El sábado 7 teníamos una cita muy especial en el Playa Club. Y es que Bala arrancaba allí su gira con el setlist más largo hasta la fecha: nada menos que 20 canciones, incluyendo algunas que llevaban casi diez años sin tocar en directo. Todo esto además coincidía con la reedición en vinilo de Lume y Human Flesh.

La noche arrancaba y los encargados de abrir fueron la banda de doom metal coruñesa Cruzeiro. La verdad es que fueron todo un descubrimiento, con una presencia bestial sobre el escenario. Sabían cómo meterte de lleno en su música y hacer cada canción memorable. Su vocalista, Beatriz, dominaba el escenario con una seguridad impresionante y supo llevar el peso del directo con mucha personalidad. Durante los temas que tocaron demostraron estar a la altura de lo exigido y, al menos para mí, fueron toda una sorpresa. Un arranque perfecto para ir calentando motores antes de lo que venía después.

El plato fuerte arrancaba con Bala, y desde el primer momento quedó claro que aquello iba a ser una noche para el recuerdo. Con la sala ya completamente entregada desde el inicio, Anxela y Violeta saltaron al escenario con esa mezcla de crudeza y energía que las caracteriza. El primer tema apenas había empezado y ya se notaba cómo el público respondía con intensidad.

El setlist fue un auténtico viaje por toda su trayectoria. No solo repasaron temas más recientes, sino que también rescataron canciones que llevaban años sin tocar en directo. Se notaba que la ocasión lo merecía: arrancar gira en casa, con la reedición de dos discos tan importantes bajo el brazo y con otras fechas que prometen lo mismo por delante.

Uno de los aspectos que más impresionó durante todo el concierto fue la contundencia del sonido. Bala siempre ha tenido esa capacidad de llenar el escenario siendo solo dos, pero en esta ocasión parecía aún más evidente. Su química sobre el escenario es adictiva de ver. Anxela tiene esa naturalidad y carisma que conectan enseguida con el público, y también quiero destacar lo bestial que es ver a Violeta tocar la batería de cerca. Es de las que toca con toda la intensidad posible, con energía en cada golpe, aunque parta todas las baquetas por el camino. Juntas se complementan de forma increíble.

También hubo momentos de conexión más directa con el público, con agradecimientos que dejaban ver que para ellas también era una noche para recordar. Se notaba que estaban disfrutando del arranque de la gira y de hacerlo además en casa, rodeadas de una sala llena y completamente entregada.

Tema tras tema, las 20 canciones (su setlist más largo hasta la fecha) pasaron casi sin que uno se diera cuenta. Temas como Prisas, Agitar o Equivocarme sonaron por todo lo alto. No hubo apenas respiro, solo una descarga constante de energía que mantuvo la intensidad durante todo el concierto. Cuando llegaron los últimos compases, el ambiente era de esos que dejan claro que algo ha funcionado especialmente bien.

El final llegó entre aplausos, vítores y la demostración de que Bala son una de las grandes bandas del panorama y de que se merecen todo lo bueno que les venga.