La sala Barracudas de Madrid acogió una jornada con tres bandas de corte similar, pero complementarias, dentro del metal underground. Llegamos con tiempo, empezamos a ver a las primeras personas, normalmente amigos y familia salvo las ya conocidas caras de siempre que estamos en este tipo de conciertos abriendo a las 21 la sala y comienza a ver ambiente.
A las 21:22, Darkvald toman el escenario para ofrecer un repertorio de cincuenta minutos, recordemos que aún no tienen material subido e íbamos un poco a ciegas a demostrar lo que sabían hacer sobre el escenario y presentar sus temas.

Como menciono y sabiendo que era su tercer concierto no gozaron precisamente de buen sonido y tratándose de una banda nobel con su propuesta de thrash metal con toques de death con apenas rodaje sobre las tablas y en proceso de afianzar su identidad sonora, demostraron una actitud y una entrega que compensaron las carencias. En 50 minutos, lo que vi y escuché, me gustó y sirvió para calentar motores. Les deseamos suerte en sus próximos conciertos. El vocalista asumió el peso del directo, interactuando entre temas y manteniendo la intensidad incluso cuando el sonido no era el esperado.
Abriendo su concierto con Lier enlazada con Slow Driver con una clara referencia a la conducción de alguno en la carretera. Donde empezaron a soltarse definitivamente y a perder esa inseguridad fue con Morningstar y G.T.F.O. y más a la primera parte del concierto. Dicho esto, y reconociendo el buen hacer e interés del estilo muchas veces se me hace un poco de bola la etiqueta «thrash metal» se me termina haciendo monotemática y mi interés acaba de la escena «actual» acaba tirando por otros derroteros por mucho que me guste el género en sí.

Entre las novedades destacó Evil Instinct, también presentaron Lord Of Disinformation un tema con un enfoque más thrasher y cercano al death metal clásico. La banda supo aprovechar la acústica de la Barracudas, generando un directo entretenido y a pesar de su corta experiencia lo hicieron bien. No hubo poses ni discursos largos salvo los que tocaban sobre la temática de los temas haciendo alusión a la depresión.
Los músicos sobre el escenario pequeño de la Barracudas no tenían mucho margen para moverse y siendo cinco miembros resulta difícil moverse pero esa inseguridad y timidez se palpa igual. No es algo negativo e insisto en que estuvieron bien dentro de ser de sus primeros conciertos y acabar con una versión de Raining Blood en poco menos de cincuenta minutos me parece que es buen final acertado para rematar un directo así. Algunas cosas quizá un poco forzadas y a pulir, se entiende y se perdona que hay mucho margen de mejora y trabajar los directos a base de ensayos.

Tras unos 20 minutos de espera, lo estimado entre los tres grupos, entran Delugge al escenario. La banda autodenominada «groovecore» con su momento friki para mencionar las aclamadas y que poco a poco vuelven a estar de moda Magic: The Gathering con una pequeña broma. Venían presentando su propuesta a medio camino entre el hardcore y groove metal con la incorporación ocasional de voces limpias de su guitarrista más cercanas al metalcore.
Dejaron caer temas de su disco publicado a finales del 2025 bajo el título de The Misery I Grew Into como Bark, DOA, A Lie to Live By o Stanczyk que esta última incluye un pequeño verso cantado en voz limpia. Destacan por la actitud en directo sobretodo de su vocalista que hizo una aparición con una peluca naranja y tenía a sus fans y amistades desde Barcelona haciendo moshpit uniéndose a ellos parte del respetable.

Divertido fue, desde luego, el cuarteto barcelonés fue le que encendió la mecha para que el público se animase. Mostraron buena actitud, supieron ganarse al público pese a no ser mi estilo y con ese punto macarra pero friki y cercano. Mostraron actitud, oficio y una lectura clara del contexto. Sabían a lo que venían, hubo bastante movimiento y provocaron respuesta entre los presentes. Al César lo que es del César pero la gente que se lo curra y sabe dar un buen espectáculo se le reconoce desde aquí. Para finalizar con Hands Around, seguido por Karonte y Kraken que son las que cierran el concierto.
El sonido de Delugge se construye sobre el riff como elemento rítmico principal, más centrado en el peso y la sensación física que en la complejidad técnica. La banda ha explicado en entrevistas que su música nace desde la emoción, priorizando la contundencia y la coherencia por encima del virtuosismo. En conjunto, se basan en riffs directos, afinaciones graves y control rítmico, priorizando la intensidad y la efectividad sobre la complejidad técnica. Eso es lo que demostraron en 50 minutos, hicieron ruido, animaron al público y nos lo hicieron pasar bien.

