Hay bandas que sobreviven al paso del tiempo y otras que lo convierten en su mejor argumento. M Clan pertenece, sin duda, a este segundo grupo. La gira de su 30º aniversario recaló en la noche del viernes en FAR València, el ciclo de conciertos ubicado en la Marina Norte, para recordar por qué el grupo liderado por Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez sigue siendo una referencia imprescindible del rock nacional. Sin artificios, sin invitados y sin necesidad de recurrir a la nostalgia fácil, el quinteto volvió a demostrar que el directo continúa siendo su hábitat natural.

Sin artistas invitados ni teloneros que calentaran el ambiente, la banda apareció sobre el escenario dispuesta a hacer lo que mejor sabe: tocar. Y lo hizo desde el primer minuto con un repertorio muy similar al que viene defendiendo durante esta gira con paradas obligadas como Calle sin luz, Para no ver el final, Llamando a la Tierra, Souvenir, Basta de blues, Perdido en la ciudad o Roto por dentro, un recorrido por tres décadas de canciones que forman parte de la memoria colectiva del rock español.

El enclave de FAR València, con el Mediterráneo como telón de fondo, ofrecía una imagen espectacular, aunque también dejó patente uno de los grandes problemas de los conciertos urbanos actuales. En varios momentos de la actuación el sonido sufrió pequeñas irregularidades, algo comprensible por la propia ubicación del recinto junto al mar y las limitaciones acústicas que condicionan este tipo de espacios abiertos. Lejos de ignorarlo, Carlos Tarque se dirigió al público para pedir disculpas y lamentar las restricciones sonoras que cada vez afectan más a los festivales celebrados dentro de las ciudades, unas limitaciones que, en ocasiones, dificultan ofrecer el espectáculo que tanto músicos como espectadores desearían.

Aun así, esos pequeños contratiempos nunca llegaron a empañar una actuación que volvió a poner de manifiesto la enorme categoría de una formación que lleva décadas subiéndose a escenarios de todo el país. Porque si algo distingue a M Clan es precisamente eso: los kilómetros acumulados se notan. Se perciben en la seguridad con la que afrontan cada canción, en la complicidad entre los músicos y en esa sensación de que todo fluye con absoluta naturalidad.

Carlos Tarque volvió a ofrecer una lección de presencia escénica. Su voz mantiene ese carácter rasgado y poderoso que siempre ha definido a M Clan, mientras que su forma de conectar con el público continúa siendo uno de los grandes activos de la banda. A su lado, Ricardo Ruipérez ejerce de perfecto contrapunto, aportando elegancia a la guitarra y sosteniendo buena parte del peso musical de un repertorio que alterna rock clásico, blues y soul con una naturalidad admirable.

Si algo quedó claro durante la noche es que M Clan no necesita reinventarse para seguir convenciendo. Sus canciones han envejecido extraordinariamente bien y, además, la banda las interpreta con una energía que muchos grupos bastante más jóvenes ya quisieran para sí. No hay sensación de rutina ni de piloto automático; cada tema parece seguir disfrutándose como si fuera el primero de la gira.

Y el público respondió exactamente como cabía esperar. FAR València reunió a varias generaciones de seguidores que cantaron prácticamente cada estribillo y celebraron con entusiasmo cada clásico. Da igual que hayan pasado treinta años desde sus comienzos: las canciones de M Clan siguen funcionando como auténticos himnos, capaces de unir a quienes crecieron con ellas y a quienes las han descubierto mucho después.

En tiempos en los que muchos conciertos dependen de enormes producciones audiovisuales, M Clan sigue defendiendo una idea mucho más sencilla, pero también mucho más difícil de sostener: un escenario, una gran banda y un puñado de canciones inmortales. Cuando el material es tan sólido y los músicos responden con semejante solvencia, no hace falta mucho más. La parada valenciana de esta gira aniversario volvió a confirmar que la banda atraviesa uno de esos momentos en los que la experiencia juega completamente a su favor. Los años no pesan; al contrario, han servido para convertirlos en una máquina perfectamente engrasada que sabe exactamente qué necesita cada canción y cómo hacer disfrutar al público.

Treinta años después de iniciar el camino, M Clan sigue demostrando que la carretera continúa siendo su hogar. Y mientras mantengan este nivel sobre las tablas, todavía les quedan muchos kilómetros por recorrer.