Cuando vi a Biela por primera vez en directo, aún los conciertos eran sentados y con mascarilla. También fue la noche que descubrí a Repion, el dúo estelar que se subió al escenario como teloneras de los de Madrid. Sin duda, entre aquel directo y tocar en la Riviera compartiendo cartel con Cala Vento, han pasado muchas cosas: un disco, numerosos conciertos por toda España y una fanbase que va cada día en aumento, por ejemplo. Y es que tanto Biela como Repion han sabido hacerse hueco en una escena musical hambrienta y saturada, en una ciudad como Madrid en la que parece que hoy
en día cualquiera tiene un grupo (o dos o tres). 

Las hermanas Iñesta se subieron al escenario puntuales y empezando a cañón con su Quién soy yo para ti, tema de su homónimo álbum publicado este mismo año. Al pie del escenario, mientras las veía a través de mi cámara, sentí orgullo. Y es que llevo siguiéndolas por salas y festivales desde que las escuché por primera vez en diciembre de 2021. Esto es así: Repion nunca decepciona. Aunque la setlist ha variado mucho desde entonces, con nuevas incorporaciones con la llegada de su tercer álbum, el sonido del dúo ha ido creciendo con ellas y perfeccionándose.

Como ellas mismas cuentan en una canción que se echó de menos la pasada noche, nacidas en los 90, su música bebe de un rock desenfadado y que ahonda en las frustraciones post-adolescentes. La voz de Marina se mantenía sólida y clara mientras cambiaba de registro, en las subidas y bajadas en canciones como Pronto o Sin hablarnos, que resonaron entre un público que ya vibraba en la pista. Los platos y redobles de Teresa a la batería, junto con la desgarradora guitarra de su hermana y sin olvidar el nada tímido bajo de Iris Benegas –nuevo vértice en este trío musical–, cerraron por todo lo alto la oscura Monstruos de río antes de dar paso a unas de las canciones más personales de la banda. Con Barrio Somavilla, el público acogió los nostálgicos versos de una canción que empieza entre dulces acordes seguidos de la progresiva incorporación del bajo y la percusión. Los coros de Teresa se entremezclaron con el rugido de los asistentes que saltaban desde las primeras filas hasta más allá de la pista, envuelta la Riviera en una burbuja de ensoñación y cierta melancolía por un tiempo ya pasado. 

Cerrando un setlist que se hizo demasiado corto, y echando en falta temazos como Querubín –personalmente, mi all time favourite– y Las flores de su anterior trabajo, las cántabras brillaron bajo los focos como Brillante, el primer single de esta nueva etapa suya más grunge-pop. Siendo una de las canciones más populares de la banda y, por otra parte, de las más tocadas en salas y festivales –y con razón–, era de esperar que acabaran la noche con un público coreando los versos de un tema que ya desde la primera nota te impulsa a saltar con las manos en alto. Con una guitarra electrizante que viene y va entre pegadizos riffs y una letra que, aunque sencilla, te cala; antiguos y nuevos oyentes dijimos que sí a volvernos a encontrar con Repion.

El trío madrileño Biela también pasó por el escenario de la Riviera como un rayo, partiendo la sala con su energía desbordante y un setlist de 9 canciones que nos dejaron con hambre. Un día más, nombre también de su último álbum publicado, fue la elegida para ir entrando en calor bajo unos focos parpadeantes y la mirada atenta de una pista que ya estaba a revosar. Con un bajo con una presencia brutal, los dedos de David subiendo y bajando por el mástil con una agilidad pasmosa y tal electricidad en el cuerpo que hasta hizo que se le soltase la correa, los coros de la gente a pie de escenario hacían retumbar ese “he de reconocer que me quedé algo triste cuando te marchaste”. Siguiendo en lo alto de la ola post-adolescente, con TFG nos zambullimos de lleno en un tema bastante relatable que fue imposible no acompañar a voces con su estribillo tan pegadizo. Entre afinaciones, los chicos aprovecharon para dar gracias a Repion y a Cala Vento, que como les pasará a otros grupos, sienten que son como sus padres. Y es que aunque las tres bandas sean de ciudades distintas y cada una tenga su sonido particular, las semejanzas son más que las diferencias y se puede apreciar la gran influencia musical que les une. 

