Con una producción de primerísimo nivel internacional y un repertorio de unas dos horas, la banda cartagenera consolida la madurez de su propuesta musical y visual en este segundo concierto en la capital murciana. Con un público entregado nadie diría que tan sólo la noche anterior hubiesen dado un concierto igual de espectacular e intenso. Estamos ante un verdadero fenómeno musical que sin duda tiene detrás una fuerte estructura, fruto de la apuesta que la industria ha hecho por ellos y que devuelven con creces con calidad musical y actitud, ofreciendo un viaje visual y sonoro a la cima del escenario.

Evento: Arde Bogotá - Fin de Gira Cowboys de la A3 
Recinto: Palacio de los deportes (Murcia) 
Fecha: Domingo 10 de noviembre de 2024 
Promotor: Son Buenos / El Planeta sonoro 
Crónica: Manu Hernández y Nanda Costa
Foto y vídeo: Manu Hernández

Tal día como hoy, hace una semana, miles de personas nos levantábamos con las canciones de Arde Bogotá resonando en nuestras cabezas, tras un concierto (dos seguramente para algunxs) inolvidable. Y así desde entonces todos los días…

Tras meses de preparación, de calentar el ambiente con naturalidad y esa simplicidad que transmiten en sus redes sociales -reflejo de los chicos normales de ciudad «de provincias» que son-, el cuarteto cartagenero junto a su guitarrista de apoyo en directo y todo su equipo de producción, llegaron por fin a la primera etapa de este fin de gira anunciado hace meses.

Supongo que tanto el público asistente al primer concierto del sábado como quienes asistimos al del domingo 10 de noviembre de 2024 lo primero que pensamos al entrar al Palacio de los Deportes de Murcia fue: «host** p**a la que han montado éstos.»

Ver aquel escenario enorme, con dos niveles de altura, un equipo de iluminación top, dos enormes pantallas laterales y la parte inferior del escenario con pantallas también a todo lo ancho, coronado por una gran pantalla circular con una luz anaranjada a modo de ardiente sol y para rematar una parte frontal en forma de pasarela repleta de luces en sus bordes hizo presagiar el mejor de los espectáculos.

Pasadas las 9 de la noche, con un ambiente de expectación al que en mi caso contribuyó que no hubiese querido ver ni una sola imagen ni noticia del concierto del día anterior, fueron tomando posiciones uno por uno los miembros de Arde Bogotá: José Ángel Mercader a la batería, Pepe Esteban al bajo, los guitarras Dani Sánchez (miembro oficial) y Pedro Quesada (miembro extra de directo) para comenzar con Veneno, uno de esos temas que seguramente no conozcan los oyentes no habituales de la banda pero que sin duda era una declaración de intenciones: aquella noche nos iban a hacer movernos a base de su pócima mágica de Rock actualmente único en el panorama español.

Un «metalero» como yo, que apenas podría decirte el título de 5 o 6 canciones suyas, te los definiría como una banda que tiene un registro variado dentro de su propuesta de Rock moderno con fuerte influencia internacional y emparentado con lo que se conoce como Indie y que tanto rechazo recibe por parte de los de mi «tribu». Lo que pude comprobar esa noche es que son buenos (como su Agencia de representación), en realidad, MUY buenos. Con un repertorio en el que supieron repartir inteligentemente más de 20 canciones, ora himnos altamente coreables, ora poesía mundana pero llena de autenticidad, nos hipnotizaron con ritmos de Rock bailables y melodías reposadas para mirar al mar y soñar despiertos.

Volviendo al inicio, con Veneno y, cómo no, la salida de su vocalista y frontman Antonio García que se hizo de esperar un poquito, arrancó la primera gran ovación de la noche. Antonio, al igual que sus compañeros, con nombres y apellidos de lo más comunes y sin los «alias» fantasiosos que a veces tienen los músicos en el mundillo en el que me suelo mover, empezaron de manera firme pero sobria la velada. Aunque sabedor del peso que recae sobre sus espaldas y pie de micro, Antonio, a quien creo que erróneamente se compara con Enrique Bunbury, al igual que a la banda con Héroes del Silencio, pronto empezó a soltarse la melena a base de una presencia imponente, movilidad y actitud de pura estrella de Rock.

