Del regreso de Dani Martín al huracán pop de Katy Perry.

La edición de 2026 de O Son do Camiño arrancó con una de sus jornadas más multitudinarias gracias a un cartel que fue de menos a más, preparando el terreno para dos artistas que, aunque pertenecen a mundos musicales algo distintos, consiguieron el mismo objetivo de hacer cantar y disfrutar a miles de personas. Dani Martín y Katy Perry protagonizaron un día marcado por la nostalgia y un público apasionado con muchísimas ganas.

Foto: @susopardal

La música empezó a sonar temprano con Habló Pablo, encargados de abrir la jornada y recibir a los primeros festivaleros que entraban al recinto. Sin solución de continuidad, el relevo lo tomaron The Molotovs, inyectando una dosis de rock británico directo, pura energía juvenil y actitud sobre las tablas.

El ambiente fue ganando color con Barry B, que trajo su propuesta urbana y fresca para agitar a las primeras filas. Justo después llegó el turno de Leire Martínez, que defendió su directo con solidez ante un público con muchas ganas de escucharla. El último empujón antes de los platos fuertes lo dio Carlos Ares, quien desplegó su propuesta multiinstrumental sobre el escenario y dejó el ambiente en todo lo alto.

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Tras el arranque, la tarde comenzó con Dani Martín, recibido por una gran ovación y un público que llevaba horas esperando revivir algunos de los himnos que marcaron y siguen marcando a varias generaciones. Desde los primeros acordes quedó claro que el exlíder de El Canto del Loco se mantiene como uno de los artistas más relevantes del panorama musical español. Temas como Zapatillas, Peter Pan o Volverá desataron la euforia de los asistentes, que apenas dejaron de cantar durante toda la actuación.
Durante el concierto también hubo espacio para su etapa en solitario, combinando momentos de energía con otros más íntimos. Canciones como Cero o Emocional permitieron mostrar una faceta más personal del artista, sin perder en ningún momento la conexión con el público. Dani se mostró cercano, agradecido y visiblemente emocionado por regresar a Galicia, recordando la especial relación que mantiene con el público gallego. Uno de los momentos más especiales llegó cuando dejó que fueran los propios asistentes quienes cantaran buena parte de algunos de sus grandes éxitos, convirtiendo el Monte do Gozo en un inmenso coro. Su actuación destacó por la naturalidad y por un repertorio repleto de himnos concebidos para ser compartidos y coreados de principio a fin.

Cuando cayó la noche llegó el turno de Katy Perry, encargada de coronar el día y haciendo del recinto su gimnasio personal. Su producción, con un despliegue de luces, pantallas, coreografías y cambios de vestuario que acompañaron un repertorio plagado de éxitos, da como resultado un directo que, francamente, me parece difícil que la gente no vaya a disfrutarlo.

Foto: @melaniesilvaphoto

Desde el inicio, con algunos de sus temas más míticos, Katy Perry mantuvo un ritmo enérgico y carismático que tenía al público en constante atención. Canciones como Roar, Teenage Dream, Firework o California Gurls convirtieron el festival en una auténtica fiesta de gente cantando a pleno pulmón.
Más allá del espectáculo, también dedicó varios momentos para interactuar con el público, mostrando su naturalidad y carisma. Esa combinación de producción y espontaneidad terminó por consolidar una de las mejores actuaciones de todo el cartel, dando momentos tan icónicos como ir por encima del público en una botella hinchable o duchar a los de la pista con su cañón de espuma.