Un niño vestido con el atuendo de la banda subido al escenario comandándola mientras Weasel Joe organiza un wall of death a modo de comunión en plena homilía.

La banda salmantina presentaba su último trabajo ECOS en la Rock City de Valencia, en el segundo de los conciertos de la gira después del éxito de su concierto en Toledo. Después de un período de silencio,  comienzan una nueva etapa, otro ciclo. Como las aves migratorias, motivo principal del último disco.

Abrieron con VOLTA, tema que abre el disco. Declaración de principios desde el primer momento: están orgullosos de su trabajo, y no es para menos porque representa una evolución en la banda, un renacer. 

El sonido en la sala fue impecable, algo clave en una banda instrumental que vive en las capas y las dinámicas. Y esto es parte de la magia del postRock, un género que no te guía, que te da libertad para interpretar la música a tu manera. Un tema no es el mismo en función de los oídos que lo escuchen. Como el arte abstracto, este género vive en la subjetividad e interpretación del oyente, quizá esta sea una de las reflexiones más interesantes que tuve con un fan de la banda tomando una cerveza después del concierto.

Y creo que no soy el único que lo sintió de esa manera, no había más que mirar las expresiones el público: ojos cerrados, concentración y movimientos a modo de mantra.

Ecos sonó casi al completo. No como un bloque entero sino repartido en el setlist, alternando lo nuevo y lo antiguo, yendo y viniendo.

En cierto momento el guitarrista se bajó a liderar un wall of death a modo de catarsis colectiva como contraste a la experiencia individual de vivir cada uno de sus temas, mientras un niño orquestaba la ceremonia. Y no es la primera vez que vemos esta escena en la rock city, en su anterior visita a Valencia, ahí estaba el monaguillo. Hay buena cantera.

Una noche de las que te llenan por dentro, o mejor dicho, te llenan de lo que ya tenías dentro y no eras consciente. Intimidad, estallido y sensaciones.