Acudimos al estreno del nuevo documental de Iron Maiden, Burning Ambition.

Steve Harris había comentado algo parecido a que era algo de ellos pero sin ser de ellos, obvio, había que ir a verlo.

Un lunes cualquiera el centro de Madrid se puede transformar en el epicentro de una inflamable ambición. El documental de Iron Maiden, Burning Ambition.

En la sala del cine, mucha camiseta de la banda y mucho rockero de toda la vida. Dirigido por Marco Venville estos 106 minutos pretenden concentrar 50 años de historia. Si será un producto de marketing más para masas o algo para convencer a los fans de siempre, ellos decidirán. Antes de que las luces se apaguen tengo claro que busco, alma, no tibiezas.

Desde los primeros riffs en aquellos pubs británicos hasta su impacto global, enfocado en ese lema de los fans importan, hecho para la celebración desde el positivismo, nada es oscuro más allá de la sala. 

Se toca la fibra sensible si, dando cabida a archivos, al pasado, a miembros recordados, para criticar ya estamos nosotros, esto es una cinta amable hecha por un equipo externo a la banda para enarbolar esta merecida celebración. 

Apenas la cinta te lleva a provocar debate en si misma sobre momentos delicados de la banda, aunque en nuestras cabezas ese cortocircuito se produzca, todo es armonía y nostalgia y hacernos recordar porqué estamos en esto. 

Incomodar al espectador y en este caso aguerrido fan puede ser virtud o defecto, salí del cine encantada de pertenecer a este mundo y orgullosa de poder celebrar que bandas míticas cumplan 50 años de historia y sigan vigentes, creando arte y cultura. 

El tiempo que pasas en la butaca hace sentir el paso del tiempo, el cambio del panorama, la industria y los medios, pero sobre todo que esta música puede con todo. Al final no es más que un pedazo de historia para esos fans fieles que son y somos los que de verdad mantenemos este universo del rock y el metal en pie. 

Quería la verdad del barro, del suelo, del sudor, y me he quedado un poco de lado, pero esto va a funcionar porque las legiones que Iron Maiden arrastran no harán más que adorar más a la banda y el estilo. Es identidad, es pertenencia y es calidad.

El enfoque de esto es para los fans, es un toque crítico. Mezcla a seguidores escogidos con gente del entorno de la banda, músicos como Lars Ulrich, Chuck D, Scott Ian y un Gene Simmons que protagoniza uno de los momentazos que más ruido despertó en la sala.

Javier Bardem tiene bastante peso en las casi dos horas de proyección, hablando como seguidor con una energía que convence. Sobre el sonido, que si se ha restaurado, ahí si hay debate, sobre si preferimos el sonido crudo y malo de los primeros años, o la limpieza de la tecnología actúa como protagonista, para gustos los oídos en este caso.

Un Big Bang hace de prólogo, rápido nos llevan a Japón, ese mítico lugar para cualquier banda de rock, el viaje nos devuelve a un Londres setentero para ponernos en situación. Pasamos por la aventura en la Polonia de los 80, en Brasil, Rock In Rio no podía faltar.

Los momentos más delicados, por así llamarlos, la salida de Paul Di’Anno por ejemplo, se escuchan acompañados como por un adagio al violín que contrasta con los estruendos de la partes de shows en vivo. La estampida de Adrian Smith es otro de los tensos momentos pasados por un sedoso filtro. Con un poco más de humor e ironía han enfocado la marcha de Bruce Dickinson, se percibe algo de tensión pero sin profundizar. Muy bonita la «despedida» de Nicko McBrain, que grande.

La era Blaze Bayley, es tratada con sumo respeto tanto desde el enfoque de la banda, como de las aportaciones de todos esos seguidores portando sus camisetas de Maiden con orgullo (me hubiera gustado participar hasta a mi).

Eddie, nos encanta, es y será nuestra mascota icónica preferida, tiene su merecido espacio, muestra su evolución y carisma y el peso indiscutible dentro de la banda.

El sexteto con la vuelta de los dos hijos pródigos es como un clímax balsámico. La parte más real se siente al verlos agotados tras aquellos años de giras y discos en bucle, cosa que toda banda de éxito ha sufrido. Respeto por parte de todo el mundo relacionado con el universo Maiden y mucho buen rollo. Qué esperamos es un documental para celebrar el rock.

Repito, controversia, poca, salvo la que alguna mente quiera ir más allá de la verdad que muestra la cinta. Reconozco, sin ser seguidora de la banda, que Burning Ambition no ha despertado mi necesidad de acercarme más a la banda, pero es mi humilde opinión y su verdad, así la han querido mostrar y por supuesto os va a hacer sentir cosas y recordar porque somos lo que somos.

A la salida, escuchando comentarios de afortunados seguidores que formaron parte de esa premier, comentaban que esto iba a acabar siendo un documento gráfico más. Cierto es que Maiden tiene material de sobra, y ellos sabrán, que son los que saben.

Como fenómeno, Iron Maiden son todo un ejemplo y ese final con esa frase que lo deja todo en el aire, va a hacer que vuestros corazones se contraigan un poco más. Up the irons y si vais a verlo, ya me contáis. La llama de la voluntad sigue prendida.