Finalmente, a las 23:32, Caedis subió al escenario con su intro en castellano sobre el Crocotauro, generando de inmediato la conexión con el público. Su directo se caracterizó por ir a caballo entre el thrash (sí, de nuevo) y Groove metal potente y con mucha energía. De las tres bandas fueron los que mejor sonido tuvieron cabe destacar. Tenía ganas de verles ya que tuve la fortuna de entrevistarles en el mes de noviembre y se notaba que íbamos a ver un directo más profesional.
Entre los temas interpretados destacaron Critical Hit y el ya archiconocido para fanáticos del extremo Blinded By Fear de At The Gates con Santiago (Gog Drummer) a la batería (conocido por muchos por estar con Undead, ex-Avulsed, Holycide…) respetando la intensidad del original pero con fuerza escénica propia fusionando la energía melódica del death metal con la actitud agresiva de la banda. Otra bastante coreada Unleash The Crocotaur, tema oficial de su mascota, Old Fashioned Tough Guy, Into The Flames y Points Of No Return para finalizar el concierto. Cabe destacar que Salva y Miguel también fueron parte de Holycide y Avulsed (Mike) respectivamente.

Desde abajo, la cosa se vivió como tenía que vivirse. No fue un público estático ni de brazos cruzados. Como debe ser. Hubo pogos, bailes, desde los primeros compases, círculos improvisados que se abrían y cerraban según el riff apretaba, empujones con código interno y esa camaradería típica del circuito pequeño donde casi todos se conocen.
Entre tema y tema aparecieron los “rezos al Crocotauro”, coreados por los descamisados de primera fila. Ya sean amigos, colegas, núcleo duro que convirtieron el concierto en algo más tribal que formal. No era postureo, sucede en garitos, humor interno y pertenencia. Ese tipo de absurdez y amor que solo funciona en el under y que, lejos de distraer, reforzaba la identidad del momento.
Incluso hubo ovaciones espontáneas para quienes estaban documentando el concierto, cámara en mano, grabando desde dentro del pogo o a ras de escenario y que podrían ser para mí que así fue.

La banda mantuvo un sonido limpio y potente, permitiendo disfrutar de cada riff, ritmo y cambio de tempo, destacando en particular la intensidad de la versión de Blinded By Fear, donde la energía melódica del death metal clásico se mezcló con la agresión y la cadencia característica de Caedis.
Uno de los elementos más destacados del directo de Caedis fue el rendimiento vocal de Carlanghust, que demostró un rango amplio y bien controlado dentro del Thrash Groove Metal. Su registro se movió con solvencia entre voces rasgadas agresivas, propias del thrash más clásico, y tonos más graves e incluso atreviéndose con algún pig squeal. Una muy buena versatilidad vocal.

La jornada en Barracudas combinó distintos estilos del metal y confirmó la buena salud de la escena metalera, con bandas que, desde distintos enfoques, comparten un mismo objetivo: disfrutar, cada uno a su manera y desde diversos puntos de vista. Y eso que puede sonar a tópico cuando se escribe en frío se palpó en cada cambio de backline en cada colega acercándose a primera fila para apoyar aunque no fuera «su estilo».
Hubo thrash con filo death, hubo propuestas más directas y otras más densas; técnica y visceralidad. Pero, por encima de todo, hubo comunidad. Esa sensación de circuito pequeño que se cuida, que se sostiene y que entiende que cada concierto es también una declaración de resistencia cultural. Salas como Barracudas no son solo un espacio físico. Son punto de encuentro y refugio para este tipo de eventos. Sin estos lugares, muchas bandas no tendrían dónde foguearse ni público que las vea crecer. Y sin público, no hay escena. Así de simple.
Que en un mismo cartel convivan sonidos distintos no debilita la identidad, la enriquece. Obliga al oyente a salir de su zona cómoda y a la banda a medirse ante gente que quizá no venía por ellos. Ese riesgo es sano. Y mientras haya noches así de imperfectas, ruidosas y honestas el metal seguirá teniendo pulso. Más allá de nombres concretos o momentos puntuales, lo que quedó fue la sensación de movimiento.