Saltando un poco en el tiempo, dejamos atrás los temas de 2021 para vibrar con dos de sus publicaciones más recientes. Aún sin la voz de Johnny Garso que colabora en
Todo va a ir a mejor, el tema sonó espectacular en directo y la voz de Alberto en los primeros versos –más dulce y melódica– contrastaba muy bien con el tono
emo de la parte de Garso que David pudo cubrir sin despeinarse. Su pop del fuertecito –como ellos mismos lo llaman– coquetea con el punk más melódico en su último single No te vayas de mi lado, con una letra tan personal que se siente casi universal y un sonido contundente donde mezclan riffs de guitarra brillantes, voces distorsionadas y una percusión que se luce en la frenética segunda parte de la canción. Llegó entonces el turno para una de mis canciones favoritas del trío madrileño, la que presentaron como aquella canción que escribió Alberto a su novia durante un Erasmus. Y es que Nantes-Madrid en directo es incluso más bonita que en estudio. En la recta final del setlist, hubo hueco para tocar uno de los temas que les impulsó a los escenarios con su versión tan explosiva de El Encuentro y dos de las canciones con los instrumentales más chulos del disco: Siento si y Tobogán. Demostraron que el escenario de la Riviera no se les quedaba grande en absoluto. 

Casa Linda es un espacio seguro. Con estas palabras aún en nuestras mentes, después de un discurso introductorio que se sintió como las instrucciones de despegue de una aerolínea algo inusual, se subieron Aleix y Joan al escenario, bajo unas lamparitas de Ikea que se encendían y apagaban en nuestra expectación. Un inicio brutal tanto en el estudio como en el escenario con Más que satisfechos, donde la guitarra se abrió hueco con su rasgueo entre estribillos más melódicos y una percusión impecable. ¿Qué hay del placer?, Isabella Cantó y 23 semanas salieron disparadas de la montaña de amplis a nuestros pies y sin apenas darnos cuenta ya habíamos formado unos cuantos pogos en la pista. La mecha ya estaba prendida y no había forma de apagar el fuego. 

21 canciones conformaron el setlist que incendió la Riviera aquella noche y podría hablar de cada una de ellas con el detalle que merecen pero entonces esto no sería una crónica sino una larguísima ovación a un trabajo bien hecho, un aplauso al esfuerzo y la dedicación y al talento de dos amigos –bueno, más hermanos a estas alturas– que el otro día celebraban su vigesimosegundo bolo en Madrid. La celebración fue literal y es que la familia de Joan apareció en el escenario con una tarta y todos aprovechamos la ocasión para cantarle un cumpleaños feliz lo buenamente afinado que se podía dada la desbordante emoción que se palpaba en el ambiente. Pero ese no fue el único momento emotivo porque la dupla catalana nos llevó de paseo por toda su discografía, transportándonos a canciones que interpretaron con un exquisito minimalismo como fue Fin de ciclo o La importancia de jugar al baloncesto, grande Joan cambiando baquetas por púa en ésta. Casa Linda, que le pone nombre al disco de la gira, no se quedó corta de sentimentalismo y nos engatusó con un break acústico que hizo temblar los cimientos de nuestros corazones. 

En este viaje de recuerdos, como si de un álbum de fotos familiar se tratara, nos regalaron una Unos poco y otros tanto, que ya no se suele escuchar en sala, y que apuntaron con alegría que fue la primera canción que sacaron –¡hace ya 9 años!– y que grabaron en su modesto piso de la Gran Vía en Barcelona. Aunque no hubo mucho tiempo para hablar, se notaba que el público se sentía como en casa y Aleix supo aprovechar los momentos en los que la gente coreaba los estribillos para dejar pequeñas pausas acústicas y empaparse de toda aquella locura con una sonrisa en los labios. La sala tembló casi literal cuando apareció Cándido de Viva Belgrado en Todo, una canción que remueve las entrañas con su violencia instrumental des principio a fin. Pero es que cuando pensaba que no quedaba más madera por quemar, llegaba otro temazo y luego otro y así nos montamos en el Ferrari de los chicos de Montgrí donde las texturas de la guitarra y las voces se sintieron insuperables en potencia. 

Llegando al último sprint de la noche, Equilibrio –una marcha positivista de coros desgarrados y tintineo que desprendía chulería sin esfuerzo–, Isla Desierta –fresquísima, desde siempre– y Abril pusieron la nota positiva a la noche con sus guitarras sonrientes y abrieron aún más los pogos en la pista. Sabíamos que se acercaba el final y había que fundir lo poco que aún quedaba en reserva y eso mismo hicieron también Cala Vento en Teletecho, aunque no les hizo falta colaboración porque los asistentes cantaron como si fuera suya. La guinda del pastel la puso Conmigo, el homenaje a la música y a los músicos que dan forma y sentimiento a este arte tan abstracto a la par que bonito. Con ella saltaron del escenario y se dejaron llevar por la multitud, 2023 personas levantando por los aires a dos chavales que han sabido hacer de su música un hogar para todos. 

El triplete de conciertos fue un brindis por la amistad y la familia –de sangre o elegida, si eso acaso importa–, una oda a la juventud y a la música, además de una clara demostración de que se pueden hacer las cosas muy diferentes y muy bien.