Hay conciertos que tienen algo de reencuentro, no necesariamente porque los artistas lleven mucho tiempo sin tocar, sino porque las canciones llevan años acompañando a quienes están al otro lado. El viernes por la noche, el Roig Arena fue precisamente eso para cerca de 9.000 personas: un lugar en el que volver a encontrarse con canciones, épocas y versiones de uno mismo que parecían estar esperando ahí.

Hijos de la Ruina volvían a los escenarios con Natos, Waor y Recycled J juntos de nuevo y lo hicieron a lo grande. Casi tres horas sobre el escenario, un repertorio que parecía no querer terminar y un público que, lejos de dar muestras de cansancio, respondía a cada canción como si llevara meses esperando ese momento.

El arranque dejó claro que la noche iba a recorrer todas las etapas del proyecto. Otra vez y Bajo Zero, pertenecientes al nuevo trabajo, dieron paso a Piratas ya que se trataba de un viaje que no se limitaría a Hijos de la Ruina, porque, una de las virtudes del concierto fue precisamente esa. Natos, Waor y Recycled J no se limitaron a repasar la discografía conjunta, hubo espacio para mirar hacia cada una de sus carreras y recuperar canciones que, aunque no lleven el nombre de Hijos de la Ruina, forman parte de la historia que los tres han construido durante años. Y entonces llegaron los invitados.

El valenciano Hoke fue uno de los primeros en aparecer sobre el escenario para compartir Fabergé y Budokai, pero si hubo una aparición especialmente celebrada fue la de Grecas, al que Natos y Waor recibieron al artista para interpretar Blablacar, el tema que habían presentado apenas una semana antes. Era la primera vez que sonaba en directo ante el público valenciano y el Roig Arena respondió como cabía esperar.

Después llegarían, entre otras, CarreteraA la tumba, canciones que permitieron recuperar buena parte de la identidad de Hijos de la Ruina: la velocidad, la carretera, la amistad, el paso del tiempo y todo aquello que se ha ido acumulando desde que el proyecto comenzó a caminar. El concierto siguió creciendo con Casanova, Roto por dentro, Más Alcohol y Oveja Negra, otro de esos tramos en los que daba la impresión de que cada canción podía ser el final perfecto. No lo era. Todavía quedaba bastante noche por delante.

La última colaboración de la noche tuvo también algo de viaje al pasado, Suite Soprano aparecieron sobre el escenario para interpretar Nada ha cambiado, recuperando una canción especialmente ligada a una época concreta del rap español y a una generación de artistas que ha ido creciendo y evolucionando prácticamente al mismo tiempo que su público.

Y quizá ahí estuvo una de las claves de la noche, porque el concierto no funcionó únicamente como presentación de un nuevo disco. Funcionó también como una celebración de todo lo que ha ocurrido desde aquellas primeras canciones, de las carreras individuales, de los discos, de las amistades, de las colaboraciones, de las canciones que han acompañado a quienes estaban en el estadio…

El tramo final puso el broche con Bambino, de Recycled J, y Cicatrices, de Natos y Waor, antes de que Madriz cerrara definitivamente la noche, en la que para entonces habían pasado cerca de tres horas y 45 canciones. Y, sin embargo, quedaba la sensación de que podían haber seguido una hora más.

Ese quizá sea uno de los mejores indicadores de lo que ocurrió el viernes en Valencia. Hijos de la Ruina tenían canciones suficientes para llenar un concierto largo y, aun así, consiguieron que pareciera corto. Natos, Waor y Recycled J volvieron a demostrar que su unión funciona precisamente porque no necesita quedarse anclada en el pasado. Hay canciones nuevas, carreras que continúan por separado y un repertorio compartido que ya forma parte de la memoria de varias generaciones.

El Roig Arena fue testigo de todo ello durante una noche en la que el rap fue también excusa para mirar atrás, celebrar lo recorrido y comprobar que, después de tantos años, algunas canciones siguen sonando exactamente como las recordábamos. Y algunas, incluso, suenan mejor cuando se cantan entre casi 9.000 personas.