Alice Cooper, un artista incombustible que demuestra cada año que pasa ser uno de los más grandes de su generación y de los que mejor conservan el estado de forma.

  • Crónica: Luis Rey
  • Fotos: Pedro Hernández

Tarde-noche de mucho calor y bochorno en la localidad madrileña de Leganés donde aconteció una de esas fechas señaladas muy especialmente en el calendario. La visita a la capital de Mr. Alice Cooper y su banda tras casi tres años de parón por la pandemia no era un asunto que se pudiera dejar escapar fácilmente.

Con una entrada más corta en cuanto aforo que en otras ocasiones (ha comenzado el verano y la gente huye los fines de semana hacia sus segundas residencias) y para calentar motores tuvimos la actuación de los rap-metaleros Bourbon Kings. Una banda que poco o nada tenía que ver con el artista principal de la noche y así supieron reconocerlo ellos mismos a voz viva encima del escenario. Se había congregado ya algo de público en la pista de una Cubierta abierta al exterior en un 50% y estuvieron animando a la banda invitada que a pesar de no jugar con las cartas a su favor le pusieron muchas ganas y entusiasmo. Entre lo más destacado una potente versión del Smack My Bitch Up de The Prodigy.

A las 21.30 horas y ya prácticamente anocheciendo se encendieron las luces tras el espectacular telón que cubría el escenario y tenía como imagen los ojos de Alice Cooper y su maquillaje clásico del que se encendieron los mismos de color rojo.

Foto: Pedro Hernández

Con una puesta en escena espectacular como siempre donde la teatralidad va de la mano del componente musical arrancaron con una artillería de clásicos que sonaron prácticamente sin descanso. Feed My Frankenstein, No More Mr.Nice Guy, Bed of Nails y Hey Stoopid así casi sin pensar ni dar tregua. Con algo de esta índole nada más empezar un triunfo asegurado se tiene de antemano. La banda sonó como un cañón y pese a que la acústica del recinto nunca ha sido la mejor fue mejorando conforme iba avanzando la velada.

Pero no solo de clásicos vive Alice. De sus más recientes obras de estudio sonaron Fallen in Love (Paranormal) y Go Man Go (Detroit Stories) donde nos percatamos que la creatividad del artista mirando hacia atrás en ya varias décadas parece no tener fin. Siempre ha sabido rodearse de manera muy inteligente de grandes músicos y ponerlos al servicio de su carrera.

Otro latigazo más con el clásico Under My Wheels para continuar con otra gran canción recuperada de su etapa junto al gran Kane Roberts a la guitarra del álbum Constrictor y que es He’s Back (The man behind the mask) para maracas en mano enlazarla con Go to Hell que sonó atronadora.

Foto: Pedro Hernández

Otra visita al pasado con I’m Eighteen que fue muy celebrada junto al gran clásico de las radiofómulas Poison coreada hasta desgañitarse por toda la audiencia.

Los continuos cambios de vestuario y la variedad en las presentaciones teatrales de cada canción suman un plus para todos aquellos que siguen la trayectoria de Alice con el paso de los años y añaden ese factor sorpresivo para aquellos que nunca han podido disfrutarlo en vivo.

Foto: Pedro Hernández

Tras un espectacular Billion Dollars Baby (con el muñeco gigante del bebé en el escenario) llega el turno de las partes instrumentales del show donde todos los músicos de la banda toman protagonismo empezando por Nita Strauss que realizó su clásico solo de guitarra haciendo las delicias de todos los que la admiran. La verdad es que no para quieta ni un instante durante todo el concierto dejando claro que ha ganado mucho peso y protagonismo en el seno del grupo.

Foto: Pedro Hernández

Roses on white Lace es la siguiente en sonar dando paso al trío My Stars, Devil´s Food y Black Widow donde tanto Ryan Roxie (en mi opinión el guitarrista con más feeling de toda la banda) como Tommy Henriksen, Chuck Garric y Nita Strauss se exhiben con sus instrumentos dando descanso merecido a su líder.

Una mención aparte merece también el batería Glen Sobel realizando el típico solo pero sin alargarlo demasiado y dando una dosis exacta de su virtuosismo y feeling con el instrumento.

Foto: Pedro Hernández

Ya ataviado con su clásica camisa de fuerza aparece de nuevo Alice en escena para interpretar Steven (del clásico Welcome to my Nightmare) seguida de Dead Babies donde intentó decapitar a un bebé de atrezo para ser él el protagonista de su propia decapitación con el clásico número de la guillotina. Chuck Garric tomó entonces los mandos con su poderoso sonido de bajo para cantar I Love the dead.

Foto: Pedro Hernández

La traca final la componen Escape y Teenage Frankestestein donde toda la banda se despide y sale del escenario para volver con el bis de rigor y obligado para interpretar el cañonazo School´s Out. Aquí Alice presenta a toda la banda y hacen un pequeño medley con el Another Brick in the Wall de Pink Floyd.

Foto: Pedro Hernández

Con una tremenda ovación que se prolonga hasta que los músicos abandonan el recinto por uno de los laterales del escenario quedan los ecos de una enorme actuación reflejada en los rostros de satisfacción de cada una de las personas que pudieron asistir a otro show monumental de Mr. Vincent Furnier y su banda.

Foto: Pedro Hernández

Un artista incombustible que demuestra cada año que pasa ser uno de los más grandes de su generación y de los que mejor conservan el estado de forma. Tenemos Alice Cooper para rato y vamos a disfrutarlo.

Foto: Pedro Hernández