Con la ola de frío que llegó a la ciudad condal, venía bien un poco de buen rock para calentar el cuerpo, lo que fue posible gracias a dos bandas que entregaron su versión personal de rock puro. El pasado 10 de diciembre, el grupo de hard rock y blues sueco, Blues Pills, vino a Barcelona a apaciguar el frío, prendiendo a todos los asistentes gracias a su gira Happy F*cking Birthday Tour, posible gracias a Route Resurrection. Y como la buena compañía es algo fundamental, junto a ellos en la gira venían los canadienses de Daniel Romano’s Outfit, con una propuesta de un rock hacia el folk, con tonos country, permitiendo una unión de influencias que revolucionaron la famosa Razz 2.

Blues Pills surge en Suecia en el año 2011, siendo formada al conocerse Elin Larsson, su vocalista, con el bajista Zack Anderson, y el ex baterista Cory Berry, grabando así dos demos que publicaron en YouTube, lanzando posteriormente su primer disco en 2014 llamado homónimamente Blues Pills, hasta llegar al día de hoy con cuatro discos de estudio, dos en vivo, más EPs, singles y compilados. El éxito de la banda los ha llevado a presentarse en festivales como el Festival de Jazz de Montreaux, Wacken Open Air, Rock am Ring, entre otros. Esta vez, vinieron a Barcelona a presentar su disco Birthday, lanzado este año.

Daniel Romano’s Outfit es un conjunto canadiense liderado por quien le da nombre, Daniel Romano, que con la colaboración de varios músicos da vida a un rock que a ratos coquetea con el folk norteamericano y a otros con el country, incorporando elementos de un rock retro, y con un aire indie, dando una sensación nostálgica y muy variada en sus composiciones. Si bien Romano tiene diversos proyectos musicales, específicamente con su Outfit ha lanzado cuatro discos, siendo el último Too Hot To Sleep de 2024.

Daniel Romano’s Outfit
Con un inicio movido para calentar motores, la agrupación canadiense arranca con Field of Ruins, y entre panderos y guitarras con un airecito punk continuaron mutando el sonido con Sucking the Old World Dry e Impossible Green, incorporando elementos rockeros variados, las que transportan a diversas influencias musicales que confluyen en la guitarra y voz de Daniel, junto al pandero y voces de Carson McHone, el bajo de Roddy Rosetti, y la batería del hermano del líder, Ian Ski Romano.


La banda, imponente en el escenario, con su rojo telón de fondo, continuó la eléctrica presentación con Green Eye Shade y The Long Mirror of Time, siempre manteniendo esa esencia rocanrrolera de antaño, lo que no pudo evitar hacerme recordar a uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos, los legendarios The Band, entre tonos de americana, folk, country y rock blusero. Nerveless con todas sus voces y ritmo contagioso empezó a dejar más que claro el poder de los canadienses, y Where’s Paradise aun más su versatilidad y alma, con su rapidez bailoteable que llevaba el sonido a otros tonos rockeros diferentes. Pero a veces viene bien entre tanto movimiento un poco de calma, lo que trajeron con State of Nature, pero no duro mucho ya que Toulouse trajo influencias enérgicas setenteras y noventeras que volvieron a despertar el cuerpo.


Si bien el nombre de Daniel está claro en el de su agrupación, los demás miembros del Daniel Romano’s Outfit también tienen su espacio de protagonismo claro, presentando la canción Downhill de su otra vocalista Carson McHone, tomando ella el podio con su voz y su pandero, como también la nueva y enérgica canción Fire Breather, cantada por, Roddy, su bajista. Finalmente, en un bello cierre, Empty Husk finaliza entre bellas voces e instrumentos que nos fueron aterrizando de vuelta a la sala, después de un pequeño viaje en el tiempo que al menos a mi, definitivamente me dejo con ganas de verlos nuevamente.
Blues Pills
Luego de una breve espera, las guitarras vuelven a encenderse para traer al escenario a quienes todos estaban esperando, y poco a poco se suman la batería, el bajo, y la anfitriona, Elin Larsson, vocalista del conjunto sueco, comenzando un tremendo show con una muestra de su reciente álbum Birthday, iniciando nada más y nada menos que con, Birthday, causando furor entre los espectadores, quienes se mostraron entusiasmados de poder verlos en el escenario. Así, siguieron en el orden del disco con Don’t You Love it, y luego reventando la sala con Bad Choices, luciendo Elin su voz blusera y su presencia como frontwoman de una banda como esta, y llevando al público a aplaudir y seguirla con gran ímpetu. Antes de pasar a tocar temas de otros discos y mostrar su historia musical, suena la melancólica Top of the Sky, dejando muchos sus pulmones en la cancha acompañando en las voces.


