Crónica | Kat Von D presenta My Side of the Mountain

La noche del concierto de Kat Von D en la Sala Salamandra fue, para mí, una especie de viaje personal. Prayers era un proyecto que seguía hace años, siempre me llamó la atención su estética, esa mezcla de lo gótico con lo cholo, un concepto autentico y muy visual, así que tenía curiosidad por ver cómo lo llevaban al escenario.

Kat Von D, por otro lado, es un personaje que recuerdo desde que era niña. La veía en TLC con sus tatuajes, su estilo tan marcado… incluso llegué a tener cuadernos de L.A. Ink. Más allá de la música, siempre me interesó su manera de construir su estética y su forma de vivir. Verla en directo tenía algo de nostálgico.

Challengers, banda madrileña, fue la encargada de abrir el concierto, lamentablemente me la perdí por temas de horario, pero me encantaría verlos próximamente.

Al llegar a la sala, lo primero que vi fue como la luz roja teñia el escenario mientras Leafar Seyer, cantaba Edge Of The Blade A su lado, dos hombres tatuados sostenían machetes como si fueran sus escoltas. A lo largo del set iban cambiando de posición, como parte de una especie de performance silenciosa. Llevaban collares de la Santa Muerte, cinturones de balas… todo muy en sintonía con la estética ritualista de Prayers.

 

El setlist también incluyo clásicos como Gothic Summer, From Dog To God, La Vida Es Un Sueño y Perfect for you, canción dedicada a Kat Von D, en esta canción se proyectaron fotos de kat en las pantallas del escenario, mientras Leafar le cantaba; su personalidad era muy característica junto a su manera de intercatuar con publico, hablando en español y sintiéndose orgulloso de sus raíces nativas, y mexicanas.

Luego, con el telón cerrado y la sala en penumbra, comenzó la espera. A las 22:00, el show de Kat Von D arrancó con el video de All By Myself proyectado en pantalla, dándole un inicio muy cinematográfico. Poco después, Kat apareció con un look que sintetiza todo lo que representa: traje ceñido completamente negro, peluca corta con flequillo y unas botas altas con hebillas. Gótica, sensual e imponente.

El show fue sobrio pero cuidado, con luces tenues, humo y un sonido impecable. No fue un concierto explosivo, sino uno más atmosférico e introspectivo. Del álbum Love Made Me Do It, solo interpretó Exorcism; el resto del set se centró en su más reciente trabajo, My Side of the Mountain.

Se notaba entusiasmo en el publico cuando empezaron a sonar los sintes de Vampire Love, así mismo con illusion; el publico coreaba hipnotizado por la presencia e imponencia de kat en el escenario.

Sammi Doll resalto, no solo por su presencia estética, sino también por cómo se movía al tocar, se notaba que disfrutaba cada momento sobre el escenario, y eso se contagiaba, con una actitud muy marcada que aportaba fuerza al show.

Los visuales a lo largo del set acompañaban esa atmósfera gótica que define a Kat Von D: ventanales de iglesias, bosques, cadenas… Era como adentrarse en su universo personal.

Eso lo hizo sentir más íntimo, casi como si estuviera tocando frente a amigos cercanos. Además, se mostró especialmente cálida y accesible en sus interacciones. Habló en español durante varios momentos, con un tono muy sincero y espontáneo, e incluso se acercó a dar la mano a algunas personas del público mientras cantaba. Se notaba que quería conectar de verdad.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando interpreto Por Ti, y cerró la canción diciendo: “Todo lo haría por ti, Rafael”, dedicándosela a su esposo. y finalmente al cerrar el show con Black Leather, se sentía la complicidad y el amor que se tienen.

Ver a Kat Von D no fue solo ver a una artista presentar su música, sino a una mujer compartir su mundo con total honestidad.