El pasado 12 de diciembre, la Sala Salamandra se convirtió en un santuario para los amantes del rock clásico. Eclipse y Remedy, dos bandas con un sonido que nos transporta a las mejores épocas del hard rock melódico, ofrecieron un espectáculo inolvidable.

A pesar de los contratiempos iniciales debido al mal tiempo, la energía en la sala era palpable desde el primer acorde. Remedy, la banda telonera, demostró tener un gran potencial con su sonido AOR y sus melodías pegadizas. Profesionalidad sueca por donde los miremos.

Roland Forsman se robaba todas las miradas en todo momento junto a su guitarra y fue un buen calentamiento de motores para lo que se venia venir.

Pero sin lugar a dudas, la noche era totalmente de Eclipse, donde cada vez la sala se veía más llena y también gente que al parecer venían siguiendo la gira desde otros paises, que acapararon las primeras filas para no perderse ningún detalle.

Desde el primer acorde, la energía en la sala fue innegable. Eclipse nos transportó a una época dorada del rock, con himnos que nos hicieron cantar y bailar. Erik Mårtensson, con su voz poderosa y carismática, fue el alma de la fiesta, conectando con el público de una manera única.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando Erik interpretó «Still My Hero» en solitario, acompañado únicamente por su guitarra. La sala quedó en completo silencio, envuelta en una atmósfera de respeto y admiración. La interpretación fue impecable, demostrando la versatilidad y el talento de Erik como músico. Esta canción, dedicada al padre de Martensson, adquirió un significado especial y conmovió a todos los presentes.

Otro aspecto destacable del concierto fue la puesta en escena. La iluminación y el sonido fueron excelentes, creando un ambiente perfecto para disfrutar de la música. La banda demostró una gran sincronía y profesionalidad, dejando claro por qué son considerados uno de los mejores en su género.

Si bien el setlist incluyó algunos temas de su último álbum, «Megalomanium II», la mayor parte del concierto se centró en sus grandes éxitos, los cuales fueron coreados a todo pulmón por el público. La conexión entre la banda y los fans fue evidente, creando una noche inolvidable para todos los presentes.

En resumen, el concierto de Eclipse en la Sala Salamandra fue una auténtica celebración del rock clásico. La banda sueca demostró una vez más por qué sigue siendo una de las favoritas del público. Si tuviste la oportunidad de asistir, seguro que aún estás tarareando sus canciones.