Bliss, una vieja canción lanzada en su EP del mismo nombre en 2012, fue la que regresó el baile y los movimientos al ritmo del pandero de Elin, destacando la guitarra de Zack Anderson en gran parte del carácter medio psicodélico de la canción, con esas cuerdas calientes que nos transportan a los sesentas y setentas. A continuación, un manifiesto del gran poder femenino con Proud Woman, seguida de Low Road (ambas del disco Holy Moly! De 2020), que finalizó en una explosión rítmica y frenética con la batería de André Kvarnström, el marcadísimo bajo de Kristoffer Schander, sumado a las bluseras y psicodélicas guitarras de Anderson, y por supuesto, la voz de Larsson, quien terminó girando su micrófono por los aires.

Luego de agradecer a sus compañeros de ruta, Daniel Romano’s Outfit, regresan a sus nuevas canciones con Like a Drug, junto a un emotivo discurso sobre las dificultades de ser madre o padre y tener que estar de gira, haciendo un homenaje a todos quienes, trabajando duro, también hacen un excelente trabajo al cuidar de sus hijos.

Después de interpretar Piggyback Ride, la banda decide viajar en el tiempo y regresar a sus inicios con High Class Woman, tema presente en su disco debut, Blues Pills, publicado en 2014, y que nos transporta no solo a esa época, sino que funciona de catapulta para conectar en trance con un hard rock blusero que recuerda a Led Zeppelin tanto en sonido como en espíritu. Siguen en este plan con Ain’t No Change, y con la tremenda Black Smoke, con sus tonos de balada engañosa que revientan en un frenesí de distorsión caliente, catarsis de tambores y bajos, y la imponente voz de Larsson al frente, sin parecer querer apaciguar la agitada presentación. A continuación, junto a un mensaje de ánimo para todos quienes están pasando tiempos difíciles, suena la hermosa Little Sun, que trae a la memoria influencias claras del hard rock de antaño, algo genial para los nostálgicos de esos sonidos y épocas del rock.


Los suecos se despiden en lo que parece ser un pequeño break que hizo a todos gritar por más. Si bien la sala estaba a media capacidad, el público destacó por la emoción, donde muchos se abrazaban, algunos soltaron alguna que otra lágrima, y por sobre todo bailaron y cantaron a viva voz. Finalmente, luego de dejar claro que todos estaban para más, la banda vuelve para presentar un último tema de su nuevo disco, I Don’t Wanna Get Back on That Horse Again, para terminar con las baladas y pasar a algunos últimos sabores del hard rock al estilo Blues Pills con Bye Bye Birdy, demostrando una vez más el espíritu del pasado, con sus músicos siendo poseídos por éste. Las dudas de tal posesión se hacen más grandes con Devil Man, última canción que tocaron, jugueteando con el público antes de entrar toda la banda para tocar una última canción perfecta para terminar el show y salir a enfrentar nuevamente el frío casi invernal de Barcelona, no sin antes llenar Razzmatazz de aplausos y vítores.

Como comentarios generales, destaco la presentación de Daniel Romano’s Outfit, más allá de que personalmente guarde un cariño grande por esos sonidos, me pareció una propuesta muy auténtica, dinámica, enérgica y simple a la vez, y de lo que hoy en día quizás hace falta de ver más seguido, sobre todo a quienes amamos el rock en esas variantes. Por otro lado, Blues Pills, si bien a mi parecer arrancó un poco débil, no demoró en levantar y cautivar a todos, con canciones que representan claramente su sonido e influencias, en una propuesta que definitivamente ha sabido incorporar el espíritu de tiempos musicales pasados, y que sabe manejar el escenario y ganarse un lugar en el corazón y los oídos de su público.
Así, concluye una convergencia musical más que explosiva, que, comenzando de dos lados diferentes, nos transportaron a los mismos sonidos que tanto añoramos y nos dieron una noche para avivar la llama del hard rock y el blues en cada uno de nosotros.