Como decía, supieron distribuir el setlist de manera inteligente y conceptual. Una primera parte de concierto donde sonaron además Abajo y Quiero casarme contigo con ese aire tan de Tarantino que destila muchas veces su música. Nuestros pecados, como muestra del Rock elegante impregnado de ritmos funk en los que Pepe destaca con su bajo, y Qué vida tan dura como el primer fogonazo de fiesta, baile y público coreando hasta desgañitarse. Gran culpa de ello la tienen Pepe y José Ángel, que conforman una base rítmica con pocas florituras pero con mucho groove.

Con El beso volvió el Funk-Rock bailable, de fina factura y, para seguir dando dinamismo llegó Tijeras, igualmente elegante pero con un sonido más duro, sobre todo siempre que Antonio rasga la voz, marca de la casa. Más en la misma línea con Sin vergüenza y con un tema nuevo que aún no han publicado: Flores de venganza, y yo seguía alucinando con la puesta en escena, y eso que aún no habían llegado los platos fuertes. Pero aquellos temas que en su mayoría nunca había escuchado me estaban sonando a gloria. 100% mérito de ellos, que mis expectativas se hubieran visto desbordadas desde el minuto 1, sin duda.

Big Bang quizás fue el tema que más me sonó al Indie de manual y que no me enganchó tanto, pero poco duró la sensación, pues con Clávame tus palabras volvieron a ponerme a tono.

Como se puede ver en el vídeo, desde el tema El Beso habían aparecido importantes elementos en el escenario que simulaban una gasolinera, como después han explicado desde Sabotage Propaganda, agencia encargada del diseño del escenario. Una gran plataforma de luces, metálica en acabado cromado suspendida sobre la parte principal del escenario y algunos elementos como surtidores de gasolina en clara referencia a ese viaje por la A3, dieron un giro de tuerca al espectáculo visual del concierto durante ese primer cambio de atrezzo.

El siguiente bloque de temas y emociones arrancó con Exoplaneta, ese tema tan especial que cierra su primer larga duración La Noche (lanzado tan sólo en mayo de 2021, increíble lo que han crecido como banda desde entonces). Ese precioso tema que sé que es el favorito de muchos cartageneros por su letra y porque en directo emociona, y mucho. Para la ocasión, todo el público elevó sus brazos con el mismo cartel en las manos que llevaba impreso 571-/9A, ese planeta a donde los soñadores y soñadoras allí presentes por un momento viajaron a fundar Cartagena en otro sistema solar…. Emociones a flor de piel con Antonio, Pepe y Dani en medio de la plataforma frontal que se adentraba entre el público, y de fondo, el enorme sol transformándose en un eclipse como un detalle más que nos seguía dejando boquiabertos por tamaña producción conceptual nunca vista en un concierto suyo.

Icónica la imagen de Antonio, subido en el segundo nivel del escenario, frente al eclipse, como apenas una sombra. Simple pero impactante a la vez. Signo inequívoco de la grandeza de lo que la banda y este fin de gira están consiguiendo.

Con Te van a hacer cambiar y la extensa y, por momentos intensa, La Torre Picasso, se pudo ver a la banda en su registro Indie-Rock más maduro y reflexivo, donde las guitarras sonaron con profundos delays y los silencios decían tanto como las partes donde el sonido alcanzaba sus más altas cotas. Importantísima la labor del segundo guitarrista, Pedro, durante toda la noche, secundando con fuerza y sin escatimar ni una gota de sudor el trabajo solista y más contenido de Dani, a quien incluso tuvimos el lujazo de ver lucir una mítica Gibson de doble mástil, por si había dudas de que lo suyo es, por encima de todo, ROCK sin ambages.

Y para cerrar este penúltimo bloque del concierto, Cowboys de la A3 nos volvió a transportar a ese universo sonoro Tarantiniano, a la carretera y las melodías que les han hecho sonar tanto en estos últimos dos o tres años.

