El día domingo 28 de septiembre en Barcelona, después de lo que fue el Be Prog! My Friend y su prog variado, tuvimos la suerte de poder presenciar una jornada de sonidos tan oscuros que hasta las nubes negras llegaron de invitadas. Cinco bandas del mejor nivel se juntaron para un aquelarre en La Carpa del Poble Espanyol con motivo de una ceremonia que nos sumiría en las profundidades de la penumbra.

En esta cuarta edición que marca el regreso de la Okkult Session nos llenamos de la música de bandas que llevan una gran trayectoria invocando al lado oscuro de la vida. Enfocado en sonidos como el doom y el black metal (y sus variantes respectivas), este gran evento convocó a la reconocida banda inglesa My Dying Bride, una de las pioneras del doom death metal, quienes oficiaron de maestros de ceremonia, teniendo como antesala a los veteranos de Candlemass, prácticamente los creadores del subgénero del epic doom, los que tomaron las riendas después de que uno de los señores de las tinieblas, Gaahl, bajara con su proyecto Gaahl’s Wyrd, de que Sylvaine nos cautive con su bella y desgarradora voz, y que TodoMal comenzara a cubrir el cielo con su doom nacional. Todo esto, en un solo evento, ¿qué más podríamos pedir?

Llegando al Poble Espanyol ya podíamos ver algunas caras familiares, muchos ya volvían para su tercer día de música de la buena, aprovechando el cargado fin de semana que Madness Live nos permitió vivir en Barcelona. Poco a poco se acerca la hora de inicio, algunos compran merch, otros disfrutan una cerveza fría o algún bocadillo, mientras nos preparamos para quien da inicio a la jornada, TodoMal.

TodoMal

Esta banda nacional ha desarrollado un sonido particular, con un dejo clásico, así como unos discípulos de los suecos de Candlemass, a quienes tendríamos solo unas horas después.

Formada por Javier Fernández Milla y Cristopher Baque Wildman en el año 2020, este grupo ha logrado en muy poco tiempo hacerse de un grupo de fans bastante grande, lo que se refleja en la cantidad de asistentes con camisetas del conjunto español. Con sus discos Ultracrepidarian de 2021, y A Greater Good de 2023, han traído a nuestros oídos un producto de la mejor calidad musical, y para los amantes del doom, un sonido clásico y moderno a la vez, el que llevan a los escenarios junto a Bud en la batería, Cecilia Tallo en el teclado, y Javier Feléz en la guitarra.

Comenzando con High Time, con sonidos que parecen salidos de la última era de Queen, entre la luz y oscuridad que generan sus melodías, la banda despliega sus habilidades para atraer a los asistentes a disfrutar de momentos inspiradores y devastadores, lanzando luego su single Ultracrepidarian, del disco debut del mismo nombre. En honor a la ceremonia que estábamos empezando a presenciar, los españoles descargan uno de sus temas más representativos, Silent Mass, una canción que une al cielo con el infierno entre sonidos celestiales y dantescos que ponen los pelos de punta, con esos tonos densos que nos zamarrean emocionalmente entre el placer y el sufrimiento, o quizás ambos juntos.

Si bien TodoMal es una banda que lleva solo unos años activa, su sonido se siente como si llevaran décadas, con un manejo del escenario y de sus instrumentos muy profesional, lo que les ha dado el presentarse recurrentemente en los escenarios. Esto lo podemos ver con otro de sus clásicos, Gods Fucking in the Sky, canción que nos eleva y nos muestra que somos solo hormigas ante la crudeza del universo, para luego de permitirnos presenciar el espectaculo estelar, nos hace descender a las profundidades del infierno con Inferno Tristi, para luego presentarnos una canción nueva que estaban recién sacando del horno, para finalmente ir aterrizándonos a nuestro plano con Antichrist of Love, quizás una de las más famosas, con su reventón inicial que confunde a los espectadores con sus melodías tenebrosas, pero que a la vez dan una sensación de flotar en un limbo, con la mitad del cuerpo en la oscuridad, y otro en la luz.

Con este show que demuestra el potencial que ha desarrollado y sigue desarrollando la banda castellana, se da el comienzo al aquelarre, que seguiría con la bella voz de Sylvaine.

Sylvaine

El proyecto de Kathrine Shepard ya tiene más de una década llenando escenarios del mundo con su voz, que pasa de una belleza clara a otro tipo de belleza, una que nos desgarra el alma, pero con cierto placer. Ella, acompañada del baterista Dorian Mansieux, el guitarrista Florian Ehrenberg, y el bajista Maxime Mouquet, viniendo todos de diferentes países, dan vida en los escenarios a este proyecto solista que ya tiene cuatro LPs, y que los ha llevado a presentarse en escenarios de todo el mundo.

