Crónica | Chelsea Wolfe + Mary Jane Dunphe: La talentosa, bella, caótica y excentrica oscuridad
Es viernes y se acerca la noche, la que ya está cayendo en horas más tempranas, cubriendo la ciudad de una placentera melancolía otoñal. Estamos en el Poblenou, dirigiéndonos específicamente a la legendaria Razzmatazz 2 para presenciar un show de otro mundo. Dos artistas nos ofrecen una noche llena de excentricidades, oscuridad, y talento, de composiciones y desplantes vanguardistas. Hablamos de la talentosa Chelsea Wolfe, quien trajo consigo a una compañera peculiar, Mary Jane Dunphe, brindándonos un espectáculo que nos transportaría de Razz 2 a un universo excentrico, bello y oscuro.

La noche la abre Mary Jane Dunphe, artista norteamericana que ha participado de diversas bandas de la escena underground, pero que ha echado a volar su carrera solista, lanzando su primer disco en 2023, titulado Stage of Love, lleno de ritmos y experimentos sonoros que mezclan elementos del pop, indie, pero con una actitud punk que genera cierta nostalgia noventera.
Mary Jane Dunphe
Se apagan las luces y entra al escenario quien haría que fijaramos nuestras miradas por la siguiente fracción de hora, solo acompañada de una guitarra. Comienza a sonar Moon Halo, del reciente disco, tema con una onda dream pop, y airecito a Cocteau Twins, llevándose con él la atención de todos por su particular presencia. Dejando la guitarra de lado, continúa con Seasons, no presente en su disco, sino que en uno de sus recientes sencillos (Fix Me), llena de bases rítmicas y recursos vocales diferentes, que se suman al desplante escénico de la norteamericana, el que empieza a hacerse ver como uno especial, recordando lo excéntrico de artistas ultra reconocidas como Björk. Sigue uno de sus nuevos singles, Uriel, entre bases distorsionadas, para continuar con la melancólica y electrónica Opening of a Field.

Al acercarnos un poco podemos ver como Dunphe lleva rodilleras, lo que entenderíamos al ver su performance, frenética e hiperquinética, con piruetas, volteretas y contorsionismo constante, lo que da a esta gran artista un sello único y digno de presenciar. Una mezcla entre show musical y teatral, con danza, movimientos dramáticos, y mucha emoción.
El setlist avanza con Phantom Heart y la que abre y da título a su álbum, Stage of Love, ambas canciones que podríamos hasta bailar, sin perder esa onda oscura onda ochentera con sintes y mucho reverb, lo que completa con una performance en el escenario llena movimiento y un dinamismo que da muchísima presencia a la cantante en el escenario, sin necesitar más personas arriba de él para dar un show completo que incluye un popurrí de expresiones artísticas.

Finalmente, cierra su show y da paso al plato fuerte de la noche con Longing Loud, y Fix Me, single lanzado a principios de este año, teniéndo así primicias de lo que la poeta, cantante y performer estadounidense nos traerá próximamente, lo que seguramente nos lleve a visitarla nuevamente cuando este por estos lados del mundo.
Luego de la performance de Mary Jane Dunphe el ambiente ya se acomodó a la atmósfera que nos trae este show, la sala está llena y muchos visten camisetas de Chelsea Wolfe, quienes esperan el momento de su aparición. Dada la concurrencia, moverse estaba algo difícil, por lo que la espera fue tranquila. En momentos, los músicos comienzan a probar instrumentos, bajan las luces, y entra ella.
Chelsea Wolfe
La artista californiana sube al escenario y empiezan a sonar las bases electrónicas de Whispers in the Echo Chamber, canción que abre su reciente disco She Reaches Out to She Reaches Out to She, un momento oscuro, íntimo, e intenso, donde a susurros Chelsea conecta con el público que mira detenidamente todo lo que está ocurriendo, mientras entre las luces azules los instrumentos hacen entrada. La primera parte del show se centró en su último álbum, continuando con Everything Turns Blue, y House of Self-Undoing, donde vemos en la mano de Wolfe algo que muchos pensaron era un cigarrillo (o algo de similar forma), pero que sin embargo resultaba ser algo como una varilla de incienso, la que formaba figuras de humo en función del movimiento de la cantante, quien sigue su set con Tunnel Lights, tema que transformó brevemente en Zombie de The Cranberries.

El escenario empieza a transformarse en un vórtice que pareciera que nos absorbe a todos en tonos de varios colores que tiñen el humo que gira y acompaña la intensidad musical del show, y que nos regresa a su quinto álbum de estudio (Hiss Spun de 2017) con 16 Psyche, una composición algo más pesada que da paso a la emotiva After the Fall, del disco Abyss de 2015. La presencia de Chelsea Wolfe en el escenario es especial, transmitiendo una oscura dulzura en su desplante, que sigue su curso con The Culling y con The Mother Road, apertura de su disco de 2019 Birth of Violence, siguiendo con la acústica Flatlands, canción que comienza el disco acústico de 2012 llamado Unknown Rooms: A Collection of Acoustic Songs, cambiando levemente el sonido y mostrando las diferentes caras de la música de la artista norteamericana, pasando de distorsiones y baterías intensas a cuerdas acústicas.

En un rojo intenso suenan las primeras bases de Feral Love, un tema apasionado y denso de su disco de 2013 llamado Pain is Beauty, y luego regresa en el tiempo a lo más reciente con Salt, Unseen World, Eyes Like a Nightshade, Place in the Sun y Dusk, todas correspondientes a las últimas 5 canciones de su último disco.

La cantante y banda salen del escenario para volver rápidamente Chelsea a decirnos que no se ha acabado aún, ya que queda tiempo para un último aire. Y es que no podía faltar The Liminal, canción tocada solo por ella y que completa todas las canciones de su último álbum She Reaches Out to She Reaches Out to She, habiendo sido tocado en su totalidad, pero en diferente orden.
El show finaliza con la bella Be All Things, también cantada solo acompañada de su guitarra, cerrando el show con una triste pero esperanzadora melancolía.
La experiencia de ver a esta artista en directo es muy particular. La transmisión de emociones está teñida por un aire triste, oscuro, pero que a la vez evoca una sensación de tranquilidad y paz, como si nuestras ansiedades más grandes fueran cobijadas por la voz de esta tremenda cantante, quien, sobre el escenario, y junto a su compañera de ruta, Mary Jane Dunphe, se encargaron de dar un show tan caótico como bello, frenético y emocional, pero por, sobre todo, de una calidad musical y escénica para aplaudir. Definitivamente habrá que seguir los pasos de estas de Chelsea y de Mary Jane, ya que se ve que tienen muchísimo aún por entregarnos.