Tras una breve pausa, el otro sorpresón de la noche, anunciado con emoción por parte de la banda, la aparición en la plataforma superior, al amparo de nuevo del radiante sol, de la Joven Orquesta Sinfónica de Cartagena que añadieron arreglos de cuerda para subir aún más el nivel musical y la intensidad emocional al último bloque de temas del concierto que arrancó con Escorpio y Sagitario y Virtud y castigo.

A las que siguieron Copilotos, Flor de la Mancha y La salvación, una de mis favoritas. Bueno, mía y de miles de personas a tenor de lo que dice Spotify y lo vivido esa noche. Las imágenes proyectadas en todas las pantallas del escenario, incluida la circular donde había estado el sol y el eclipse, mostraban sonrisas y rostros con una variedad de emociones que brillaron aún más que el astro rey.

No me quiero olvidar de destacar el derroche de energía de Antonio en todo el concierto. Era la primera vez que veía a Arde Bogotá en directo, y había visto algunos vídeos, pero no me podía imaginar el nivel de energía y carisma que este chico podía desprender. Si hay algo imprescindible para triunfar en esto de la música aparte de tocar bien y tener apoyo de la industria, es actitud, y de eso él va sobrado.

Y bueno, de postre, los bises, muy bien escogidos y que elevaron el final del concierto a la quinta esencia de lo que es un espectáculo de Rock con un público entregado. La rabiosamente potente Los Perros, que les ha llevado a ser escuchados en medio mundo gracias a los medios generalistas, Antiaéreo, una de mis favoritas, siendo el primer tema con el que arrancaba su primer trabajo El tiempo y la actitud (EP, 2020) y Cariño, donde terminamos todos bailando una vez más, con el propio Antonio bajando a darse un baño de fiesta y cariño de su público entregadísimo. No pudo haber mejor colofón para una noche tan especial e inolvidable.

Conclusión: Arde Bogotá se consolidan como la única banda nacional capaz de llenar un vacío que existe desde hace décadas, seguramente desde la irrupción del reguetón en las listas de éxitos y las apuestas de las discográficas por otros sonidos y lo que llaman cultura urbana. Bandas buenas de Pop potente o de Rock mainstream hay y ha habido a lo largo de todo este tiempo, pero ninguna capaz de destacar al punto de tener apoyo fuerte por parte de la industria y sobre todo de consolidarse de manera tan rápida al punto de lograr una producción como la que hemos vivido este fin de semana y que a buen seguro volverán a repetir (y ojo que no introduzcan alguna sorpresa que la mejore) en el WiZink Center de Madrid y en las dos fechas del Sant Jordi Club de Barcelona en diciembre, con todas las entradas agotadas desde hace mucho tiempo.  Comentaba al principio que se les compara con Héroes del Silencio, una de mis bandas de cabecera, pero creo que la única similitud que tienen con éstos es haber conseguido triunfar en España y fuera de nuestras fronteras de manera rápida con un estilo musical que bebe de influencias anglosajonas pero han sabido trasladar a nuestro idioma. Pero mientras que los de Zaragoza basaban su apuesta en letras muy místicas, una actitud e imagen sobria y oscura, fruto también de las tendencias musicales de su tiempo, y llegaron a inspirar tanto amor como odio casi a partes iguales por público y prensa, estos chicos se presentan como una apuesta más amable y divertida, con letras y actitud más accesibles sin caer en lo superfluo, con un vocalista que en vez de mantener una pose meditabunda y una voz grave muy personal, sale a comerse el escenario, a veces casi sin pestañear y otras con una energía arrolladora, y siempre con un registro de voz rasgado que tiñe de canalla una voz igualmente grave y personal. No obstante ni ellos niegan ciertas influencias ni renuncian al legado que Bunbury y los suyos dejaron en su día. Y qué mejor muestra las dos colaboraciones en forma de temas que han realizado junto al díscolo artista maño. Esperemos que su carrera como banda sea más duradera y, sobre todo, que no se desvíen de la senda del Rock…