Comenzando con una muestra de su hermosa voz en Nova, la banda comienza a descargar su energía con Earthbound, una canción de su disco Wistful de 2016, la que nos trae desde el comienzo los gritos de Katrhine que desgarran el alma, que acompañados de riffs de guitarra que juegan con tonos limpios y distorsionados nos mueven por diferentes emociones y ponen nuestras cabezas en movimiento. Luego es el turno de una canción de su último lanzamiento, Fortapt, del disco Nova de 2022, el que muestra una faceta más madura de la artista noruega, con su comienzo cubierto de su hermosa y suave voz que luego explota en una supernova de guturales y distorsiones que se alternan constantemente a lo largo de la extensa canción.

Continua el show entre agradecimientos al público y a la productora Madness Live por permitir esta bella presentación, regalándonos I Close My Eyes so I Can See, emocionante al punto de parar los pelos, sobre todo al llegar su climax con un grito al cielo que desciende levemente.

Lamentablemente, y en honor al tiempo, el show fue breve y nos dio solo una muestra de su repertorio, tanto en honor al tiempo como por la longitud de sus canciones presentadas, sin embargo, pudimos continuar disfrutando dos últimas canciones de la banda de la multi instrumentalista noruega, que por nuestra suerte, no decepcionaron.

Para cerrar la tanda del álbum Nova, nos presentan un hitazo, la canción Mono No Aware, tema que refleja la madurez musical, la que abre frenéticamente plagada de instrumentos a tope, junto a su voz espeluznante que dan escalofríos que bajan por la médula espinal, que explotan con sus gritos y el desempeño de sus músicos, quienes permiten entrar en ese trance que acompaña tan bella voz. Así, se despiden con una de las canciones más representativas, del disco que le significó ser la primera mujer en ser nominada a los premios Spellemanprisen de Noruega, Atoms Aligned, Coming Undone, con Mørklagt, una obra maestra de principio a fin, que se ha transformado en una de sus creaciones más reconocidas, destacando con ese sonido que logra un ambiente saturado que no agota, con sus cuerdas y batería clásicos del black metal, rápidos y devastadores, junto con esa voz que pone hasta el último pelo de punta, como un trance que solo permite conectar con lo que está sonando, y jugando con ese mismo recurso de debatir entre lo lumínicamente bello y lo oscuramente hermoso, siendo una obra que calza perfecto con el ambiente del festival, y cerrando así una presentación que hubiésemos querido sea más larga, pero que nos dejará esperando con muchas ganas su regreso. Sin embargo, la ceremonia aun está comenzando, y después de Sylvaine nos toca esperar para ver a una leyenda del black metal, Gaahl, con su proyecto solista, Gaahl’s Wyrd.

Gaahl’s Wyrd

El archireconocido ex vocalista de Gorgoroth, Gaahl, seudónimo de Kristian Espedal, músico y artista noruego de ya gran trayectoria, viene a España a mostrar sus nuevas andanzas musicales con el proyecto Gaahl’s Wyrd, una toma diferente a sus otras bandas, la ya mencionada Gorgoroth, Trelldom, o God Seed, entre otras participaciones. En este caso podemos ver a un Gaahl mucho más maduro, jugando con los recursos del black metal pero incorporando algunos sonidos algo más progresivos, alcanzando un sonido similar al que están teniendo los también noruegos de Dødheimsgard.

El show comienza con sus músicos, todos muy bien formados y recordando la estética clásica de los inicios de este género, junto a Gaahl, quien con su cara pintada blanco y negro en su clásico estilo de corpsepaint, da inicio invocando a los fantasmas a esta ceremonia oculta con Ghosts Invited, de su debut de 2019, Gastir – Ghosts Invited. El artista noruego luego hizo un homenaje a sus otros legados musicales, con Carving a Giant de Gorgoroth, y Aldrande Tre de God Seed, generando locura en sus fans, quienes cabecearon hasta que el cuello no dio más, a medida que el sol se ponía y nos sumergía en las tinieblas, como si Gaahl fuera nuestro guía a las profundidades, con sus profunda y distorsionada voz que a momentos aumenta suena en forma de grito al cielo (o infierno) a un tono similar al característico de King Diamond, agudo y espeluznante. El show sigue con Awakening Remains – Before Leaving, y uno de sus nuevos singles, Braiding the Stories, del disco que lleva el mismo nombre, lanzado recientemente en 2025, y que muestra un faceta diferente del Gaahl extremo de Gorgoroth o God Seed, sino que ya vemos a alguien más sabio que cuenta historias aprendidas a lo largo de su recorrido por la tierra, y que musicalmente ofrece una toma diferente, que si bien mantiene la oscuridad, la demuestra de formas diferentes. Time and Timeless Timeline es otra muestra de este mismo camino, el que se aleja de los guturales clásicos, pero que toma luego nuevamente un desvío a Gorgoroth con Exit – Through Carved Stones y Høyt opp i Dypet, cover de su banda Trelldom.

