Crónica | Rockstadt Extreme Fest 2025: miércoles 30 de julio
El primer día de un festival suele ser para todos como la mañana de Reyes. Te despiertas con toda la ilusión del mundo, llegas al recinto y vas descubriendo cada rincón que te ofrece. El Rockstadt Extreme Fest se enmarca a los pies de la majestuosa fortaleza de Râșnov, en la región de Transilvania, lugar idílico para un festival de metal. O al menos eso pensaba. Y es que, según pasan los años, la burbuja festivalera crece y crece, no sólo en España.
Ese festival que nació en 2013 como algo mediano, familiar, y que ha ido evolucionando con los años, en esta edición se ha convertido (al menos los primeros días) en una especie de caos organizativo. Inmensas colas para recargar la tarjeta del festival —sí, aún funcionan con ese obsoleto sistema—, colas eternas para pedir bebida y comida, y un control del aforo algo cuestionable.

Pero no todo va a ser malo: el año que viene se mudan a un lugar más amplio, que seguro que traerá consigo infinitas mejoras. Vamos con el primer día.
Slomosa abrieron el festival con su estilo indescriptible, riffs pesados y llenos de energía que calentaban a un ya gran número de asistentes que se congregaban en torno al Brașov Stage.

Y comenzó la lluvia… No fue el Wacken, pero nos mojamos un poco durante el concierto de los británicos Green Lung. Directos, bailongos y setenteros. Un auténtico disfrute para los fans del rock más clásico.

La lluvia nos dio un respiro y corrimos a ver a Katatonia. Los suecos comenzaron con mal pie, y es que en el Adrian Rugină Stage el sonido del primer día no fue el mejor. La voz se perdía entre guitarras atronadoras y bajos que te hacían temblar el pecho, cosa que mejoró durante el show, pero no terminó de ser un ajuste fino.

Ya caía la noche sobre los Cárpatos y llegó el turno de los maravillosos Zeal & Ardor. Rozaron la perfección absoluta: sonido impecable, producción cuidada y sin artificios, y una musicalidad tremenda. El trío de voces celestiales se mezclaba con la dureza de los riffs y esa vertiente gutural de Manuel Gagneux que me volvió loca. Coreamos temazos como Götterdämmerung o Trust No One.

La oscuridad de Emperor tomó el control del escenario principal. Y es que, a pesar de esa pinta de informático viciado al LoL que tiene Ihsahn, sigue siendo uno de los frontman más respetados de la escena del black metal. Es el claro ejemplo de que el corpse painting y la sangre falsa no se necesitan para ser uno de los máximos exponentes del true Norwegian Black Metal.

Unprocessed nos llevaron al tercer escenario (tercero en tamaño, no en calidad). Y es que los alemanes, con su mezcla de progresivo y metalcore, agruparon a la parte más joven del público. Bajo una tímida llovizna, les quedó un show épico.

Se acercaba el final, pero tocaba ver a una de mis bandas favoritas del día: Mastodon. Después de la salida de Brent Hinds no sabía muy bien qué esperar, pero siguen siendo una bandaza. Repasaron temazos del ya legendario Leviathan e incluyeron una versión de Supernaut, de Black Sabbath. El concierto terminó con unas 15.000 almas coreando el nombre de Ozzy. Precioso momento.

Y ahora sí que sí, los cabezas: Machine Head no fallan nunca. Son lo más parecido a un reloj suizo que conozco. La banda liderada por Robb Flynn sigue siendo una apisonadora. A pesar de los dos últimos trabajos de calidad un poco cuestionable, siguen teniendo hits que perdurarán en la memoria como Halo, Davidian o Ten Ton Hammer. Riffs, actitud y fuego: tres cosas que jamás fallarán.

Así terminamos la primera jornada de este Rockstadt Extreme Fest: entre largas colas, un poco de barro y un sonido mejorable. Pero disfrutando de un lugar idílico y de auténticos grupazos.
Texto y fotos: Beatriz Blanco























