En un “soberbio” concierto de 3 horas, la familia Sôber celebró sus 30 años de trayectoria como si por ellos no pasara el tiempo. En absoluta comunión con una Sala Mamba! llena de incondicionales y nostalgia a raudales, hicieron un amplio repaso a lo más destacado de su discografía junto con las joyas musicales que un día nos regalaron esos proyectos paralelos llamados Savia y Skizoo.

Grupos: Sôber, Savia y Skizoo 
Recinto: Sala Mamba! - Murcia 
Fecha: 23 de marzo de 2024 
Promotor: El Dromedario Records 
Texto, foto y vídeo: Manu Hernández

Empiezo a escribir esta crónica, con mis ojos empañados en lágrimas, mientras escucho Eclipse de Sôber. Hace una semana viví uno de los conciertos en los que he trabajado con más facilidades, así como completo y emotivo como pocos en todo el tiempo que llevo siguiendo a la que sin duda considero la mejor banda de Metal Alternativo nacional y, en consecuencia, la que más éxito ha tenido dentro y fuera de nuestras fronteras.

Sôber, es la banda que desde hace veintitantos años se ha mantenido en el primer puesto del podio de mis favoritas a nivel nacional (sucediendo a mis Héroes del Silencio de años mozos), y que, a pesar de los nuevos descubrimientos y amores de verano, sigue siendo la compañera que me llevaría a una isla desierta si me dieran una única opción musical.

Pero he llorado, ya no por escuchar el tema en sí, ni por lo que representan para mí los protagonistas de esta crónica (que en parte también, respecto a la profesionalidad que merecen por mi parte). Lo hago porque muchas veces sufro en silencio lo difícil que es compaginar mi labor (y la de mis compañeros y compañeras de gremio) con la vida familiar y personal, y los sacrificios que hacemos en pro de apoyar esta música tan denostada por los medios generalistas y los especializados en música comercial. Sabe Dios que me hubiera gustado tener escritas y publicadas estas palabras, junto con el amplio material audiovisual que tuve la suerte de capturar, uno o dos días máximo después de la celebración del evento. Igualmente, me hubiera gustado hacerlo con el concierto al que asistí la semana anterior de mis queridos Mind Driller, pero ahí está, aún en el tintero. Y es que cuando hay que priorizar familia, trabajo y salud por encima de esta pasión que tanto nos cuesta y que hacemos por amor y apoyo al arte, hay que hacer de tripas corazón. Y si no, que se lo digan a Erik Grönwall, el fantástico vocalista sueco que esta misma semana anunciaba su salida de los míticos Skid Row por incompatibilidad entre lo que había sido un sueño hecho realidad para él, y lo que es prioritario en su realidad personal: cuidar de su salud.

Ha habido también un artículo que he leído esta semana sobre la precariedad laboral y la desaparición de la cultura underground en la música, u otro sobre la brecha entre los sold-outs y lo que en el mundillo llamamos “palmar pasta”, que me hacen reflexionar mucho sobre lo duro que es hacer sostenible cualquier actividad relacionada con este negocio.

Pero bueno, aquí estamos aún al pie del cañón, y una vez cerrado el capítulo de mi diario personal quiero dar paso a la crónica del paso por Murcia de esta gira tan esperada por muchos.

Año de echar la vista atrás, renovar y celebrar.

Este 2024 ha venido con dos grandes novedades para Sôber: una ha sido el lanzamiento de Retorcidos, una regrabación de Torcidos, el que fue su primer disco lanzado en 1997 cuando aún se llamaban Sôber Stoned, y otra esta gira de celebración del 30 aniversario de la fundación de la banda.

El 1 de marzo vio la luz el disco, y al fin de semana siguiente comenzó la gira con llenazo en Las Ventas de Madrid. Murcia no iba a ser menos, y la Sala Mamba! también registró un lleno absoluto.

Puntuales según lo programado a las 22:00 hrs arrancó el concierto sonando la intro Amosis, en su versión de Retorcidos.

La entrada de los cuatro miembros de Sôber: Carlos Escobedo (voz y bajo), su hermano Jorge y Antonio Bernardini a las guitarras, y Manu Reyes a la batería, levantó los primeros vítores. Sólo había que ver las caras en primera fila para entender lo que la noche representaba en las vidas de muchos y muchas de los allí presentes.

