Crónica | Catalina Grande Piñón Pequeño en Madrid: punk, cecina y humor
El pasado 31 de mayo, la Sala Nazca fue escenario de una noche frenética y divertida, donde el punk (y el punk-fandango) se usaron como arma de provocación, crítica y también de fiesta. Los leoneses CATALINA GRANDE PIÑÓN PEQUEÑO volvieron a desplegar su locura perfectamente calculada, mientras que GUSA demostraron que en Madrid también se puede hacer punk rápido, directo y con discurso. Entre pogos, brindis en objetos insospechados, sátira política y canciones que duran menos que un bostezo, nadie salió indiferente.
Gusa: velocidad y discurso sin filtro
Los encargados de calentar motores fueron Gusa, una banda madrileña que muchos descubrimos esa misma noche y que sorprendieron por su intensidad y claridad de ideas. Lo suyo es punk veloz y sin florituras, con letras que hablan de lo que pasa aquí y ahora: racismo, gentrificación, el conflicto palestino o la precariedad. Títulos como Okupa un Airbnb, Punkdemia, o versiones com Zu Atrapatu Arte o Me Gusta Ser Una Zorra ya lo dicen todo. El tema de cierre, Copiloto, puso el broche con rabia y pegada.
Pese a la brevedad del concierto, su discurso caló. Sin apenas artificio en lo escénico, su propuesta se sostuvo en la fuerza de las letras, la energía del directo y la coherencia entre forma y fondo. Una banda a seguir de cerca en el panorama punk madrileño. Punk de barrio con contenido y actitud que nos puso a bailar a todos.
Catalina Grande: sátira, teatro y más de 30 canciones en hora y media
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Si hay una banda que no deja títere con cabeza ni en lo musical ni en lo escénico, esa es Catalina Grande Piñón Pequeño (CGPP). El trío leonés formado por Adrián Cavero (batería), Richard Majo (guitarra) y David Verderón (voz), venía a presentar su último álbum Música para Mastines, pero acabaron repasando casi el repertorio de toda su carrera, en un show donde hubo absolutamente de todo: cambios de ropa, brindis en absurdos objetos, pogos espontáneos y sobretodo, letras cargadas de veneno y sarcasmo. Un concierto de CGPP es una performance que va más allá del formato tradicional de concierto, y que mezcla música, teatralidad, sátira social y provocación.
Pero lo que marca la diferencia con otras bandas, es sin duda David Verderón. Más que cantante, es un actor, un agitador, un personaje en sí mismo. Se mete al público en el bolsillo desde el minuto uno con humor, carisma, gestos y miradas, todo mientras la banda dispara canciones como dardos. Da igual que duren 20 segundos: cada tema es un mini sketch, una broma con puñal o una crítica camuflada de chiste. Verderón es un showman total, cuya capacidad para improvisar y conectar hace que cada concierto de Catalina sea irrepetible.
Temas del nuevo álbum, como Gorro de Piscina Negro, Pladur, Pudrirme en la ITV, Calcetines de Ayer, Peinarme Como Rafa Nadal o mi favorita, Lorenzo Lamas, se mezclaron con otros que se han convertido ya en santo y seña de los leoneses, El Cartel De Los Helados, Los de la Capi u Opel Kadett. Eso sí, todo en una descarga punk rápida que no dejaba que nadie se pudiese despistar, lo que queda representado con el tema Gastos de gestión: dura 21 segundos y la tocaron dos veces seguidas, porque literalmente supo a poco. Aquí, eso de “si parpadeas, te lo pierdes” cobra sentido real.
Como es habitual en sus conciertos, no faltó la parafernalia marca de la casa: brindis con objetos de lo más insólito —una cuña hospitalaria, un sujetador con biberones, una copa menstrual o un caldero con seis tetinas—, cambios de vestuario improvisados y hasta una comunión punk en la que se repartió cecina como si fuera sagrada. Todo este despliegue no solo aportó ritmo y humor al concierto, sino que reforzó ese carácter teatral y festivo que define sus directos. Tanto, que cuando sonó Arroz con Costillas, con la que cerraron la noche, quedó la sensación de que el tiempo había volado.
Punk para pensar… y reír
La calurosa tarde-noche del 31 de mayo en Sala Nazca fue una celebración del punk como herramienta de expresión artística, social y política. Gusa demostraron que la escena emergente tiene mucho que decir, mientras que Catalina Grande Piñón Pequeño ofrecieron un espectáculo donde el caos está perfectamente medido y la provocación es siempre intencionada.
En tiempos de discursos tibios y medidos, se agradece que aún existan bandas capaces de reírse de todo —incluido de sí mismas— mientras disparan verdades incómodas. Un concierto para no olvidar… aunque te lo hayan contado a más de 180 bpm.
JOSE CARLOS SORIA PARRA
@jcsparra.pics































































