Junto con la atmósfera que se genera con la caída de la noche y la iluminación del escenario, vemos un escenario plagado de movimiento y actitud, con Gaahl paseándose como el señor de las tinieblas que es, dejando caer su estremecedora voz que a ratos parecen lamentos de ultratumba. Moviéndose lentamente por las tablas mientras sus músicos revientan el escenario entre movimientos, riffs, tambores, y solos, suena Carving the Voices y From the Spear, antes de volver a Gorgoroth con Prosperity and Beauty, para cerrar finalmente con Through and Past and Past y finalmente Alt Liv de God Seed para dar por finalizada la invocación a los entes oscuros que se tomaron ya La Carpa, y que abrieron paso a uno de los reyes indiscutidos de lo oculto, los suecos de Candlemass.

Candlemass

Siendo uno de los principales exponentes del doom épico, prácticamente considerados padres del género, quienes desde 1984 han revolucionado la escena con la épica oscura de sus canciones, plasmadas por primera vez en el legendario Epicus Doomicus Metallicus, disco de 1986 que los lanza al mundo. Su líder y bajista, Leif Edling, ya es experto en liderar ceremonias ocultas sobre los escenarios, y junto a Johan Langquist en voces (regresando en 2018 después de haber dejado la banda en 1986), Mappe Björkman y Lars Johansson en guitarras, y Jan Lindh en los tambores, llevan 40 años esparciendo el doom por el mundo, con 13 publicaciones de estudio hasta la fecha, siendo Sweet Evil Sun su más reciente álbum (2022).

Comenzando el show con uno de sus hitazos, Bewitched, la banda hechiza a la audiencia con una potencia sin igual, la que quizás no esperaríamos al ver a unos veteranos con sus años encima sobre el escenario, pero muy por el contrario, demuestran que para el metal no hay edad. Ante esto, el público responde coreando you are bewitched mientras Johan se mueve por el escenario apuntando a diferentes sectores de la pista. Las luces generan un clima ad hoc a la presentación tiñendo bastante de rojo todo lo que alcanza.

El disco Nightfall de 1987, donde encontramos la canción recién mencionada, es el elegido para dar comienzo a la primera parte, siguiendo Dark Are the Veils of Death del mismo álbum. Y como si estuvieran haciendo un recuento de su historia, los suecos continuan su show con la canción Mirror Mirror, un clásico del disco Ancient Dreams del año 1988, el que logró poner a varios de los que presenciaban tal magna presentación a cabecear lentamente al ritmo fangoso de Candlemass.

Revisando el tono de la presentación, vemos que los veteranos del doom concentraron su repertorio en su pasado, en su versión ochentera, siendo el disco Epicus Doomicus Metallicus el foco principal. Así, la primera de unas cuantas sería Under the Oak, haciendo un desvío por su disco Tales of Creation de 1989 con la canción Dark Reflections.

La épica es parte fundamental de Candlemass, por algo el nombre de su disco debut. Sus integrantes parecen disfrutar cada momento, sin dejar que los años pasen encima, lo que es perceptible a lo largo del show, el que celebra 40 años hechizando mortales, hablándoles del demonio como en la canción Demon’s Gate. Pero no todo fue una oda a las reminiscencias del pasado, sino que dieron un espacio para lo moderno, la canción Sweet Evil Sun, del disco que lleva el mismo nombre, su última publicación de larga duración.

Entre los solos de Björkman y el desplante de Langquist con el micrófono, como también la presencia de Edling con su bajo, y de los demás músicos, los suecos dejan en claro por qué han alcanzado la fama que tienen, y cómo han llegado hasta hoy girando alrededor del mundo, aun cuando en 1994 decidieron dar fin a la banda, lo que quedaría obsoleto unos pocos años después al reunirla nuevamente para más doom.

Ver a una agrupación veterana como esta romperla en el escenario, no solo da gusto, sino que aumenta la fe en la buena música, como las canciones A Sorcerer’s Pledge y The Well of Souls, que fueron el inicio del fin de su presentación, la que concluye con el magno tema de sus inicios, Solitude, terminando de invocar a los espíritus oscuros y dar paso a un tono algo más… ¿romántico?