Tras la intro arrancaron con La Prisión del Placer, uno de los temas míticos que tanto hemos escuchado los adictos a Sôber y que fueron enlazando con un medley de lo más destacado del disco al que pertenece: Morfología. Disco con el que seguramente les conocimos la mayoría de los allí presentes.

Con un Carlos Escobedo por el que no pasan los años, muy animado, moviéndose sin parar y cantando tan bien como siempre (no le he visto una mala noche en los muchos conciertos suyos en los que he estado), escoltado por la seriedad y concentración a la que ya nos tienen acostumbrados Jorge Escobedo y Antonio Bernardini, pasaron de puntillas por su siguiente disco Synthesis con Vacío, otro de los temas estandartes de su carrera, con un tono especialmente oscuro que caracterizó sus inicios y las letras reflexivas llenas de sentimientos reales y emotividad a las que Carlos nos tiene acostumbrados.

Con Sombras, nos trasladaron a los Sôber que, desde mediados de su carrera tras el paréntesis en que la banda estuvo disuelta de 2005 a 2010, orientaron su sonido a un estilo más melódico, con unos estribillos más comerciales, sin perder en ningún momento la fuerza y calidad instrumental. Con Blancanieve y La Araña siguieron transitando por ese camino, con un público agradecido coreando estos temas míticos de la banda.

Antes del primer cambio de tercio, para dar paso a las demás formaciones de la noche, también importantes en la carrera musical de todos los miembros de Sôber (a excepción de Manu Reyes, que estuvo allí atrás elevado dándolo todo y sin fallo alguno en su batería, como siempre), elevaron el nivel de comunión con su parroquia tocando Arrepentido, uno de los temas más icónicos de Sôber.

La importancia de Morti, Skizoo y Savia en la historia y evolución musical de Sôber.

Tras un brevísimo intervalo, aparecieron en escena el gran Morti al micro, y Jesús Pulido al bajo. El primero, carismático frontman conocido por los proyectos en los que a lo largo de su carrera ha impreso su sello personal inconfundible y, que durante los años que Sôber estuvieron separados, formó Skizoo junto a los dos guitarristas de Sôber y, en aquellos tiempos, otros músicos reconocidos de la escena que no participan en esta gira de 30 aniversario. Por su parte, Jesús Pulido, ya conocido por su trabajo como bajista y voz fundador de la banda Turbolovers, había acompañado a Carlos Escobedo en su banda Savia, también durante el paréntesis ya comentado de Sôber.

Con Sólo estás tú, ese sector del público que, como en todas las familias pasa, tiene más preferencia por papá que por mamá, o viceversa, volvió una vez más a disfrutar en directo de la magia de Morti que, en su día, llenó el vacío que dejó la separación de Sôber y al mismo tiempo conquistó nuevos seguidores, con esa dupla Escobedo-Bernardini que dio rienda suelta a nuevos registros guitarreros no explorados anteriormente.

A partir de aquí, se sucedieron alternancias en el escenario con Skizoo y Savia, entrando Carlos Escobedo y su sombrero de paja estilo americano característico de su imagen con Savia en el puesto de Morti, manteniéndose Jesús Pulido al bajo y coros, y permitiendo a Carlos coger la guitarra que tocó durante el periodo de su proyecto más personal, que quizás sonara más a Sôber por ser letras y voz del mismo autor. La primera que pudimos escuchar fue Derrotado, y se intercalaron Habrá que Olvidar y Dame Aire de Skizoo, con Insensible y Fragile de Savia.

Durante este tramo del concierto, Carlos destacó el esfuerzo realizado por Morti y por él mismo para estar sobre el escenario estando fuertemente acatarrados, pero jocosamente declaró que “para eso están las drogas” y aclaró con naturalidad, ante el gesto de sorpresa de alguno o alguna de los presentes, que se refería a las drogas legales, las que te receta el médico como el Enantyum y los antigripales.

En una fase más emotiva del concierto, bajando revoluciones y al mismo tiempo poniendo la piel de galllina, llegaron Algún Día de Skizoo y a continuación Inmortal, tema que Carlos dedicó al batería Alberto Madrid, co-fundador de Savia y que falleció en un accidente de tráfico apenas un año después del debut del nuevo proyecto, habiendo sido antes del parón de Sôber el batería que más años había estado en la banda y reconocido por muchos por su gran labor con las baquetas.

