Como siempre, en Madrid coincidían un montón de eventos, Los Brazos y Dirty Rules la mejor elección.
Creo que es la tercera vez que veo a los Dirty Rules, por algo será. Casi me apetece decir que si quieres saber a quė suenan, te acerques a verlos. Cierto es que me cuesta definirlos más allá de una etiqueta, rock. Bueno si, añado rollazo, que les sobra.

El encanto de los bares pequeños hizo que al bajar a la sala, me llegara a través de la entreabierta puerta del camerino, el sonido de una armónica. Aquello tenía buena pinta.

René es pólvora en escena, electrizante, esa voz merece ser escuchada en espacios mucho más grandes, y ya la Starving estaba hasta arriba. Sergio lo vive y disfruta y se pega unos solos, de flipar, sin más, el de Desert Wheel, espectacular. Ahī os lo dejo.
Carlos y su porte serio, a la batería, controlando y dirigiendo a estas dos chispeantes bengalas que no paran de brillar. Jose, parece que no está, pero su contrapunto es clave.

Me lío y no os cuento lo bien que sonò So Far So Good, uno de los clásicos de su disco A Good Night To Die. Los contagiosos saltos que nos pegamos en Fire Up, la suerte de escuchar ese tema nuevo en modo experimento, Lady Sweet.

Y por supuesto, Mule Mouth que es todo rollazo y Lust For Love, en la que Sergio se baja al escenario para hacer que toda la sala se agachara. Dos temas más y aquello hubiera sido apoteósico, porque estaban enchufados del todo.

Cuando un bolo se te hace corto es por algo, algo cojonudo. Cuando el sábado me pidieron que subiera al escenario a hacerles la foto final, no pude evitar protestar, ya, pero ya se ha acabado? No me lo podía creer, si acababan de empezar, habrá que repetir pronto Dirty Rules, cuanto antes.

Llegaba el turno de Los Brazos, esos tres que son la esencia del rock and rock. Como transportada a otra época y otro continente, me dejo llevar desde la pegadiza Your Game.
Txemi, ese bajista que lleva el tema de actuar a otro nivel, limitarse a tocar a pelo cuatro cuerdas es correcto, la actitud de este gran tipo, contagiosa. William antes de empezar me contaba que tanto la guitarra como el ampli eran DIY, un tipo con inquietudes y rock, mucho rock y mucho gancho a la hora de contar historias tras las canciones, una pena la falta de tiempo.

Para presentar una de sus favoritas, Tales, nos habla de segundas oportunidades, de lo poco que cuesta pedirlas y lo mucho, darlas, fue casi el descanso bluesero del show. Willian llegò a cantar unas estrofas olvidando el micro en un lado del escenario. The Rain, su primera canción en sonar en la radio, les pilló casualmente en Madrid, por el año 2013, nunca imaginaban que algo así pasara, la versión fue un poco diferente esta vez.

Para Magic se ponen serios y nos explican que los royalties cada vez que le damos al play van para una asociación que lucha contra el cáncer infantil, el merecido aplauso se lo llevan porque la historia nos llega.

Juice, el primer tema que compusieron. El toque rockabilly lo pone Personally, nos dan unas sencillas instrucciones para cantar con ellos, practicamos y ale, a bailar. Se notaba que los temas los iban decidiendo sobre la marcha, con una mirada, un gesto, eso es rock.
Bon lo alargan y se explayan y lo gozan, Not My Kind la tenían pendiente en Madrid, suerte la nuestra, nos toca hacer los coros, no sale mal el experimento. Acaban con un interminable estruendo de rock puro y frenético que nos deja por los suelos y con los tímpanos retorciéndose de sufrimiento.
Resumen de lo vivido el sábado con Dirty Rules y Los Brazos, dos bandas apasionadas por el rock, divirtiendo y divirtiéndose en un escenario, no puedo pedir más para volver a casa feliz.