My Dying Bride

Y llegó el momento del cierre de esta nueva edición del Okkult Session, luego de un show de fuegos artificiales producto de la fiesta mayor de la ciudad de Barcelona, La Mercé, que cerró ese mismo día a solo pasos del Poble Espanyol, pudiendo disfrutar a la distanica mientras esperábamos para sumergirnos en más oscuridad oculta. Así, el día estaba concluyendo con una banda que se ha ganado un espacio en gran parte de nosotros, desde sus comienzos y su desarrollo en los años 90s y 2000s, con esa estética romántica pero oscura como una noche nublada. Los ingleses de My Dying Bride, banda pionera del death doom metal, formada en 1990 por el actual guitarrista Andrew Craighan, y el vocalista Aaron Stainthorpe (además de Rick Miah y Calvin Robertshaw, ex miembros de la banda), es hoy ya un estandarte de la estética gótica del metal, con canciones que nos recuerdan algo así como una película de vampiros que sufren la existencia y las vicisitudes del amor y la vida, con esa voz que parece un lamento, guitarras pegajosas, líneas repetitivas pero que a su vez se sienten totalmente armónicas y adecuadas para el estilo de esta tremenda banda.

Actualmente, y desde 2024, Stainthorpe está en un receso indefinido, supliéndolo Mikko Kotamäki (vocalista de la banda finlandesa Swallow the Sun) en las voces para las giras, como en este caso. La presencia de Craighan sigue en el escenario desde sus comienzos, sumados Shaun MacGowan en teclados y violines, Neil Blanchett en guitarra, Lena Abé en el bajo, y Dan Mullins en la batería.

El show da inicio con el profundo bajo característico de A Kiss to Remember, recordando sus primeros años, haciendo homenaje a su disco de 1996 llamado Like Gods of the Sun, tocando luego de My Hope, the Destroyer (The Dreadful Hours, 2001) la canción que lleva el nombre de ese disco, siendo su cuarta publicación de estudio, para luego dar un salto a su última publicación llamada A Mortal Binding, con el único tema que presentaron de ese disco, The 2nd of Three Bells, una muestra del progreso que My Dying Bride ha tenido, y a su vez ha dado a la escena del doom a nivel mundial, siendo referente para un montón de grupos que siguen el género y la estética musical en general.

Al parecer, la banda ha querido hacernos recordar, concentrando bastante del show en los discos que los llevaron a la fama, como el caso de The Angel and the Dark River de 1995, del cual presentan From Darkest Skies, y la inconfundible The Cry of Mankind, en tonos rojos y con ese riff de guitarra que reconocemos a kilómetros, repetitivo, hipnotizante, triste, pegajoso, y hermoso.

El escenario cambiante entre tonos azules, rojos, y amarillos genera una estética que apoya a la banda, la que se presenta en sus posiciones, bien formados, sin mayor movimiento, siendo Kotamäki el que levemente se desplaza a momentos, con una gorra que tapa su expresión, y esa voz aletargada clásica de la banda. Con esto frente a nosotros, suena un clásico antiguo, The Snow in My Hand, el tema más antiguo del setlist, perteneciente al disco Turn Loose the Swans de 1993, representando ese sonido más crudo que, si bien es bastante similar al actual, tiene ese sello noventero del género, con pasajes bastante cercanos al death metal, pero en un tempo ralentizado, usando voces guturales para acompañarlo, intercalando con bellos y tenebrosos violines, como ha mantenido la agrupación hasta el día de hoy.

Llegando al tramo final de la presentación y del festival (y de un fin de semana donde La Carpa del Poble Espanyol fue nuestro segundo hogar para muchos de los que también asistimos al Be Prog! My Friend), suenan Feel the Misery, canción de 2015 presente en el disco del mismo nombre, para finalizar con She is the Dark de The Light at the End of the World (1999), y poner el punto final con la sucia y oscura The Raven and the Rose, una pesada obra llena de rugidos y densidad pantanosa, tan tenebrosa que asustaría a cualquier abuelita, dejándonos a todos completamente oscurecidos, pero con los oídos y el corazón satisfechos.

Con esto, la banda deja el escenario y es el momento de despedirnos por un tiempo del recinto que nos acogió para darnos un fin de semana lleno de la música que nos gusta, y en este caso, cerrando una cuarta edición del Okkult Session, uno de los festivales más esperados del año, que por fin regresa a nuestros oídos, y que ya nos promete una nueva edición el año 2026, por lo que preparense desde ya, que se viene un nuevo aquelarre lleno de la penumbra musical más bella que cae sobre la ciudad condal.