbadora (pero atrapadora) presentación, entre gritos y vomitivos sonidos que emergían de las entrañas de Walker (quien vestía una camiseta del legendario jazzista Sun Ra) sumando la agresividad de sus compañeros de banda, hicieron de su show toda una experiencia que fue cerrando llevándonos al segundo disco, Rudiments of Mutilation de 2013, con Bone Coral and Brine, que procedió con la reciente Gelding of Men y luego Eroding Shell, para finalmente dejarnos con el título de su último lanzamiento (dejando de lado su último álbum colaborativo con Andrew Nolan, Scraping the Divine) con la canción Coagulated Bliss, e invocar finalmente la calma luego de cerrar con Garden of Burning Apparitions, también título de su disco de 2021.

Así, se cerró la segunda fase del precalentamiento para Napalm Death, que continuaría en forma de un leve enfriamiento con la pegajosa banda que continuaba, directo desde Luisiana, Crowbar.

Crowbar

De las mismas entrañas geográficas de las que sale Brat, pero muchos años antes en 1990, surge en Nueva Orleans una banda que se sumaba a un género que iría en crecimiento, el sludge. Esta banda es Crowbar, liderada por el veterano Kirk Windstein (quien también participó en la famosa banda Down), que con sus largas barbas, rasposa voz, y sus viscosas guitarras nos trajo To Build a Mountain, de su disco Sonic Excess in its Purest Form, como apertura. Esto fue posible obviamente también gracias a sus compañeros de banda Matt Brunson en la guitarra principal, Tommy Buckley en la batería, y Shane Weasley en el bajo, quienes conquistaron al público con Conquering y I Feel the Burning Sun.

Claramente en un paso más lento que sus bandas compañeras que se presentaron antes, el show nos llevó a otras aristas de la música desde un punto similar. Los de Crowbar ya saben lo que hacen y lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo, quedando demostrado con Chemical Godz de su último disco Zero and Below, y con Negative Pollution de su lanzamiento homónimo de 1993.

Para darnos un adelanto de lo que se venía, Weasly se hace a un costado para dejar que la banda interprete High Rate Extinction con un invitado especial, Shane Embury, bajista de Napalm Death, mostrando una faceta algo más pausada del maestro de las cuatro cuerdas, en conjunto con estos titanes del sludge, quienes ya van por los 35 años de carrera.

Ya con su bajista de vuelta, nuestros oídos escuchan The Cemetery Angels y Planets Collide, finalizando con Like a Broken Glass y All I Had (I Gave) con gran potencia fangosa.

La presentación de Crowbar fue un viaje a los noventas, al sonido norteamericano clásico de esa época donde el hardcore y el punk se juntaban con el heavy, el blues, y otros géneros derivando en el sonido alternativo que dio personalidad a una generación, contemporáneos de bandas como Nirvana, Mudhoney, y Pearl Jam, entre otras, y sobre todo, a Melvins, compañeros del ahora llamado sludge metal.

Y con estos maestros se acaba la espera y la previa para la carrera final, la que muchos estaban esperando desde su última presentación hace unos años, los padres del grindcore, Napalm Death.

Napalm Death

Pocos pueden llevar la medalla de ser los creadores de géneros musicales, y en este caso, el grindcore no sería lo que es si no fuera por esta institución musical como lo es Napalm Death. Los ingleses llevan destrozando oídos desde los años 80, y revolucionaron tanto el metal como el punk, mezclando ambos universos en una creación sonora veloz y catártica.

El público pasó de bajar revoluciones a ir a toda máquina en tan solo minutos, como el último esfuerzo de una maratón, y vaya que se sintió como tal. Desde la entrada con Multinational Corporations, Part II ya se podía sentir en la sala Apolo lo que se vendría, con Mark “Barney” Greenway y su velocidad vocal junto su baile estilo punky, nuevamente con Shane Embury tomando las riendas del bajo, además de Mitch Harris en guitarras, y Danny Herrera en los destructivos tambores que marcaron el paso del público, quienes arrasaron con todo al seguir Silence is Deafening, Lowpoint, y a gritos de Greenway, recibimos Vision Conquest del disco Harmony Corruption de 1990.

Como es menester en cualquier show de estos grandes, la audiencia comenzó a subir al escenario para saltar a la multitud, a veces con algunos asistentes tan enajenados que casi caían al vacío, solo para seguir destruyendo todo en el pogo. Contagion fue la que siguió la ecatombe, seguida por Twist the Knife (Slowly), y con un vozarrón Barney introduce Resentment Always Simmers, del reciente mini álbum Resentment is Always Seismic – A Final Throw of Throes.

Los comensales se estaban dando un festín catártico mientras Napalm Death rociaba su fuego por la sala Apolo, alimentando a una audiencia hambrienta por arrasar con todo, que recibió muy bien la canción Narcoleptic, junto con When All is Said and Done, y Amoral. Entre cosa y cosa, los discursos políticos se hicieron notar, sirviendo el show como una protesta contra el fascismo y sobre todo contra el partido Vox, al que apuntaron directamente. The World Keeps Turning acercó la mitad del show, mientras que fue cerrada por Retreat to Nowhere, haciendo alusión a los problemas de salud mental que todos somos susceptibles a tener.

Social Sterility, Dead, y Suffer the Children fueron las tres elegidas para continuar la segunda mitad de su presentación, llamando la atención que la energía del público no se vio disminuida en ningún momento. Pride Assassin y Necesarry Evil lo pusieron de manifiesto, y Backlash Just Because, junto a Fuck the Factoid fueron la antesala de la triada reminiscente de los comienzos, yendo directo al primer y famoso disco de la banda, Scum, interpretando la canción que lleva el nombre del disco, junto a Prison Withouth Walls, y You Suffer, la famosa composición de poco más de un segundo de duración, la cual hasta ha obtenido un récord Guinness por la canción grabada más corta de la historia.

Y para cerrar el show, los ingleses eligieron un clásico, una canción que no es de ellos pero que la han convertido en un clásico, Nazi Punks Fuck Off, famoso cover de los Dead Kennedys, desatando ahora si la locura, donde el público sin mostrar un ápice de cansancio (todo lo contrario), siguió destruyendo y saltando desde el escenario, para dar el último aliento en Unchallenged Hate, cerrando así un espectacular show lleno de agresividad y violencia sonora, poniendo bien el nombre a su tour.

Así, se cierra una noche de destrucción musical, entre agradecimientos y gritos del público, la banda que lo dejó todo continúa su camino para continuar su misión, traer ruido y crítica social a los comunes mortales, y que bien que lo hicieron, razón por la que los esperaremos preparados para una nueva e intensa noche de grindcore del bueno.