Lo de Soziedad Alkoholika no es nostalgia ni inercia: es presente, es músculo, es una banda en estado de forma total, capaz de liderar por sí sola cualquier cartel.

El pasado jueves 8 de abril, La Riviera volvió a convertirse en territorio hostil -en el mejor de los sentidos- con la descarga de Soziedad Alkoholika dentro de la edición 2026 del Sound Isidro, que llenará de música la capital durante toda la primavera con más de 30 conciertos. Día de diario, sí, pero eso nunca ha sido un problema para los de Vitoria: lleno absoluto y ambiente de gran cita.

Desde primeras horas, las inmediaciones ya respiraban concierto. Terrazas llenas, cerveza en mano y un clima que acompañaba, convertían la previa en una extensión natural del show. Dentro, el uniforme era claro: camisetas negras con el logo de la banda, ese símbolo reconocible que trasciende generaciones dentro del metal estatal.

El arranque fue contenido por parte del público, que tardó unos minutos en entrar en combustión. Pero S.A. no falla. Son una máquina perfectamente engrasada: la voz característica de Juan, guitarras y bajo afilados como cuchillas -con Jimmy, Íñigo y Pirulo respectivamente-, precisión quirúrgica y una base rítmica demoledora. Mención especial para Mikel, desatado a la batería, marcando el pulso a golpe limpio, como si cada tema fuese el último.

El concierto, enmarcado en la Gira Confrontación, puso el foco en su material más reciente, pero sin descuidar los clásicos que han cimentado su leyenda. Sonaron himnos como Ratas, Piedra Contra Tijera o No Quiero, coreados con rabia por una sala ya completamente entregada.

Nunca han sido una banda cómoda, y lo volvieron a demostrar. Siempre envueltos en polémica por sus letras —llegando incluso a ser vetados en Madrid en el pasado—, no dejaron pasar la oportunidad de lanzar uno de sus dardos. Si en su directo de 1999, S.H.A.K.T.A.L.E. iba dedicada a Mayor Oreja, esta vez el blanco fue Isabel Ayuso, provocando una gran ovación.

El cierre “oficial” llegó con el ya clásico Nos Vimos en Berlín, dejando la sensación de final redondo. La banda comenzó a despedirse, lanzando púas y baquetas mientras el público asumía que todo había terminado. Pero no. Cuando muchos ya se dirigían hacia la salida, llegó el giro inesperado: aún quedaban minutos y S.A. regresó al escenario para regalar un último estallido con Sin Dios Ni Ná. El efecto fue inmediato: gente entrando de nuevo a la sala, pogos reactivados y una Riviera completamente fuera de control para un cierre aún más salvaje si cabe.

Lo de Soziedad Alkoholika no es nostalgia ni inercia: es presente, es músculo, es una banda en estado de forma total, capaz de liderar por sí sola cualquier cartel. Lo del jueves no fue solo un concierto más: fue una confirmación de que siguen estando en lo más alto del metal estatal.

Fotos y texto:

@jcsparra.pics