Renuncia al sol de Skizoo y Sólido de Savia, cerraron este bloque del concierto dedicado a ambos proyectos paralelos.

Vuelta al presente y fin de fiesta por todo lo alto.

Obviamente tanto un servidor como cualquiera de los allí presentes echamos de menos algunos temas, pero no se puede meter todo en un repertorio que ya de por sí es generoso. No obstante, quedaba mucho por delante y lo siguiente fue la comentada al inicio de esta crónica, Eclipse, con la que se dio inicio a un bloque de temas exclusivamente de los Sôber de la segunda etapa tras su separación, junto a momentos de puro espectáculo que hicieron que se nos pasaran las 3 horas casi volando en un carrusel de emociones.

Vulcano, El día de la liberación, y Tic Tac, dieron paso a otros dos temas de esos que han creado escuela en la discografía de Sôber: La nube y El hombre de hielo. Éxtasis total y por momentos el público coreando que sonaba más alto que el propio Carlos Escobedo.

En la parte audiovisual del montaje del directo, destacar que contaron con una gran pantalla central tras la batería de Manu Reyes, y 12 paneles (6 a ambos lados) a lo ancho del escenario, donde se iban proyectando imágenes relacionadas con los temas que tocaron. Así mismo, como no puede ser de otra manera en los tiempos actuales, por supuesto que tiraron de backing tracks y pistas electrónicas que hacen que la banda suene lo más fiel posible al estudio, sobre todo en los temas de la época más reciente donde el estilo se ha tornado más moderno que en sus comienzos.

Brazos altos, caras bajas, del último trabajo Retorcidos, que nos hubiera gustado que al igual que en Madrid contase con la participación de Charly López de Bon Vivant para las partes de violín, dio paso al show que, precedido de la gloriosa 10 años y con el público de nuevo elevado al máximo fervor, dieron Manu Reyes y Carlos Escobedo en una segunda batería instalada en la zona derecha mirando de frente al escenario. Momento para el espectáculo y regocijo personal de ambos músicos que, a continuación, tuvo segundo capítulo con la guerra de espadachines a modo de pique que mantuvieron también un rato los guitarras Jorge Escobedo y Antonio Bernardini.

Minutos de exhibición instrumental que aproveché para tomar aire, respirar hondo y ser un poco más consciente, bajando adrenalina, de que aquella noche iba a pasar al recuerdo por ser un concierto/espectáculo impecable.

Entonces sí, llegó la recta final, con Carlos Escobedo bajando a cantar la balada Estrella Polar dándose un paseo tranquilamente entre el público, quien en todo momento se mantuvo respetuoso con el cantante. Algo que, sería impensable con algún otro artista y público de menor edad que el que allí había presente.

Tras un pequeño descanso, los bises, para los que Morti volvió a coger el micro, aunque esta vez para acompañar a Carlos, quien dejó las tareas de bajista de nuevo a Jesús Pulido. Juntos, todos los músicos de la gira, interpretaron con el respetable absolutamente volcado, la versión renovada de Tiempo, primer adelanto de Retorcidos, y Naúfrago, del Superbia.

Pero antes de echar el telón, a modo de regalo para su fanbase, volvieron a quedarse solos los 4 miembros de Sôber para terminar el concierto por todo lo alto con uno de sus himnos de los inicios de su carrera: Loco, con la que pusieron a todo el mundo a dar botes y que finalizaron de manera apoteósica con un guiño por parte de las guitarras a un riff de Metallica (si mi memoria no me engaña y eran de otra banda de las míticas de Heavy Metal).

En conclusión. Una noche para no olvidar nunca, máxime cuando hace 10 años fui muy partícipe de su 20 aniversario en su paso por la difunta a la par que magnífica Sala Budokan de Cartagena y creí que nunca superarían ese nivel. Hace unos años también tuve el privilegio de cubrir como prensa para esta casa el paso de su gira La Sinfonía del Paradysso en el Teatro Circo de Murcia (crónica completa aquí), un recital exquisito y diferente, pero en otro registro al de este 30 aniversario en el que sentí en todo momento que los años no han pasado por estos músicos y sus canciones, y que podrían haber estado un buen rato más. Lo dejaremos para el 40 aniversario, que esperemos llegue a suceder y podamos estar ahí para contarlo.

Galería de fotos