Desde que descubrí a Lucifer allá por 2015 en aquella lejana gira teloneando a Paradise Lost en la desaparecida Sala Arena y siendo aquella vez un día con más sombras que luces de parte de los de Joanna Platow, siguiendo su discografía tenía interés en saber cómo evolucionaba su directo con las distintas formaciones y viendo que actualmente su bajista es la de Rosalie Cuningham mi interés era aún mayor. También es cierto que cada vez que voy a la Sala El Sol es una especie de «maldición» ya que siempre me sucede algo. Pero no he venido a hablar de dramas sino a escribir sobre las sensaciones y canciones de las dos bandas que lo dieron todo sobre el escenario y nos dejaron un concierto bastante memorable.
Viadcuto: A caballo entre el Black Metal y el Gothic Rock.
Eran las 20:30 con una afluencia algo menos de la mitad de la sala con un público tirando más a veterano que joven aunque se dejaron ver bastantes caras jóvenes y daba el pistoletazo de salida la banda local Viaducto que me recordaron a Tribulation en las tablas e incluso a unos Fields of the Nephilim pero más llevados al terreno de lo extremo.

La voz tuvo buena parte del protagonismo. La interpretación se apoyaba mucho en una presencia escénica contenida, sombría y bastante teatral, jugando con las luces y con una imagen que parecía sacada de algún escenario de terror clásico. Precisamente ahí es donde encontré ese punto de conexión con Fields of the Nephilim, aunque Viaducto lo lleva hacia terrenos bastante más agresivos. También aparecieron ciertos ecos de Tribulation, especialmente en esa manera de combinar guturales, melodía y una estética casi gótica sin abandonar la contundencia.

El repertorio de Viaducto estuvo compuesto por ocho cortes, arrancando con Aequat Omnes Cinis y pasando por temas como Exequias, Exitvs Letalis, A Drop of Blood o Cementerio del Este, antes de encarar la recta final con Un Rubor, Defixiones y Luto para terminar en cosa de 40 minutos.
Un set bastante compacto que mantuvo esa atmósfera oscura y extrema que había marcado su propuesta desde el comienzo. Como detalle final, la banda dejó un pequeño homenaje a Tim Curry, un guiño que terminó de redondear la vertiente más teatral y siniestra de su puesta en escena. Sin necesidad de convertirse en el centro del concierto, ayudan a entender mejor el universo visual que rodea a la banda.

En definitiva, Viaducto dejó un directo oscuro, extremo y con bastante personalidad, funcionando como una buena carta de presentación para abrir la noche. El blanco y negro potencia todavía más la sensación lúgubre de la puesta en escena: el sombrero, la iluminación prácticamente en penumbra y la posición del vocalista frente al micrófono generan una imagen muy teatral, casi cinematográfica. No hace falta una escenografía excesivamente cargada cuando la propia actitud sobre el escenario consigue crear esa ambientación.
Lucifer: Nueva formación, directo renovado y una oda a los setenta que no suena a nostalgia de la época.
Había mucha expectación por la nueva formación, el nuevo disco y una sala prácticamente llena para ver a los de Joanna Platow que se presentó con mucha fuerza y una pedazo de voz en directo.
También ayudó el ambiente de El Sol, una sala de dimensiones reducidas que permitió vivir el concierto desde una perspectiva muy cercana. La banda aprovechó bien esa proximidad, ofreciendo un espectáculo directo y sin demasiadas concesiones, apoyado en su particular mezcla de hard rock setentero, proto heavy metal y doom.
Teniendo a su lado, la presencia de la bajista de Rosalie Cunningham el cual fue otro de los puntos fuertes del concierto, mostrando un dominio del instrumento espectacular y una soltura que se hacía notar durante todo el repertorio. Se movía por el escenario y tocaba el bajo con una naturalidad impresionante, como si pudiera hacer prácticamente lo que quisiera con él.

Con un repertorio de catorce temas, Lucifer planteó un concierto equilibrado entre sus diferentes etapas, aunque con especial presencia de su material más reciente. Anubis y Ghosts fueron los temas encargados de abrir la actuación, dando paso a Crucifix (I Burn for You), Riding Reaper y Wild Hearses, donde la banda dejó patente su particular combinación de hard rock setentero, doom y psicodelia.
La vocalista volvió a demostrar su capacidad para dominar el escenario y mantener la atención del público durante la actuación. La vocalista volvió a demostrar su capacidad para dominar el escenario y mantener la atención del público durante la actuación. Su presencia escénica, unida a una interpretación vocal sólida, hizo que buena parte de las miradas se concentraran en ella durante todo el concierto.
Platow supo ganarse a la sala poco a poco, jugando con las pausas, los gestos y la complicidad con las primeras filas, hasta tener al público completamente de su parte.
Salvo momentos puntuales que fue algo más cercana con el público se limitó a su «pose personal» que aunque no hubiera esa cercanía la respuesta por parte del respetable tras estos años fue bien recibida.

La parte central del concierto estuvo marcada por Abracadabra de su primer disco, Lucifer, At the Mortuary y Slow Dance in a Crypt, manteniendo ese carácter oscuro y envolvente que define a la formación. The Dead Don’t Speak, California Son y Bring Me His Head terminaron de consolidar un bloque muy sólido antes de entrar en la recta final.
Más allá del repertorio, uno de los puntos fuertes de la noche estuvo precisamente en esa comunicación con el público. Platow supo jugar con las pausas, las miradas y su actitud sobre el escenario, consiguiendo que la audiencia entrara progresivamente en el particular universo de Lucifer.
La respuesta fue especialmente buena durante los temas más conocidos, con un público que acompañó activamente el concierto y terminó completamente metido en la propuesta de la banda. Sin necesidad de sobreactuar, Lucifer consiguieron hacer de la Sala El Sol un espacio pequeño pero perfectamente adecuado para su propuesta, donde la cercanía permitió que esa mezcla de hard rock setentero, oscuridad y misticismo funcionara con especial eficacia.

Uno de los momentos más destacados llegó con Goin’ Blind, versión de KISS que encajó perfectamente en el repertorio y sirvió como homenaje a una de las grandes referencias del rock que tanto ha influido en Lucifer. Finalmente, Fallen Angel puso el cierre a una actuación muy bien estructurada y a una presentación que dejó buenísimas sensaciones, con un repertorio que apostó por la variedad sin perder en ningún momento la identidad de la banda.Salvo por momentos como una pequeña pelea verbal que se solventó bien y un par de problemas con el sonido y la voz de Platow que tuvo que parar en medio de un tema hasta que los técnicos lo arreglaron acercándose el final del concierto durante hora y cuarto pudimos presenciar un auténtico recital al más puro estilo setentero.







