Ya pocos bolos quedan para el termino de año y que mejor que cerrarlo junto a Airbourne y Blues Pills. Este es otro de los conciertos trasladados de sala en este último trimestre del 2022. Pero de buena forma para llenar un Razzmatazz y hacerle un cueco a estos grandes del rock actual.

Obviamente, en escena puntual saldrían Blues Pills pegándonos caña desde el primer segundo. La enérgica y camaleónica Elin Larsson desde que se plantó en escena que no dejo de correr y animar a los asistentes que habían llevado a ver a los suecos.

Holy Holy! El nuevo trabajado de la banda pasando sin pena ni gloria debido a la pandemia. Además de la avalancha de estrenos que nos asecho el 2020 por fin cobraba su merecido espacio. Proud Woman, Low Road y Kiss My Past Goodbye nos deleitaron en primera instancia.

La increíble interpretación de la cantante y sus músicos fueron el plan perfecto para la previa de Airbourne.

¿Qué podemos decir sobre Airbourne en resumidas palabras? Porque una locura sí que lo son arriba de las tablas. Alejándome de comentar las canciones que se tocaron en Razz aquella noche, las maquinas australianas nos arrollaron con un show energizante y lleno de sorpresas. A pesar de tener los spoilers de Madrid navegando por internet horas antes de vivirlos en Barna, nada impidió que la previa se desbordara la gente con clásicos de Judas o Iron Maiden.

Ya nos podría sonar este nombre para los grandes carteles de los festivales de verano que se dejaron este 2022. Una gira ambiciosa pero que lamentablemente su paso por España no fue en el mejor momento para todos. Muy bonito fue el sueño de tener el Sant Jordi Club a tope pero un Razz a toda capacidad nos daba la sensación de refugio para tener a estas leyendas del Hard Rock.

Esa alma del rock pegajoso de antaño que no nos deja respirar es la cara principal que nos han plasmados los hermanos O’Keeffe. Que tras una armadura completa de luces tras el escenario y una vitalidad incomparable nos deleitó aquella noche. El salto esperado en Girls in Black no nos pillaba de sorpresa pero si con las ganas de: alejarnos completamente de la cerveza voladora o disfrutar el momento –también captar la mejor toma, pero fue algo difícil en nuestro caso-.

Los electrizantes riffs y el repertorio balanceando el Black Dog Barking y el Runnin’ Wild por un lado. Siempre tratando de compactar sus éxitos con los cortes más under pero sin dejar un segundo de suspiro a nadie.

Las circunstancias quizás mataron un poco la magia de verlos a lo grande, pero no quepa duda que estamos frente a uno de los referentes que nos persiguieran los años que nos queden en todos los festis y bolos importantes.